
*La que fui (1). La militante no encuadrada. La que se casó a los 19 años en 1974 y cuyo marido fue secuestrado por la dictadura. La que fue protegida por sus compañeros que no delataron el lugar en el que estaba. Hay algunas fotos de esa época. En una, sonríen al sol cerca de un bosque. En la otra, están saliendo del lugar donde se celebró el casamiento. La felicidad juvenil en los rostros no solo contrasta con el futuro que les esperaba en poco tiempo, sino con las fotos que hicieron reconocida a Adriana Lestido. Esas fotos no fueron tomadas por ella. Está allí. Pero delante de ese objeto que construyó su forma de mirar el mundo.
*La que fui (2). La fotoreportera. La que entró en el diario en un espacio dominado por hombres. La que tenía que mostrar su trabajo diariamente para ser aceptada. La historia del conflicto que le mandan a cubrir en Lanus es notable, en tanto registra tanto las internas de un medio de comunicación y las formas indisimuladas de machismo que gobernaban las redacciones. Las fotos que Lestido toma en esa manifestación son fabulosas: revelan la capacidad de una mirada particular en un momento en el que literalmente, como ella misma recuerda, estaba en medio del enfrentamiento entre las dos partes. Al día siguiente, esa misma mirada consigue una foto que se volverá icónica en la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, en Avellaneda, con esa madre con una niña, con sus pañuelos en la cabeza y los brazos en alto.
*La que fui (3). La fotoperiodista que en un momento aprende, comprende. Que puede contar una historia con imágenes. Que puede narrar sin necesidad de la palabra. Entonces, su trabajo muta hacia la serialización. Adolescentes. Madres e hijas en prisión. “Yo doy la vida por lo que estoy haciendo”, dice, y refuerza: “En el momento en que su ser depende de mí, doy la vida”. La mirada es una entrega, no una invasión. Mirar desde adentro. Ponerse a disposición de lo que el espacio o la persona fotografiada tenga para decirle a sus ojos. Es cierto que, como dice en algún momento, “lo que importa es que las imágenes existan, no que las haya hecho yo”. Pero también es cierto que sin esa mirada personal, esas fotos no hubieran existido.
*La que fui (4). La que quiso ser madre y no pudo. La que lo intentó varias veces y no llegó a lograrlo. Entonces, Lestido siente que se desarrolló como mujer y como fotógrafa. La que no pudo ser madre, decidió volver su mirada hacia sus antecesores y se pone en el lugar de la hija para comprender a su madre ya no como tal sino como mujer. La que fue amiga. La de las reuniones en la casa de la playa (y es tan lindo ese recuerdo/encuentro del que participan Guillermo Saccomano y Juan Forn, donde todos ríen, todos cuentan, a partir de la historia que Lestido cuenta de la película Grizzly man de Werner Herzog).
*La que fui (5). La que organizaba las muestras. La que editó libros de fotografía, pero nunca se forzó a hacerlo porque sí. “Sacar algo antes de tiempo no está bueno” dice, y la referencia a los nacimientos se impone naturalmente. La paciencia de la fotógrafa que busca el momento exacto en el lugar preciso -como en esa escena en la que la vemos instalada con su cámara al borde de un lago en el sur y bajo la lluvia- se traslada a la conformación de una obra. Los libros que recogen las series de sus trabajos ven la luz quizás tarde, pero en una sucesión que permite restablecer la evolución de su fotografía.
*La que fui (6). La fotógrafa, en fin. Al comienzo del documental, la voz de Lestido señala que en su serie sobre la Antártida están, depurados, sus 40 años de carrera. Es una señal de cierre que ratifica en el final cuando recalca que lo que tenía para hacer con la fotografía ya está hecho. “Lo que fui, ya fue”, dice en el final. Adriana Lestido parece haber llegado al límite de lo que podía expresar con la imagen estática, con la cámara fotográfica.
*Yo. Se habla de la muestra antológica como un pasaje, como el final de un ciclo que abre su puerta hacia la llegada de otro. El documental de Costanza Niscovolos puede pensarse como una pieza más, como un registro visual de ese tiempo de pasaje. Como un registro de lo que ya no está, de lo que ya no es. Que implica una serie de cambios que la protagonista encara en su vida, para darle forma a un presente diferente. Desprenderse de la casa de la costa después de diez años. El pasaje de la fotografía al cine (a partir de Errante, que sin embargo parece resistir en ciertos rasgos de la mirada de la artista). En todo caso, ese “Yo es la que soy” expresado en el final, que se afirma como presente, vuelve para atravesar a todo el documental como promesa de futuro, como puerta abierta a un nuevo camino de recorrido -y resultados- imprevisibles.
Yo y la que fui (Argentina, 2024). Dirección: Constanza Niscovolos. Guion: Constanza Niscovolos, Elizabeth Wendling Larraburu. Fotografía: Constanza Niscovolos, Elizabeth Wendling Larraburu. Edición: Elizabeth Wendling Larraburu. Duración: 69 minutos.
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Impresionada con la elaboracoón que hace Jose Luis Visconti del documental de Constanza Niscóvolos sobre nuestra amiga querida, Adriana Lestido. Su aproximación a Yo y la que fui ‘por partes’, como si de una tomografía se tratara, un análisis que le permite ordenar la mirada, marcar prioridades, identificar etapas y sonreír con cada una, nos permite compartir y sonreír también. Es inteligente Visconti, sabe disfrutar sin apurarse, y Adriana le da con qué. Esa mina que aparece lentamente y desde el primer momento nos enamora, se vuelve imprescindible. Como la alegría, como el talento, como la belleza. Por supuesto, como el amor!