la_migliore_offerta_ver2La nueva película de Giuseppe Tornatore cuenta la historia de Virgil, un tasador y coleccionista de arte que se dedica a los remates (y a comprar obras por un valor mucho menor al que tienen realmente). Él tiene, además de un gran conocimiento sobre el tema, una especie de obsesión que lo obliga a usar guantes o pañuelos para tocar cualquier cosa ajena o que esté fuera de su casa. Su casa es lujosa y está llena de gente pintada en cuadros; pero Virgil vive solo, come solo y, cuando no trabaja, está solo. Sus amigos son sus asistentes, sus ayudantes, quienes trabajan con él. Pero todo cambia cuando recibe una llamada para tasar los muebles y objetos de una mansión medio abandonada. Allí conoce a Clare, quien altera el estricto orden de la vida de cascarrabias que lleva Virgil.

Ahí empieza, entonces, la parafernalia de símbolos y significados que dispersa esta película por cada rincón de sus planos. Los trabajos de sus protagonistas, la elección de las locaciones, las frases del guión, los encuadres, la acción, todo rebasa de significado: todo quiere decir algo. Y como es importante que nunca pasemos por alto el valor que cada cosa tendrá después, Tornatore lo repite, lo señala y nos taladra los sesos hasta que no quede una sola duda de que lo hemos captado. Cada personaje, cada plano, cada encuadre hace que reparemos en todas y cada una de esas cosas que DEBEMOS notar. Y todas y cada una de esas cosas “significan”: el hombre virgen que se encierra en un cuarto lleno de retratos de mujeres, el tema de la copia y el original, el tema del estafador estafado, la falsificación, el tipo que no toca nada sin guantes, el autómata que se arma de a partes y luego vive por sí solo, y la relación entre todo eso y la obsesión de Virgil por Clare…

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Afortunadamente la película tiene una suerte de porción de –en este caso podríamos decirle– dream team (Zamarion en la fotografía, Morriccone en la música, Rush en la actuación) que, de a ratos, sostiene el relato sobre sus espaldas. Entonces la combinación entre el director de Cinema Paradiso y Geoffrey Rush funciona perfectamente en tanto dotan a Virgil de un realismo y de una complejidad totalmente lógica y justificadamente insoportable. Eso vuelve la película atractiva y la acerca al mejor cine del realizador italiano (bueno, no es demasiado pero puede verse en, por ejemplo, Están todos bien). Sin embargo acá, incluso tratándose de dos protagonistas reacios a abandonar su conocida área de contención (en el caso de Clare, su casa; en el caso de Virgil, sus modos y sus guantes), no se alcanza a construir ni un ápice de la densa intimidad que se lograba en una sola secuencia de aquella película. Es que en La mejor oferta todo está solamente al servicio de que lleguemos a ese ansiado final donde todas las metáforas, las personificaciones, los paralelismos y las moralejas confluirán para que se haga la luz. Y si no, miren la última escena, con esos gigantes engranajes de perfecto encastre dando vueltas detrás del protagonista. Y sí, esta vez a Tornatore se le fue la mano.

Aquí pueden leer un texto de Marcos Vieytes sobre Giuseppe Tornatore y Nuovo Cinema Paradiso.

La mejor oferta (La migliore offerta, Italia, 2013), de Giuseppe Tornatore, c/Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoeks, Donald Sutherland, 131’.


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