José Luis Nacci dirigió hasta el momento dos películas: Soy Ringo (2015) y la presente, Retrato de un pianista (2026), esta en conjunto con Elena Konieczny. Ambas tienen elementos en común. Soy Ringo trata de la vida, y la muerte, de Oscar Natalio Bonavena, el último de los boxeadores argentinos de peso pesado con jerarquía internacional. Retrato de un pianista sigue a Antonio Formaro en su actividad como intérprete del piano. Los trabajos de ambos se ejercen con las manos. Ese es el vínculo primario entre ambas películas: el boxeador usa las suyas para imponerse a los golpes sobre su rival. Rústicas, endurecidas, vendadas y envueltas en guantes para atenuar el daño al otro y a ellas mismas. Las manos del músico en cambio, deben ser maleables, preparadas para acariciar las teclas, o para golpearlas con una fuerza persuasiva, nunca destructora. Este es el lugar en donde las similitudes terminan.

Las manos del pianista Antonio Formaro están imbuidas de aquella función musical y al mismo tiempo, la superan. Porque Formaro también las utiliza con autoridad para acompañar su conversación, ampliando el registro de su voz, convenciendo y encantando; iguales objetivos que los que persigue en el piano como artista. La múltiple destreza manual de Formaro se extiende a su habla. Contra lo que es común en los músicos, habituales practicantes de un habla inconexa, colorida, sembrada de onomatopeya (como la que el mismo Formaro mantiene con la directora de la orquesta con la que prepara un concierto en el Teatro Argentino de La Plata, plena de pam, pam pams; tam, tam, tams y otros remedos de sonidos musicales), el pianista de Konieczny-Nacci, expone sus ideas de manera racional y ordenada. Cuenta su historia familiar, sus estudios, su vida itinerante, habla sobre sus maestros. Reflexiona sobre la música y sobre los mecanismos de la creación sonora.

Ambas películas tienen todavía otro elemento en común: ambas se articulan sobre una pregunta; Soy Ringo está ordenada a partir de un misterio: ¿Cuál fue el motivo por el que Ringo —enfrentado al que fuera su manager, un jefe mafioso de Nevada— manejando su auto en plena noche hacia el aeropuerto de Los Ángeles, en donde lo espera el vuelo salvador hacia Argentina, tuerce de pronto su camino, vuelve a Reno y entra desafiante al prostíbulo del capo mafioso, solo para recibir el balazo mortal de un sicario? La pregunta es ¿Por qué? ¿Cuál fue el motivo que lo llevó a aventurarse a ese retorno suicida? Y no tiene, no puede tener, respuesta en el film.

Lejos de la sordidez que marcó el final de Bonavena, Retrato de un pianista indaga a través de su protagonista en los mecanismos de la creación artística. La pregunta que la articula es ¿Cómo? ¿De dónde surgen los sonidos, cómo se recrean y persisten a través del tiempo? Estas preguntas tampoco tendrán, venturosamente, respuestas en el film. Antonio Formaro seguirá tocando, sin resolver el misterio de la creación artística que crece desde sus manos de obra, despertando los sonidos que lo esperan en el piano.

Retrato de un pianista (Argentina, 2025). Dirección y guión: José Luis Nacci y Elena Konieczny. Fotografía: Luciano Nacci y Flope Velozo. Duración: 69 minutos

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