Habrá que pensar los motivos por los cuales en los últimos años han aparecido documentales que rescatan películas producidas entre la primera mitad de la década del 80 y fines de la década del 90. La serie se inició con Carroceros (Mariano Frigerio/Denise Urfeig, 2021) y se continuó con Leyenda feroz (Mariano Frigerio/Denise Urfeig, 2024) y Después de un buen día (Néstor Frenkel, 2024). Con sus diferencias –la primera focaliza en el fanatismo provocado por Esperando la carroza (Alejandro Doria, 1985); las otras dos oscilan entre el recuerdo reivindicativo y la exploración de una adoración bizarra-, recuperan un cine más o menos popular -solo Un buen día (Nicolás del Boca, 2010) fue un fracaso de público- que fue ninguneado o vapuleado por la “nueva crítica” de cine que surgió en los años 90. En lo que coinciden es en la construcción de un culto ajeno a las calidades cinematográficas, sustentado en un goce particular, a veces fragmentario –sostenido por la reiteración de partes de los diálogos o por algunas situaciones- que convertía a la experiencia de la película en una especie de fiesta.

76 89 03 (Cristian Bernard/Flavio Nardini, 2000) fue, en su momento, una película extraña –podría pensarse como Fuckland (José Luis Marques, 2020), aunque sin tantos problemas y errores como ésta- que rompía con una serie de coordenadas del cine argentino, incluyendo el que había surgido a partir de las Historias Breves. Esa característica es la que generó la controversia. En ese punto aparece unida a los tres ejemplos mencionados: el rechazo de un sector importante de la crítica la dejó en un lugar incómodo. El documental de Benoit explora esa instancia, colocando en el centro a las dos revistas que se disputaban el escenario de la crítica de cine en ese momento del país. Mientras Film la programaba en una Muestra de Cine Argentino Inédito, El Amante la cuestionaba y según mencionan los directores, se llegó a hacer un lobby contra la película en el Bafici en ocasión de su presentación (se menciona incluso como responsable de esa situación a Santiago García). Esa oposición habilita la mirada de los directores sobre los motivos que llevaron a ese accionar de El Amante, cifrándolo en la defensa de ese Nuevo Cine Argentino cuya etiqueta había creado y que venía asomando por esos años. Y si hay algo que es cierto es que no hay nada más diferente a la película con la que la revista se embanderaba por esos tiempos –La libertad (Lisandro Alonso, 2001)– que lo que planteaba, incluso con los cuestionamientos que se podrían hacer, una película como la de Nardini y Bernard.

Esa determinación por analizar la disputa mediática que generó la película –que el documental extiende a una interna en el diario Clarín entre Pablo Scholz y Diego Lerer- es una señal que diferencia a este documental de los casos anteriores. Es cierto que aquí pueden encontrarse también elementos que son constitutivos de las otras. 76-89-23 no elude los fanatismos generados por la película, pero los quita del primer plano y los pone a dialogar con otros elementos. La celebración de la película como hecho concreto aparece de la misma manera, pero colocándola en el contexto de una película que se pensó como posible éxito –es particularmente llamativa la estrategia de atarse al estreno de un tanque como Plata quemada– y que derivó en un fracaso mayor al previsto –y que en ello incluye la aceptación de los errores cometidos en la difusión. Lo que diferencia a 76-89-23 de los otros documentales es la voluntad de sumar voces y no limitarse a la celebración sino explorar zonas de análisis que permitan comprender a su objeto en otra dimensión.

Ese intento no solamente atraviesa las influencias reconocidas y evidentes –los modelos más explícitos son los de After hours (Martin Scorsese, 1985) y Midnight cowboy (John Schlesinger, 1969)-, sino que busca reconstruir los motivos que circulan en el interior del relato. Si se rescata, por un lado, la decisión de abordar una historia centrada en la nocturnidad, queda palpable que el gesto no es superficial ni inocuo: es una exploración por una ciudad desconocida para el cine de la época, una especie de submundo que podía verse como el lado trash y oscuro de la época menemista. Si la historia original se centraba en un trío de amigos en la víspera del casamiento de uno de ellos y la renovada obsesión fetichista con una modelo devenida objeto sexual, lo hace para instalar una forma de relacionarse con lo sexual que revela no solo la época, sino las derivaciones de años de opresión religiosa y de instalación de un modelo patriarcal. Lo que parece interesar en el documental es aclarar el malentendido entre la celebración de esos personajes misóginos y cínicos y su cuestionamiento desde la exposición descarnada –y a veces exagerada- de sus actos (aunque para ser más concretos, ello funciona de manera más contundente con el personaje de El Rey de la Noche que con los protagonistas). Ese equilibrio era riesgoso porque justamente habilitaba una zona de posible confusión en tanto los actos de los personajes aparecían justificados dentro de una lógica que la película omitía explicitar. 76-89-23 refuerza la idea de los personajes como herederos de la construcción social de la dictadura y que derivó en ese 1989 que vio asomar el triunfo de Carlos Menem para la presidencia de la Nación, en la que se profundizaría la cultura sostenida en los valores del individualismo, el dinero y la inmediatez. El documental resalta desde los entrevistados algunos elementos como la disolución de la frontera entre los héroes y los villanos y la idea de visibilizar aquello que no se mostraba (la centralidad de personajes desagradables, asentados en el desprecio por el otro, inhabitual para el cine argentino de la época). Pero sus hallazgos aparecen cuando se corre de los elementos más explícitos. Cuando, por ejemplo, su rareza se cifra en que no se relacionaba ni con el cine argentino de ese fin de siglo, ni con el que lo antecedió. Cuando se señala que puede encontrarse en ella una deriva hacia la violencia sexual y racial que estaba implícita en el cine picaresco de los 70 y los 80. Cuando la escena del insulto racista es desmenuzada desde diferentes perspectivas. Cuando la escena final se relaciona con los procedimientos y por ende, con la moral de los asesinos de la dictadura.

76-89-23 avanza, a diferencia de los otros documentales mencionados y merced al trabajo de montaje y la organización del material, como una maquinaria arrolladora. Sin desdeñar, sino tratando de fomentar una mirada sobre la película que la entronque no solo con la actualidad, sino con la mirada que trazaba sobre su época. Quizás lo que falte para enriquecer aún más esa perspectiva, sean esas voces que en su momento la atacaron, para continuar la confrontación de ideas (las presencias de Karstulovich e Iwachow son secundarias en esa escena crítica que montaba El Amante) y permitir algo más que la autocrítica que ensayan los directores (en especial cuando hacen referencia a la arrogancia que tenían al momento de hacer la película). Pero más allá de ello, lo que rescata al documental es la voluntad de no escaparle a un material complejo, volviendo sobre él y sobre las polémicas generadas, para revalorizar una película que salvo para los incondicionales, había quedado perdida en el tiempo.

79 89 23 (Argentina, 2025). Dirección: Federico Benoit. Guion: Federico Benoit, Ezequiel Mendoza, Diego Belsito. Fotografía: Maxim Vasiliev. Edición: Diego Belsito. Duración: 98 minutos.

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