“Es una película hecha para los más jóvenes, no para un grandulón como vos”. “Es una peli de chicos, mirala de esa manera porque es obvio que le vas a encontrar mil errores”. “Vos no sos el target al que va dirigida”. “Capaz estás viejo y por eso no te gustó”. Vengo leyendo y escuchando estos comentarios desde hace tiempo, no solo respecto a Space Jam: una nueva era, sino en relación a prácticamente todo lo que se estrena. Esto no me haría ruido si no fuera por el hecho de que proviene de colegas a los que leo y de los cuales respeto sus opiniones. No estoy hablando del gusto subjetivo sobre una obra sino de esa idea que lo sobrevuela, eso de que no hay que ser demasiado criticón con una mala película, a menos que se trate de algo unánime como en el caso de Cats (Tom Ford, 2019).

El crítico de cine tiene una responsabilidad con el espectador, que va más allá de enumerar los aciertos y desaciertos. Deben existir argumentos mucho más válidos que los que determinan si una película es buena o mala. Es necesaria la apertura al intercambio de ideas, a la discusión, más allá de la conveniencia o no del lector/espectador, más allá de estar en contra o favor de una película. Es necesaria la discusión y el pensamiento sobre la relación con el cine actual.

Con los ejemplos del primer párrafo pareciera estar siendo aniquilada cualquier posible discusión y, aun peor, no se estaría estimulando el espíritu crítico, ejercicio imprescindible para tener -y ofrecer- una nueva mirada sobre el cine. ¿Vamos a dejar pasar cualquier abominación solo porque cumple los requisitos que el género pide? Porque con esa lógica todas las películas funcionan. La idea de imponer que no se vea una película de manera crítica va a terminar generando que este oficio se termine banalizando, si es que ya no lo está. 

En cuanto a Space Jam: una nueva era, se trata de una larga publicidad hecha por un grupo de marketing cuya estrategia fue la siguiente: que haya un famoso que convoque, que haya personajes reconocibles para todos, que la trama sea similar a Ready Player One (Spielberg, 2018). Nada bueno puede salir cuando es esta la gente que toma las decisiones artísticas en vez de un director, aunque se trate de Malcom D. Lee, alguien que ya hizo otras cosas horribles como Scary Movie 5 (2013), una película carente de timing para el humor y con una puesta en escena tan básica y plana que no había espacio para la profundidad de alguna idea cinematográfica. Una película a la que tampoco le importaba el cine.

El argumento de Space Jam: una nueva era gira en torno a que LeBron James tiene que vencer en un partido de básquet a un algoritmo que quiere conquistar el mundo, y de paso hacer las paces con su hijo, al que no entiende porque tiene un mambo del pasado que se lo impide. Los problemas se notan desde el comienzo. LeBron James podrá ser el mejor basquetbolista del mundo, pero no te puede sostener un plano; no tiene los recursos actorales mínimos para que sus líneas de diálogos suenen convincentesy no es capaz de expresar alguna emoción que no resulte sobreactuada. No tiene el carisma necesario para que su personaje nos importe, cosa que sí pasaba con Michael Jordan en la anterior película. Por su parte, Don Cheadle pareciera estar actuando en otra película. El resto de los actores están ahí como pegados; Cedric Joe como el hijo de LeBron tiene la dura tarea de sostener un protagonismo que no es tal y que realmente no importa; lo mismo sucede con el resto de los familiares, que no tienen ninguna función salvo servir dramática y estáticamente al arco de su protagonista y aparecer y desaparecer según la conveniencia del guion. Si se los sacara no habría diferencia alguna. 

A nivel técnico, la película es espantosa; los personajes entran y salen de la escena sin ningún motivo, como ocurre en toda la secuencia de reclutamiento de los Looney Tunes pasando por las franquicias más populares del momento. Tampoco hay coherencia entre plano y plano. Los personajes hablan en una sala y, de repente, en un plano general, descubrimos que hay otros que están ahí pero no participan, seguramente sacados del montaje final que de por sí es confuso. Lo mismo ocurre en la escena de rap que aparece de manera arbitraria y da pie a Bugs Bunny y compañía para que, a través de distintas maniobras, hagan lo que quieran, pero siempre sin una cohesión que organice las escenas, como si se tratara de viñetas aisladas. Y no me refiero a la anarquía que podía verse, por ejemplo, en Gremlins 2 (Joe Dante, 1990), donde los villanos se apoderaban literalmente del cine. No, acá es al revés: vale todo, menos el cine. Honestamente, la única diferencia entre esto y una película de la saga de Bañeros es el presupuesto.

Pero lo peor se lo llevan los Looney Tunes, despreciados de la peor manera cuando está claro que son lo más valioso de la película. El mejor ejemplo de este mecanismo se puede encontrar en la escena en la que los personajes deciden jugar a su manera porque no les gusta estar atados a una estructura. Y lo hacen perfectamente hasta que un algoritmo les dice hasta dónde pueden moverse. Se trata, más que de un chiste, de un cinismo disfrazado de humor en donde lo único que queda claro es el desprecio que la película siente por los personajes y que a los (i)responsables de esta cosa solo les importa vender un producto. Por eso les prohíben la libertad del movimiento y los despojan de los atributos que los hacían funcionar en los cortometrajes. O sea, son Looney Tunes que no se comportan como tal, algo de lo que Chuck Jones ya se había quejado anteriormente; imposible no pensar que ahora debe estar revolcándose en su tumba.

Space Jam: una nueva era intenta disfrazarse de película, pero en realidad es una publicidad de dos horas de todos los productos de HBO, en la que los personajes famosos aparecen de la manera más arbitraria posible: ahí están, por ejemplo, La máscara, Batman, Pennywise y los Gremlins, todos amontonados para ver el partido y haciendo morisquetas que distraen de la acción principal. Pareciera que están festejando el cine, pero en realidad están asistiendo a su entierro.

Calificación: 3/10

Space Jam: una nueva era (Space Jam: A New Legacy, Estados Unidos, 2021). Dirección: Malcolm D. Lee. Guion: Juel Taylor, Tony Rettenmaier, Keenan Coogler, Terence Nance, Jesse Gordon, Celeste Ballard. Fotografía: Salvatore Totino. Montaje: Bob Ducsay. Elenco: LeBron James, Don Cheadle, Cedric Joe, Khris Davis, Sonequa Martin-Green. Duración: 115 minutos. Disponible en HBO Max.


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