883935_168578260165711_2750932771087649705_oLa inocencia, el documental de Eduardo de la Serna (Reconstruyendo a Cyrano), propone un recorrido casi antropológico del primer año de escuela -nada menos que la institucionalización- de Gabi y Morena, dos nenas de seis años provenientes de contextos bien diferentes: el urbano de clase media y el rural, con todas las diferencias que ello supone y dejando en claro que, aunque suponen retratos puntuales de personas puntuales y no representan la totalidad del espectro representado, es posible desplegar gran cantidad de planos de lectura a partir de la densidad del tema que se aborda.

Morena vive en la Ciudad de Buenos Aires con su mamá, joven y viuda, asiste a una escuela privada bilingüe, va a clases de natación, su mamá la lleva al pediatra, a terapia (para resolver algunas cuestiones de relación con sus amiguitas de la escuela), al shopping de paseo con el abuelo, a las clases de ballet y festeja su cumpleaños vestida de princesa en un pelotero. Morena tiene muchos compañeros de clase y es una buena alumna.

Gabi vive en un caserío en Jachal, en la provincia de San Juan, con su papá y sus dos hermanos. Todas las mañanas pasa la directora de la escuela (de La Ciénaga) por su casa para llevarla, a ella y a sus dos hermanos, a clase. Como en muchas escuelas rurales el aula es una sola, los alumnos (de todos los grados) son unos 5 ó 7 y son los mismos con los que comparte los juegos fuera de la escuela. A Gabi le cuesta aprender porque «se distrae», dirá la maestra.

Así empieza el exhaustivo calendario (la película recorre el año escolar completo) y se suceden los meses en este juego de contrastes entre campo y ciudad que busca capturar, desde la mirada de las chicas, el país de la infancia. Es cierto que se juegan muchas similitudes desde lo conceptual: las amistades, los juegos, los descubrimientos, el aprendizaje; pero iguales conceptos no implican experiencias similares.

Acertadamente de la Serna compone el relato con una impecable factura técnica y desarrolla una lograda poética que se apoya en la mirada hermosa, asombrada y triste de Gabi y Morena que comparten el hecho de sonreír bastante poco. Otro acierto notable es haber dejado afuera los reflejos más duros del contraste que, de alguna manera, sólo hubieran funcionado como golpes bajos que subrayan carencias e inequidades que sabemos presentes aunque no se muestren.

Por otra parte, la escuela como institución aparece, claramente, como un reproductor social. Mientras en la escuela de Buenos Aires hay cine y clases de computación, en la escuela de La Ciénaga hay visitas a un molino de harina y a una chacra.

maxresdefaultA medida que avanza el relato se instala la evidencia de un discurso que, de alguna manera, deja de lado la pretensión de objetividad de la cámara para revelar la construcción, tanto en la elección de los momentos que se muestran, como en la presencia sutil de algunos juicios de valor: ocurre en el contraste entre el campo bucólico y la ciudad demoledora, en la presentación de la solidaridad de la gente del campo, su mansedumbre (las escenas de los juegos de los niños nunca atraviesan conflictos; no hay peleas y mucho menos caprichos) en contraposición a cierto individualismo indiferente de la ciudad que se refleja en los niños con sus juegos, sus intercambios, sus peleas y hasta su violencia.

Hay dos momentos particularmente notables en La inocencia que refuerzan la sensación de la que hablaba en el párrafo anterior, y ambos ocurren en Buenos Aires. En primer lugar, todas las escenas de la escuela, en el grado de Morena, son absolutamente agobiantes: los gritos, las maestras al límite de su paciencia, las recurrentes visitas a la dirección por cuestiones de disciplina (una de ellas fue darle una cachetada a un profesor); y en segundo lugar, en el cumpleaños de Morena en el pelotero, mientras las chicas bailan y juegan, los varones están mirando una pelea de boxeo en la tele y vemos como estos protoadultos reproducen conductas que van desde los consumos, los discursos y los roles de sus mayores. Entonces, ¿podemos pensar que lo que en el campo ayuda a delinear la escuela en la ciudad lo hace la tele?

En La inocencia, la mirada está enfocada en el devenir de los chicos. Los adultos aparecen como figuras complementarias y el eje parece estar puesto en la escuela, en lo institucional y quizás sea este el plano de lectura más interesante que propone la película en estos tiempos en los que circula «el mérito» como valor y en los que es inevitable preguntarse: ¿es posible hablar de méritos en un contexto de desigualdad de oportunidades tan marcado y brutal?

Aquí puede leerse un texto de Manuel Andrade sobre la misma película.

La inocencia (Argentina, 2013), de Eduardo de la Serna, c/Morena Jaramillo, Gabi Oviedo, 98′.


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