cerrajero“Cerrajero, por favor cerrajero.

No me deje la puerta así.

Apúrese cerrajero. No me deje así.

Necesito saber su nombre, su dirección,

Desconfíe del prójimo.

Coloque en la puerta de su casa una buena cerradura de seguridad…”

Cerrajería, Leo Masliah.

Como una cadencia conocida, las dos películas dirigidas por Natalia Smirnoff (Rompecabezas y El cerrajero) repiten unos pocos temas con alguna combinación diferente en cada caso. El tono resultante es discreto, soterrado; sus protagonistas atraviesan cambios y revelaciones sin que en apariencia se alteren su ánimo o su expresión. El mundo gira despacio a su alrededor dándoles tiempo para reflexionar, tal vez prepararse para percibir alguna variación, que solo será asequible para ellos.

No hay revoluciones en el ámbito de estos protagonistas, tampoco revelaciones fulminantes; apenas pequeños acontecimientos que se trenzan de forma aleatoria y que los ubican en realidades apenas diferentes, veladamente alienadas de las que vivían hasta unos momentos antes. María del Carmen, la deslumbrante Maria Onetto de Rompecabezas (la deslumbrante María Onetto de siempre), comenzaba el ciclo que revolucionará su vida luego de armar un rompecabezas; su revolución no la transformaría en algo distinto a lo que era: una tranquila ama de casa suburbana apegada a sus afectos y su forma de vida, pero la inmersión en el mundo del armado y desarmado de pequeñas piezas le dará otra conciencia del lugar que ocupa y de las posibilidades que la habitan.

Sebastián (Esteban Lamothe), el protagonista de El cerrajero, vive también una vida tranquila; Don Juan barrial, abre los corazones de las mujeres con la misma facilidad que las cerraduras de viejas puertas. Amigos y confidentes paran en su pequeño negocio; el mesurado toque de distinción que lo aparta un poco de la norma barrial es su interés por construir cajas de música. En particular una, grande, para la que pretende un sonido perfecto, armada con restos de cerraduras en desuso. Arrancar música de las esferas a toscos pedazos de metal es una ambición enorme, casi desmedida para un muchacho de barrio, quien además rodea su vida cotidiana de objetos rescatados del abandono. Su departamento está dividido por cortinas hechas con llaves, atravesarlas supone crear una música propia, diferente para cada persona que lo haga. También son el símbolo de la dificultad para acceder al hermético interior de Sebastián, protegido por mil llaves de engañosos sonidos distintos.

Eso le ocurre a Mónica (Erica Rivas), su amiga ocasional que transita un embarazo de incierta paternidad. Sebastián tiene una de esas llaves, pero Mónica no se decide a usarla.

EL-CERRAJERO-2013Todos -Sebastián, sus amigos, Mónica- están dentro de una nube; no es una metáfora. Es 2008, pleno conflicto con los piqueteros rurales, una niebla pestilente invadió a la ciudad durante varios días, todas las sospechas apuntaron a un sabotaje coordinado por los revoltosos, un aro de fuego intentando asfixiar la ciudad. Nunca se logró reunir pruebas suficientes, la niebla se disipó con el conflicto. En El cerrajero, Smirnoff la desliga de su costado político; simplemente es humo, un misterio menor que incordia, altera los ánimos y, para algunos, apunta revelaciones. No precipita giros copernicanos como los de Peter Weir en La última ola o Picnic en las rocas colgantes, pero parece otorgar a Sebastián la facultad de conocer secretos de los otros en el momento preciso en que destraba sus cerraduras. Un don y un castigo del que Sebastián se quiere evadir; una circunstancia que permite la aparición de Daisy, una empleada doméstica peruana que viene de otro país, este sí metafórico, detrás de la niebla en donde los sonidos y los dones se armonizan y aceptan de distinta manera. Otras voces, otros ámbitos; la relación de Daisy y Sebastián está recorrida por un erotismo suave y desapegado que no tiene el destino de la unión, sino del encuentro de cada uno de ellos con sí mismos.

Así como las llaves cierran o abren puertas a otras eventuales vidas, así como después de la niebla Sebastián podrá acercarse a Mónica, la película de Natalia Smirnoff se abre a la posibilidad de encontrar otros sonidos y cadencias, cercanos pero desdeñados, los de la América profunda en donde los misterios tienen su lugar y tal vez puedan armonizar la vida. Reconocernos, saber cuál es nuestro lugar en el mundo, también es una elección política.

Aquí puede leerse la crítica de Nuria Silva sobre la misma película.

El cerrajero (Argentina, 2014), de Natalia Smirnoff, c/ Esteban Lamothe, Erica Rivas, Sergio Boris, María Onetto, Arturo Goetz, 77’.