
El punto de partida es provocador: recuperar ese momento icónico del programa Sábado Bus en el que Pappo le dice a DJ Deró –que aseguraba hacer música con discos- que se busque un trabajo honesto. El título del documental está acompañado de una pregunta que deriva de ese momento: ¿Esto no es música? La pregunta es, en cierta medida, retórica y todo el documental puede pensarse como una respuesta –tardía, quizás- a ese planteo del músico.
Hay un momento en el que el documental, luego de un rodeo, vuelve a Pappo. Es cuando Luciano Azzigotti se pregunta, expandiendo la situación original, qué hubiera pasado si Alberto Ginastera se hubiera encontrado con Pappo y su música. Y la respuesta se hace evidente: a partir de las formas que asumía la música de Pappo, hubiera sido juzgado por Ginastera de la misma manera en que él lo hizo con el DJ. Lo que plantea un problema adicional que el documental no aborda pero que queda flotando como otra pregunta: ¿hay que detectar en ese camino un retroceso de la musicalidad en el paso de la música académica a la popular y de lo analógico a lo tecnológico-digital? Hay una simplificación formal que se compensa con el pasaje de habilidades –de tocar un instrumento a la combinación por el conocimiento y uso de un software en una computadora- que podría resumirse en el deslizamiento de formas musicales que combinaban melodía, armonía y ritmo, a otras que se detienen en la preminencia del último ítem. En todo caso, cabe preguntarse –y tal vez esta sea la pregunta más pertinente- si esa música que en términos generales podría identificarse como “electrónica”, puede pensarse como una música popular, no tanto en un sentido de masividad, sino como eslabón de una tradición de una región o territorio particular.
Y allí es donde los indicios que despliega la película parecen apuntar hacia un sentido de síntesis: mientras su deriva hacia la cultura de las raves la sitúa en el espacio de los eventos masivos, otras prácticas, como el livecoding, la importancia de la noción del ruido y su falta de referencialidad territorial, la acercan al territorio de la música contemporánea (y no es casual que aquí se mencione la evolución de la relación entre instrumentos y tecnología, en una línea que pasa por Stravinsky y Schoemberg). Sin embargo, resulta claro que no es ese el territorio en disputa. Sino el de una incomodidad o una disrupción que necesitará, como ocurrió con otras músicas, de un tiempo para ser aceptada.
Lo que el documental intenta, en definitiva, es poner en conocimiento. Correrse de los prejuicios y sumar miradas que provienen de universos diferentes. De ese que Pappo cuestionaba a los DJs a los músicos de rock progresivo –se trate del modelo de los 70 representado por Rick Wakeman o del más cercano al pop de los 80 con Vince Clarke-, pasando por la experimentación entre tecnologías análogas y digitales (Ernesto Romeo) o una concepción más cercana a la discoteca (The Orb). Desde la relación de la teoría musical con la filosofía, atravesando campos como la matemática o la inteligencia artificial, Síntesis recurre a todos ellos como un arsenal para trazar tanto una evolución histórica de la relación entre música y tecnología, como para puntuar desde allí los elementos que destaca de ese cruce: la revalorización del ruido desde lo artístico (“El mundo estuvo en silencio hasta que llega la máquina” dice Romeo), el cambio que supuso la aparición de los sintetizadores en sus diversas formas, la mutación hacia un lenguaje que habla de sonidos y texturas, de una música inmersiva y atmosférica.
Incluso en esa perspectiva, lo que resalta en los testimonios no es tanto la devoción por los modelos tecnológicos, sino su utilización como herramientas. Si algo de eso se intuye en esa combinación entre lo analógico y lo digital, entre los instrumentos tradicionales y la tecnología, se refuerza cuando se plantea tanto la dedicación de tiempo que requiere como la idea de que la música no es algo complicado, sino que depende de la forma en que se educa sobre ella. Entre la idea que desliza Rick Wakeman sobre la necesidad de seguir componiendo en el piano a partir de una sugerencia de David Bowie y el hecho de que en vivo hay que seguir tocando sin recurrir a pregrabaciones, lo que subsiste es que detrás de la tecnología siempre tiene que haber una persona que la utilice. Y en esa persona, tiene que haber una buena idea, para que esa herramienta permita construir algo que pueda ser considerado como música.
Síntesis (¿esto no es música?) (Argentina, 2025). Guion y dirección: Agustín Argento. Duración: 68 minutos.
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