Catástrofe inminente (Jardin, 2024) es una digna representante de nuestro tiempo. Cuando me enteré de la existencia de esta película pensé que debería ser parecida a Walking dead o The last of us, pero hecha para progresistas o, diciéndolo mejor: una película de cine catástrofe francesa debería tener algún tipo de reflexión más allá del mero disfrute pochoclero. Gracias a dios, me equivoque. Catástrofe inminente reflexiona de modo tan sagaz como las series anteriormente mencionadas sobre ese apocalipsis cada vez más real sin perder de vista que es una película catástrofe que tiene como función tener al espectador aferrado a la butaca como hicieron las películas fundacionales de este genero que se popularizo en la década del 70 del siglo pasado cuando se filmaron maravillas como la Aventura del Poseidón (Neame, 1972) e Infierno en la torre (Guillermin, 1974) entre tantas otras. La historia que tiene para contar el director Frédéric Jardin es sencilla: Una familia compuesta por un padre oceanógrafo, una madre médica y dos hijos adolescentes, navega en un velero cerca del caribe disfrutando su descanso burgués, alejado de todo y de todos. La mujer, ni bien iniciada la historia, se arroja a nadar en el medio del océano, pero algo sucede. Las olas la aferran y le plantean resistencia. Ella resiste, pero necesita del marido para sobrevivir. Él se arroja al agua y, luego de luchar con todas sus fuerzas contra la impiadosa naturaleza, logra recuperar a su mujer de las garras del mar. En esa primera escena observamos una breve y virtuosa grajea de lo que luego vendrá. Todas las ficciones distopicas de estos tiempos tienen que ver con el mundo atroz en el que los seres humanos vivimos nuestras vidas. Hollywood, a comienzos de este siglo, profetizó el fin del mundo y la necesidad de defenderlo. Para eso, los ejércitos de hombres enmascarados salieron a enfrentarse a los malvados de turno. Desde seres de otros planetas, como en la saga de Avengers, hasta los psicópatas terrenales que las diferentes versiones de un Batman cada vez más adulto presentan en cada versión cinematográfica, estamos ante un escenario pesimista en donde el futuro de la humanidad y la aniquilación de la misma son representadas como un escenario posible. Parasite (Bong Joon-ho, 2019) nos mostró otra cara de ese mundo distópico en donde la naturaleza dejaba condenados a la mayoría de los mortales excepto a un grupo reducido de privilegiados que podían hacer frente a la tragedia climática. Meses después del estreno de Parasite, la pandemia nos mostró que la realidad muchas veces se parece mucho a la ficción. Catástrofe inminente vuelve a poner en el centro de la escena la problemática ambiental. Luego de la amenaza inicial sucede la tragedia de la que la familia protagonista se salva por estar alejada de todo rastro de sociabilidad, como si se tratara de una versión 2.0 y familiar de Robinson Crusoe. Las comunicaciones en la navegación se interrumpen y un tornado nunca visto destruye todo lo que está alrededor excepto a los integrantes de la familia. El océano en el que esta navegaba se transforma en un desierto debido a los efectos devastadores del evento climático. Allí comienza otra película basada en la lucha por la supervivencia. Lejos del gigantismo de las producciones de Hollywood que resuelven con dinero la falta de ideas visuales aquí Jardin opta por planos cerrados que refuerzan la sensación de opresión. Esta decisión sostiene la tensión durante la hora y media que dura la película, y se potencia en las escenas de enfrentamiento cuerpo a cuerpo que la familia tiene con el villano de la película. Este sujeto carente de historia opera como una representación del mundo individualista en el que vivimos al pensar solamente en términos de salvación individual y deshumanizada. Para defenderse de las garras de este psicópata, Jardin piensa en términos de heroicidad colectiva para finalmente poder sobrevivir. A diferencia de las grandes historias épicas del cine mainstream hollywodense que a veces funcionan mejor y otras no tanto, Catástrofe inminente recrea una atmosfera deudora del thriller que se sostiene hasta el final. Dentro del reparto se luce aportando una luminosa humanidad Émile Dequenne que es la encargada de proteger y llevar a sus hijos hasta un sumergible que es la única posibilidad de sobrevivir cuando el desierto en el que se transformó la tierra vuelva a inundarse. La actriz protagonista de Rosetta (1999) de los hermanos Dardenne es la gran heroína que se encargara de luchar contra este sujeto despiadado que representa la inhumanidad del sistema. Ella también se pondrá al frente en la lucha contra unos cangrejos enloquecidos que devoran todo a su paso.  Catástrofe inminente es una película de bajo presupuesto que denuncia la contaminación ambiental sin por eso afectar el pulso asfixiante que la historia propone y que a diferencia de mucho cine comercial contemporáneo no imagina un futuro prometedor para la humanidad. A pesar de la oscuridad que tiene el film de Jardín este se encarga de mostrarnos a un grupo humano que se enfrenta colectivamente a la tragedia natural y al egoísmo humano. Aquí, en vez de una nevada mortal, como ocurre en El eternauta hay un cataclismo geológico pero en ambas historias la única manera de combatir el mal que nos rodea es apostando a la solidaridad y al trabajo en equipo. En estos tiempos no deberíamos perder de vista la importancia de esta lección.

Survivre (Francia / Bélgica, 2024). Dirección: Fréderic Jardin. Guion: Alexandre Coquelle, Mathieu Oullion. Fotografía: Pierre Aím. Edición: Reynald Bertrand, Camile Toukis. Elenco: Émile Dequenne, Andreas Pietschchmann, Lisa Delamar, Lucas Ebel, Arben Bajraktaraj, Oliver Ho Hio Hen. Duración: 90 minutos.

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