Las obras dependen del punto de vista desde el cual se las mira. La Autovía de la Ruta 38 en Córdoba une a Villa Carlos Paz con la ciudad de Cosquín y hasta unos kilómetros antes de la ciudad de La Falda. Para la empresa constructora –la todopoderosa IIRSA- es un negocio, una fabulosa oportunidad de hacer dinero gracias a la obra pública –sí, esa misma que el actual gobierno nacional decidió desmantelar con resultados tan previsibles como catastróficos en el mediano plazo. Para el Estado provincial es un acto de gobierno que puede publicitar como una mejora en la calidad de vida de los cordobeses –especialmente para quienes circulan en sus vehículos por esa zona. Para el automovilista, es una ruta plácida que le evita pasar por el centro de esas ciudades y le ahorra tiempo. Lo que suele esquivarse, cada vez que se realiza una obra de magnitud –rutas, puentes, proyectos inmobiliarios- es que esa obra se hace en un espacio. Que esos espacios conforman un hábitat –vegetación, animales, seres humanos- sobre el cual se viene a intervenir. Se supone que debe haber informes de impacto ambiental, pero por cierto, no resulta fácil recordar casos en los que esos informes hayan impedido o modificado sustancialmente una obra de ese estilo. Lo que en un país en el que el medio ambiente no importa a las mayorías no implica ninguna novedad.

Tunun (Constantin, Luponio Sáenz; 2025) , el documental, parte del gesto inicial de nombrar a esas tierras con su nombre original, el que le dieron los primeros pobladores de la zona. No es un gesto vacío: implica en sí mismo el reconocimiento de derechos sobre esas tierras que fueron usurpadas históricamente por los conquistadores españoles y por la Iglesia Católica. Tunun devino, con el tiempo, Paraje Las Tunas, en los alrededores de Cosquín. El documental parte de una descripción que pone en el centro a Natividad Altamira, quien nació y vivió allí toda su vida. Como si se tratara de una guía, va atravesando su campo, heredado ya de tercera generación familiar y de orígenes parcialmente indígenas.  El recorrido implica una especie de inventario en el que cada yuyo reconocido es explicitado en sus usos y cualidades y donde cada árbol remite a los tiempos de la infancia. El centro de ese recorrido, lo que parece darle el sentido es el momento en que llegan a divisarse las pircas, esas paredes de piedra construidas por los ancestros para delimitar terrenos, que aún permanecen en pie.

Esa mirada del comienzo está marcada por lo que pronto va a desaparecer. Es el año 2021 y el proyecto de la Autovía fue aprobado sin consultar a la comunidad y con un desconocimiento tal del terreno, que su traza se había diseñado pasando por sectores de casas construidas. Si el relato de Natividad y de su hijo Jesús está planteado desde el principio por algo que podría definirse como intangible –la pérdida de la tranquilidad de sus vidas en el lugar-, lo que termina primando es lo que el proyecto acabará arrasando del territorio. Natividad está en el lugar en el que apenas un año más tarde ya no habrá árboles ni animales. Entre la conciencia del final de un modo de vida y la visión del desastre que sobrevendrá, lo que se expresa allí es el desinterés por la afectación que una obra tiene en los individuos y en las estructuras comunitarias.

Que el centro del relato sea ese personaje no es casual: en ella se expresa de manera contundente el desinterés empresarial. La traza de la autovía dividirá sus tierras en dos, a uno y otro lado, sin permitir más pasaje que un largo y oscuro túnel. La consecuencia es que ya no tendrá acceso al arroyo, ni podrá pasar a las tierras que hasta ese momento servían para sus animales. Los paseos quedarán circunscriptos a ese lado de la vía del que quedó su casa: la autovía se vuelve frontera infranqueable, una mole de cemento que avanza arrasándolo todo a su paso.

El documental asume ese registro de manera literal. Se detiene en el movimiento de las máquinas, en los árboles arrasados, en las explosiones en las piedras, en la zona desértica que la ruta abre en medio del monte. Y le opone los intentos de la comunidad por detener o contener el desastre, intentando frenar las máquinas o haciendo presentaciones judiciales que nunca son atendidas. Es allí donde aparece el elemento importante que subyace a todo el documental. La destrucción de un tramo de la pirca –entre 80 y 100 metros- no es solamente un gesto innecesario –de hecho se lo podría haber evitado con un pequeño puente- sino que revela la concepción que subyace en ese tipo de obras de infraestructura. En ese gesto bruto y brutal está señalado el desprecio por el pasado y la necesidad de ocultarlo o destruirlo –el gesto es similar al de las ciudades que no cuidan a sus edificios históricos y patrimoniales-. La concepción de la modernidad como una nueva capa geológica que sepulta las anteriores. En Tunun en esa obra que avanza sin nada que la detenga, lo que se plantea no es el progreso, sino el otro punto de vista: el precio que algunos tienen que pagar por él.

Tunun (Argentina, 2025). Dirección: Yannick Constantin, Yanina Luponio Sáenz. Guion: Yanina Luponio Sáenz, Rocío Loza Serra. Fotografía: Yannick Constantin. Edición: Yannick Constantin, Yanina Luponio Sáenz.  Duración: 68 minutos.

Si te gustó esta nota podés invitarnos un cafecito por acá: