1.Una palabra clave reside en el título. La idea de suite evoca lo fragmentario, las piezas breves que se combinan y mantienen una unidad: aquí, eso hace referencia tanto a las canciones que Rubén Juárez fue interpretando a lo largo de su trayectoria, como a la idea de que los relatos de los entrevistados funcionen asimismo como una suite. El fragmento que toma valor en la contigüidad que genera la interacción con el que le sigue, con lo que genera la sensación de unidad. Otra palabra clave en el relato es procesión. Así llaman desde el inicio a ese recorrido por el que llevan al bandoneón blanco que sigue siendo el símbolo de Juárez. La palabra no proviene del gesto, al menos no representa el significado proveniente del catolicismo. En todo caso, su uso reconvierte desde lo laico su significancia: usar el término convierte a los lugares que se recorren en templos, a los que se congregan allí en feligreses de una religión sin dioses ni dogmas, pero que ven en Juárez a un ser único.

2.En las religiones también hay una particular debilidad por las profecías. Porque implica creer en lo venturoso por venir y porque se necesita creer en la palabra de quien lo emite. Algunas profecías aluden a los que vendrán a ocupar un lugar vacante, la representación de lo que necesita un pueblo, una comunidad, para volver a creer. Hay un momento en el cual, el hasta entonces joven Juárez, puede equipararse con la historia del Mesías: conocemos su historia de niño, vemos sus fotos tocando el bandoneón en la orquesta de Independiente y su posterior pasión por Racing y poco más. Ese hueco que se abre en la historia a partir de ese momento, se interrumpe cuando tiene 17 años y se produce la tragedia impensada. Julio Sosa, representación del tango en los años 60, muere en un accidente. Y la madre de Juárez lanza su profecía: “Ahora al tango le hace falta una voz y va a ser la tuya”.

3.La profecía se cumple. Juárez como el Mesías que viene a salvar al tango de una debacle, del vacío que deja Sosa. Es el año 1969 y tiene solo 22 años cuando edita su primer disco y logra su primer éxito. Se convierte en lo que dice Pepo Ogivieki: sería uno de los pocos que podía cantar en cualquier orquesta. Un reportaje posterior encuentra a Juárez planteando de manera retrospectiva que solo quería aportar una continuidad del tango en la década del 70. Las voces que rodean a su discurso establecen otro nivel para pensarlo. Está el que piensa que “mejoraba todo lo que tocaba” y el que señala que su influencia en el tango es comparable a la que ejerció Miles Davis en el jazz. Aunque quizás sea Luis Salinas quien acierta un pleno cuando dice que “él hacía que el tango fuera ahora”. Presente, volver al tango al presente y sacarlo del pasado –y a partir de ahí habría que rastrear la influencia que pudo haber tenido en el resurgimiento del tango como música popular en el siglo XXI con orquestas y cantantes de otras generaciones.

4.El presente del tango se volvió Juárez: sacar del anquilosamiento los temas tradicionales desde la versión nueva, adaptada a su estilo –el ejemplo de la canción de Szwarcman es notorio en cuanto a lo que conseguía al interpretar. La mezcla con temas nuevos, algunos propios, para reafirmar que la caducidad de la forma del tango era una etiqueta cómoda. La versión de “Pasional” se volvió modélica –y a ello contribuye la anécdota que narra Chico Novarro- y compartía el espacio simbólico con “Mi bandoneón y yo” que Juárez siguió cantando, como dice su letra (“Nos iremos a un tiempo/mi bandoneón y yo”). Disolver las fronteras entre pasado y presente, hacer nuevo lo que no lo era, combinar el bandoneón con la voz, adaptar a su estilo los sonidos de las orquestas –la afirmación de que tocaba sonando como Pugliese cuando necesitaba priorizar el texto-:el tango se afirma con Rubén Juárez como sostén de lo nuevo amparado en lo anterior.

5.La renovación cuesta y no siempre se entiende. El Rubén Juárez que graba “Piedra libre” en la recuperación de la democracia, el que se junta con gente de ese rock que también lo fascinaba, el que persigue la modernidad en “De aquí en más” –otro título profético- es acusado de traidor, simbólicamente crucificado: el disco vende poco, la compañía discográfica le cierra las puertas. Pero es cierto, los Mesías resucitan, vuelven una y otra vez de la muerte. En el Café Homero se cocina lo que será el “Album Blanco” –la referencia beatle no es inocua. En ese espacio, hasta el 2001, Juárez congregó la resistencia de una forma de entender el tango, sostenida entre conocedores y degustadores, y formó su círculo de apóstoles (“había personajes que estaban al borde del delito” dice alguien por allí) y finalmente partió en una especie de exilio interior hacia Córdoba. Y desde allí volvió y siguió generando eso que según Leandro Pane es algo único surgido de la combinación entre la voz y el bandoneón y que se llamó Rubén Juárez.

6.Los templos profanos reciben al bandoneón como ofrenda, como los feligreses que van a tocar la imagen de una virgen o un santo. Se congregan a su alrededor cantantes, músicos, productores, autores. Esos lugares son la guía Juárez para entender su música y desde ella a Buenos Aires Y son también los espacios que albergan la construcción de su figura por los demás. Juárez mismo, ausente, se vuelve presente cuando cada uno de los que lo conocieron, va descubriendo al público las características por las cuales lo creen único. Es una adoración pagana a la que se entregan en un recuerdo gozoso. Juárez en el documental es una suite que se actualiza, que como los relatos que lo componen, lo trae al presente, como si su espíritu estuviera en ese bandoneón que recorre la ciudad para celebrarlo.

Suite Juárez (Argentina-Francia, 2026). Dirección: Alejandro Venturini y Jean Luc Thomas. Fotografía: Nicolás Pittaluga y Lucas Timerman. Edición: Federico Sichel. Duración: 67 minutos.

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