A primera vista, La discoteca del amor (1980) es una película muy menor en la filmografía de Adolfo Aristarain. Un film hecho por encargo para la productora cinematográfica Aries para promocionar cantantes, actores con futura carrera como galancito y hermosas mujeres para consumo cosificante heteropatriarcal. En Argentina era la época de la saga de los Super Agentes, de las películas de Palito Ortega y Sandro para consumo familiar, y de los productos de Olmedo y Porcel con sus tramas mitad hot mitad naif.

Lo interesante es que, partiendo de esa premisa, Aristarain se sumerge en ese universo de cine chatarra con su máquina de mezclar géneros gracias a su cinefilia voraz y exquisita. De esta manera, La discoteca del amor es una película de aventuras filmada en plena dictadura cívico-militar. El mejor personaje es sin dudas Tincho Zabala, que se pone en la piel de un jubilado que se recibió de detective por correspondencia y que decide investigar lo que está detrás del negocio de la piratería musical. Zabala, siguiendo las huellas de los grandes detectives de la historia del cine y de la literatura del siglo XX, pareciera ser un fracasado. Un perdedor radical que no hace más que emular los espectros del Marlowe de Chandler y de Bogart. El amor por el cine de Aristarain no termina en esa mención cinéfila, sino que el villano de la película también está construido como tributo a ese cine clásico que luego sería una de las marcas de autor de un Aristarain ya consagrado que filmaría las mejores películas que se hicieron en este país entre finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Tito Mendoza se luce como uno de esos villanos malvados prototípicos del cine policial americano de la década del ‘30. Petiso y de boca afilada, dispara más bravuconadas que balas y logra construir un hermoso personaje condenado al fracaso. Lo central de La discoteca del amor está dado por la interacción entre esos dos polos representados por el detective y el mafioso. Lo demás es lo que permite que ese conflicto se desarrolle. Los personajes secundarios también son muy buenos. Se luce Ricardo Darín interpretando al locutor Eddie Ulmer en uno de los primeros papeles de su carrera, haciendo eficazmente de galancito. Darín no sería otra cosa en esencia que una cara bonita hasta que en 1993 Alberto Lechi le diera la oportunidad de protagonizar Perdido por Perdido, un noble policial noventero antes de que existiera eso que conocemos como Nuevo cine argentino. Darín junto a la hermosa Stella Maris Lanzani conducen un programa de radio llamado “La discoteca del amor”, y son en un principio confundidos con la red de piratería que Zabala y equipo tienen que desarticular. Todo lo que sucede desde que los acontecimientos se precipitan no es lo importante. Lo que importa es el tono y el universo que construye Aristarain apropiándose de una película por encargo para promocionar cantantes para filtrar su visión personal del cine. Ese gesto provocador que emula al que artistas de la talla de Charly Garcia y Spinetta llevaban a cabo en sus obras de la década del 70 para no ser descubiertos por la obtusa censura de la época habla mucho del tipo de cineasta que es. En La discoteca del amor, Aristarain filmó su película de detectives en el marco de la oscura noche de la dictadura cívica militar. En Las aventuras de Pepe Carvalho Aristarain volvería en clave seria sobre la figura del detective como representación icónica, pero en La discoteca del amor ya podemos observar lo que representa esa figura en su cine. Aristarain construye finalmente una especie de improvisada armada Brancaleone que intentara desarticular la red de piratería. Ese ejército de perdedores que monta en tono de comedia bien podría pensarse como un modo de resistir la etiqueta de ganadores y perdedores que se instauraría en nuestro país a partir de la década del noventa pero que ya estaba en germen en los años de plomo de la dictadura. Aristarain filmó una película en la que un jubilado y un oficinista fracasado enfrentaban a una banda de mafiosos y salían victoriosos.

Una victoria poética en tiempos de derrota vaya que no es poco.

La discoteca del amor (Argentina, 1980). Guion y Dirección: Adolfo Aristarian. Fotografía: Horacio Maira. Elenco: Tincho Zabala, Tito Mendoza, Ricardo Darin, Stella Maris Lanzani, Carlos del Burgo, Cacho Castaña, Silvia Pérez, Mónica Gonzaga, Sergio Velasco Ferrero, Marcos Woinski. Duración: 90 minutos

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