
La tesis del documental de Juan Pablo Lépore –en consonancia con los planteos de su voz protagónica, Rafael Klejzer- es transparente: se trata de establecer una línea de continuidad en el sometimiento de la Argentina como país ante el Reino Unido de Gran Bretaña, que marca la historia durante más de 200 años. El episodio inicial, el que establece el comienzo de esa línea histórica, son las invasiones inglesas producidas a comienzos del siglo XIX. Buenos Aires era todavía una aldea de un virreinato español cuando en 1806 la Armada del Reino Unido desembarca en las costas de Quilmes y casi sin resistencia consigue tomar el control de la ciudad. Lo interesante del planteo que hace el documental es que despeja un par de elementos que suelen obviarse o escamotearse. No se trataba simplemente de una disputa establecida entre dos fuerzas imperiales en pugna por nuevos territorios, sino de un acto premeditado de saqueo. El control de la ciudad podía plantearse como subsidiario –o importante a futuro, teniendo en cuenta la característica portuaria de Buenos Aires-: lo que importaba era la obtención de ese tesoro con el que pretendió huir el Virrey Sobremonte. El otro elemento que los relatos oficiales suelen omitir es que efectivamente los ingleses consiguieron llevarse ese tesoro y que mantuvieron el control de la ciudad durante un mes y medio.
Desde el comienzo, queda en claro que la intención no es quedarse en la reconstrucción de la historia, sino que desde el momento en que en paralelo se muestran las imágenes de los traslados de oro del Banco Central a Inglaterra en los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei, se traza una línea en la que los personajes cambian, pero las acciones se repiten en el tiempo. A partir de ese momento, el documental irá entre el pasado y el presente, remarcando las similitudes de los procesos históricos, señalados a partir de una serie de hitos cruciales: las Invasiones Inglesas de 1806, el intento de las armadas de Francia e Inglaterra por tomar el control de los ríos en 1846, el pacto Roca-Runciman de 1933 y la Guerra de Malvinas de 1982. En todos ellos, el documental propone un esquema de apropiación colonial, pero trabajando sobre dos elementos: por un lado, la decisión de las elites locales de acompañar ese proceso de colonización y por el otro, la aparición de resistencias populares que trazaron una épica de lucha para evitar el sometimiento.

Es allí que entonces el rastro del oro deviene simbólico, en tanto ya no se trata específicamente del oro como elemento. Lo que se produce es la ampliación de lo puntual a las riquezas generadas por la explotación de la tierra (de la carne al petróleo y el litio). Sin embargo, el proceso que se desarrolla en esos años es un pasaje progresivo del intento de dominación por la fuerza militar a la formulación política a través de pactos entre gobiernos y que se cierra con la virtual aceptación actual de la constitución del país como una colonia apenas disimulada. Esa opción que se pone en juego a partir del título del documental se instrumenta como postura política explícita apuntando a ese discurso de hechos como tensiones entre la intención del sometimiento colonial y la resistencia encarnada antes en un espíritu colectivo que en una política de Estado.

Quizás sea esa formulación explícita lo que atenta contra las potencialidades del tema que aborda el documental. La confianza excesiva en un discurso construido casi exclusivamente desde la palabra –se trate de Klejzer o de alguno de los entrevistados, como así también en la recurrencia al uso de titulares de medios seleccionados- hace que lo que se sustenta desde la imagen aparezca como elemento meramente ilustrativo. Lo que alcanza a la utilización de las representaciones cinematográficas respecto de la historia –La muerte en las calles (Leo Fleider, 1957) sobre las Invasiones Inglesas; Juan Manuel de Rosas (Manuel Antín, 1972) para la batalla de la Vuelta de Obligado; Asesinato en el Senado de la Nación (Juan José Jusid, 1984) para el pacto Roca/Runciman-. Como si la imagen solo pudiera utilizarse como demostración pictórica de una tesis formulada desde la palabra, Patria o colonia termina perdiendo algo de su potencia: porque allí donde la imagen no puede dar cuenta por sí misma del punto de vista que se asume, es reemplazada por la palabra o por la música que intentan dotar a la narrativa de esa épica popular que se predica pero que no termina de transmitir.
Patria o colonia-Siguiendo el rastro del oro (Argentina, 2025). Dirección y guión: Juan Pablo Lepore. Fotografía: Martín Turnes. Edición: Juan Pablo Lepore. Duración: 82 minutos.
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