Cuando terminás de ver una serie que te encantó, que te enganchó y te hizo emocionar, siempre entrás en un breve pero terrible estadio post-serie piola en el que nada te satisface. No encontrás algo que suplante esa dulce ficción que te alegró las noches. Ya probaste con las recomendaciones de tus amigues y ninguna de ellas es de tu estilo. Pensás: «Che, hace mucho que no miro una peli»… Pero ya el formato serie te quemó la cabeza y no podés aguantar dos horas sin tener un cliffhanger. En ese aburrido estadio post-serie piola me encontraba cuando me crucé con la imagen de un superhéroe durmiendo en un sillón. Y me dije: «Veamos qué onda».

El vecino es una de las últimas series españolas estrenadas en Netflix. Su primera temporada tiene ocho capítulos, inspirados en el cómic del mismo nombre publicado en 2004. La adaptación del comic a la pantalla es todo un tema, pero no es eso lo que más me llamó la atención. Lo que más me interesó de esta historia es la adaptación anterior, la del superhéroe yanqui al superhéroe español.

Hoy nos encontramos sumergidos en la ola de lo superheróico. Los personajes de los cómics son protagonistas en el mundo audiovisual desde el 2010 y esta fiebre todavía no se cura. Con los años, el cine mismo fue creando una especie de género específico dedicado al héroe de la historieta y nosotres como espectadores nos fuimos acostumbrando a un tipo de relato, a un tipo de historia que siempre tiene una narrativa muy parecida.

La historia del superhéroe va inexorablemente por el camino de lo extraordinario. Tanto en los cómics y las películas como en las series, todas sus historias se enmarcan en la búsqueda de lo espectacular, de lo inmensurable y lo inabarcable: Los vengadores, La liga de la justicia, Los guardianes de la galaxia, Batman, Superman, Spiderman, etc… Las historias siempre deben estar dadas por escenas extremas, con situaciones definitorias cargadas de emociones absolutas, más cargadas aún de acción y velocidad, y ya sobrecargadas de amor y violencia, todo al mismo tiempo.

Todo debe ser extremo en las historias de los superhéroes. Si van a salvar a alguien, debe ser al amor de su vida. Si algo va a ser destruido, debe ser el mundo, ¡o el universo!

En El vecino esto no es tan así. Hay un superhéroe, sí que lo hay. Que como buen superhéroe tiene sus superpoderes. Bastante superparecidos a todos, pero los tiene al fin. Vuela, tiene superfuerza y se superregenera. Creo que debe tener más, pero aún la serie no los explica. Aún nuestro héroe, Titán, no los conoce del todo porque los obtuvo de pura casualidad. Un tipo cayó del espacio y se los dió, y no hay muchas más vueltas. Ni eran de su padre muerto, ni los obtuvo al escapar de un planeta que desapareció. Cero tragedia. Y eso define muy bien a la serie. Es como si uno fuera a comprar leche y en la esquina le pasaran superpoderes, y en ese mismo momento pensara: «¿Y ahora qué hago?». Esa es la forma de pensar de Titán, y de la serie misma. ¿Y ahora qué hago? No se afirma en un inquebrantable espíritu de justicia, ni en un juramento por vengar el nombre de sus padres. Titán sólo piensa en qué hacer del bar de la esquina a su casa y de su casa al bar de la esquina. Todo lo obtuvo de casualidad y con bastante casualidad resuelve los problemas.

En El vecino, si algo va a ser destruido es un televisor o un microondas, pero no el planeta Tierra. Es el bar al que van siempre Titán y su compa, pero no el universo. Hay momentos en los que la serie se regodea demasiado en situaciones banales, microscópicas, o de un humor superficial. Pero lo que sí logra es quitarle lo súper al héroe, y también quitarle lo heróico al muchacho, y al fin y al cabo, solamente se trata de un vecino del barrio que obtuvo poderes esa vez que fue a comprar leche.

El vecino (España, 2019). Creadores: Miguel Esteban, Raúl Navarro. Elenco: Quim Gutiérrez, Clara Lago, Adrián Pino,Catalina Sopelana, Denis Gómez. Duración: 30 minutos. Disponible en Netflix.


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