Problema 1: ¿Cómo se puede volver a narrar el Mundial de Argentina en 1978 ya sea como hecho deportivo o político, después de la serie Argentina 78 (Lucas Bucci y Tomás Sposato, 2024) que logró trascender la linealidad narrativa a partir de complejizar la mirada sobre el hecho?¿Cómo se puede volver a narrar después de la estructura fragmentaria que compuso Matías Bauso en su libro “Mundial 78”?

Problema 2: ¿Cómo se puede volver a narrar la historia de Claudio Tamburrini, después de su propio relato (el libro “Pase libre”) y de la ficcionalización de la historia de la huída de Mansión Seré que practicó Crónica de una fuga (Adrián Caetano, 2006)?

El arquero inocente busca responder a esas preguntas en la formulación con que se va construyendo el documental. A la primera parece ignorarla, como si la serie e incluso el libro no existieran. No reescribe la historia, pero produce un ida y vuelta que va del tiempo de una entrevista televisiva rescatada a César Luis Menotti realizada en la década del 80, hacia ese pasado repartido entre el fracaso de la Selección Argentina en el Mundial de Alemania de 1974 y la preparación posterior que derivó en la Selección de 1978. El extenso primer capítulo del documental establece no solamente la modalidad con la que se trabajó -relatada por Menotti y avalada por algunos de sus jugadores como Omar Larrosa, Leopoldo Jacinto Luque o Daniel Alberto Passarella-, sino la conflictiva relación con el entorno político. Entre la tristeza de la noticia del golpe de Estado de 1976, recibida por jugadores y cuerpo técnico en Polonia durante una gira y la recepción que brindó el dictador Videla de los jugadores en la previa del Mundial -con una arenga de tono militarista exacerbado- dibuja un arco que fluctúa entre la inocencia de los jugadores y la utilización política de la situación. El relato se centra en el fútbol, en el cambio revolucionario en la forma de concebirlo a partir de la llegada de Menotti, pero sin dejar de lado la perspectiva política que lo rodeaba con sus tensiones y presiones.

A la segunda pregunta, el documental intenta responderla en el segundo capítulo, cuando su foco se concentra en exclusividad en Tamburrini. En el montaje de una serie de entrevistas que le realizaron en Suecia, en las que Tamburrini vuelve a contar, además de su secuestro y desaparición y el escape de Mansión Seré, la parte de su historia menos conocida: esos años de juventud en los que combinaba su carrera como arquero en la primera división de Almagro con su militancia en la Federación Juvenil Comunista a partir de sus estudios de Filosofía. Y de la misma manera, reconstruye los tiempos posteriores a su llegada a Suecia, luego de la escapatoria y el tiempo que pasó oculto.

El hallazgo mayor del tercer capítulo -que vuelve a poner el centro en las sospechas nunca confirmadas del supuesto arreglo en el partido entre Argentina y Perú- es poner en paralelo la salida a la calle -la reconquista de ese espacio- del pueblo para festejar el título en medio de una dictadura con la propia salida de Tamburrini de ese ocultamiento impuesto. El planteo que hace el protagonista es interesante, en tanto el festejo se percibe como fuga de un encierro similar en lo individual y en lo colectivo. Hay otro elemento que aparece pero que no se profundiza en la duplicidad de la idea del arquero inocente con la imagen de Ramón Quiroga, el cuestionado arquero de nacionalidad argentina que atajaba para Perú. En todo caso, uno y otro hallazgo son momentos que se destacan en una totalidad que no alcanza a contenerlos del todo.

Porque El arquero inocente es un documental que no logra conjurar cierto desbalance que no solo se advierte entre los capítulos sino hacia el interior de los mismos. La profusa utilización de imágenes que escapan de la ilustración común de la época -que incluye desde la crónica televisiva de un entrenamiento del Huracán que conducía el técnico en 1973 a imágenes poco vistas de los partidos de la gira europea del 76 (en particular el partido contra Hertha Berlin en el que atajó Ricardo Lavolpe) o de la serie internacional del año 1977- en el primer capítulo se vuelve una introducción demasiado extensa a la historia del protagonista. Cuando el relato de Tamburrini entra en escena, la edición no encuentra la fluidez necesaria para otorgarle una densidad a partir del uso de los tiempos y la relación con los silencios -además de recurrir a una serie de ficcionalizaciones innecesarias por su redundancia. Quizás el mayor problema de la película es que tal vez no haya sido pensada como tal. La presencia del director en pantalla, su permanente voz en off lo colocan en el lugar de un presentador, con lo que el documental se acerca más a las coordenadas de un programa de televisión que a algo cinematográfico. Una pena: el material del que se logró disponer ameritaba posiblemente otro tipo de abordaje que profundizara la riqueza de las imágenes y que no tendiera a aplanar su potencialidad.

El arquero inocente (Argentina-Estados Unidos, 2025).Dirección y guión: Iván Kasanzew. Fotografía: Sebastián Proazzi y Kelvin Charles. Edición: Lester Brito. Duración: 79 minutos.

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