1236684748972_fEl apellido Mentasti puede leerse en todas las historias del cine argentino y durante estos días también en el afiche de Los bañeros más locos del mundo. Para caracterizar su trayectoria como productor y la de su empresa Argentina Sono Film, transcribimos fragmentos del libro Cien años de cine argentino, de Fernando Martín Peña, en el que se lo menciona:

[En 1932] el director Luis Moglia Barth (El 90, Afrodita) convencía a Ángel Mentasti, veterano empleado de varias empresas distribuidoras, del potencial comercial que tendría un film íntegramente protagonizado por figuras que ya tenían fama en la revista, el teatro y el disco. Moglia Barth bocetó un guión, lo tituló Tango! y logró que el poeta Carlos de la Púa le escribiera los diálogos. (…) Poco antes de terminarla, Mentasti y Moglia Barth acordaron el nombre de su empresa (Argentina Sono Film) y pensaron algo más, a partir de la experiencia de ambos en el difícil terreno de la distribución: había que salir a vender Tango! como parte de un plan de producción en marcha, aunque no lo hubiera, para negociar mejores condiciones con los exhibidores.

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(…) En los primeros años del sonoro la propia Argentina Sono Film no fue realmente un “gran estudio” y pudo desaparecer como muchas otras productoras de esos años: Dancing, la segunda película de Luis Moglia Barth para Ángel Mentasti, fue un fracaso y ello puso en grave riesgo la tercera, Riachuelo, que gracias a la presencia de Sandrini tuvo la repercusión necesaria para que la empresa continuara. En términos artísticos y formales, las películas de Argentina Sono Film compartieron las modestas pretensiones de casi todas sus pares, por lo menos hasta 1937.

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Al construir estudios antes de conocer exactamente la dinámica económica del negocio, empresas como Lumiton y Baires habían puesto la carreta delante del caballo, Argentina Sono Film fue más prudente y sólo creció en la medida de sus posibilidades reales.

En 1936 Soffici tropezó por primera vez con la censura cuando el ejército no aceptó una primera versión del libreto para Cadetes de San Martín, que no se podía hacer sin la colaboración de la institución. Aceptó entonces una serie de modificaciones que transformaron su intención inicial, de resonancias políticas, en una exaltación del ejército en general y del Colegio Militar en particular. Y Mentasti aprendió a su vez que para sobrevivir era necesario estar en sintonía con los poderes de turno, sin importar su signo político. (…)

escanear0002.pdf+-+Adobe+ReaderÁngel Mentasti no llegó a ver el éxito del viento norte. Falleció en junio de 1937 cuando el cine argentino entraba en un período de expansión de alcances poco predecibles. (…) Dos de los hijos de Mentasti se ocuparon de reorganizar la empresa, comprar terrenos y planificar estudios propios para dejar de alquilar los ajenos. Ángel Mentasti se especializó en la comercialización  y Atilio Mentasti se puso al frente de la producción del estudio.

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En algún momento de 1938, mientras Soffici daba forma a su ciclo social en Sono Film y la empresa se reorganizaba tras la muerte de su fundador, Atilio Mentasti llamó a Luis Saslavsky y le dijo, según sus propias palabras: “usted tiene un gran sentido artístico y ningún sentido comercial”. Luego le propuso hacer un melodrama con Libertad Lamarque.

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Desde la muerte de su fundador Ángel Mentasti en 1937 y hasta la década de 1950, Sono Film se caracterizó por una producción homogénea, de alta calidad técnica y ningún riesgo artístico. En su libro sobre el estudio, que es apologético hasta el delirio, el crítica Claudio España llega a comparar la estructura en flashbacks de Yo conocí a esa mujer (Carlos Borcosque, 1942) con la de El ciudadano pero una simple verificación revela, sin sorpresa, que no es para tanto. Sono fue el estudio “de productor” por antonomasia, con un programa rigurosamente encorsetado que sólo se modificó muy de vez en cuando y dependiendo del clima político.

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Como fue usual en la empresa, la mayor parte de su producción se jugó sobre la certeza de lo rentable. Daniel Tinayre encontró temas adecuados para desplegar su estilo en el melodrama policial Pasaporte a Río (1947) y sobre todo en la más ligera La vendedora de fantasías, en ambos casos con Mirtha Legrand. (…)

escanear0005.pdf+-+Adobe+ReaderLas fantasías de Sono negaban la tendencia popular de los años inmediatamente previos, pero, según Atilio Mentasti: “aquí el tango pasó de moda en el cine […] y nosotros no pudimos seguir haciendo ese tipo de películas que afuera tenía aceptación y nos hacía perder el mercado local” (AA.BB., 1978). Además, sensible como pocos a los tiempos que corrían, el productor percibía que la supervivencia del estudio iba a exigir ideas nuevas. Así como en el pasado se había interesado por los primeros fracasos comerciales de Luis Saslavsky y León Krimovsky, ahora se interesó en Días de odio y en su director Torre Nilson.

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Casi todos los golpes militares producidos en la Argentina durante el siglo XX tuvieron considerable apoyo de la población civil y el de 1955 no fue la excepción. El Gobierno Militar decretó la proscripción del peronismo y de todo aquello que lo refiriese. (…) Con cargos ficticios fueron presos Hugo del Carril, Atilio Mentasti y Luis César Amadori.

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Pese a sus críticas a Mentasti, en 1957 Torre Nilson regresó a Argentina Sono Film y realizó allí dos películas magistrales, La casa del ángel (1957) y La caída (1959).

(…) Argentina Sono Film fue la única productora con estudios propios que sobrevivió a la crisis de 1955-1957 y lo hizo mediante una estrategia que combinó el habitual juego sobre lo seguro (en esta época representado por las películas con Lolita Torres) con una zona de mayor riesgo que apostó primero a lograr films que pudieran insertarse en el mercado europeo y después a obtener los premios más altos que anualmente entregaba el Instituto Nacional de Cinematografía en plena crisis, la primera victoria personal de Atilio Mentasti fue lograr que volvieran a Sono todos los directores que habían querido independizarse mediante la formación de la empresa Cinco: Amadori, Demare, Soffici, Tinayre y Del Carril, que había sido el autor de la iniciativa.

[Soffici] se interesó en la novela Rosaura a las diez, de Marcos Denevi, y en 1957 Mentasti le permitió filmarla con toda libertad.

[En La patota (Daniel Tinayre, 1960)] un grupo de muchachones violaba brutalmente a Mirtha Legrand. Casi toda esa banda de indeseables estaba interpretada por jóvenes actores del incipiente cine independiente argentino y es tentador pensar esa situación del film como una metáfora involuntaria de lo que la industria sentía que los independientes estaban haciendo al pretender introducirse en el negocio. En todo caso ahí termina el posible paralelo porque en el film Legrand perdona a sus agresores mientras que en la vida real Mentasti –y varios colegas suyos- fueron implacables.

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Constancia Pelo LargoDespués de Hotel alojamiento (1965), la producción de la empresa Aries se había inclinado abiertamente al cine comercial, siguiendo la lógica tradicional de Argentina Sono Film. (…) Había que seguir el ejemplo de Mentasti: idear productos que pudieran venderse sobre la base de estrellas, tener olfato para percibir a tiempo las tendencias rentables, permitirse algún riesgo de vez en cuando y, desde luego, mantener una relación cordial con el poder.

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La dictadura no tuvo un cine “de régimen” si por tal cosa se piensa la producción en serie de largometrajes dedicados a la exclusiva exaltación de la imagen del gobierno. (…) Le alcanzó con la férrea aplicación de la censura y la obsecuencia de Palito Ortega, Enrique Carreras y Atilio Mentasti, que reprodujeron en su cine todo el catálogo de valores reaccionarios de ese gobierno, como ya lo venían haciendo desde años antes.

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Para Atilio Mentasti resultó sencillísimo adaptarse a las pautas culturales de la dictadura porque eso era lo que había hecho siempre y porque ahora ni siquiera tenía que pelear el dinero oficial con los independientes, como en la década de 1960. (…) En 1977 falleció su hermano Ángel Luis y poco después decidió liquidar los históricos estudios de Martínez. Falleció en 1985 pero su empresa lo sobrevivió.

Introducción y selección de textos: Marcos Vieytes.

Transcripción: Nuria Silva.


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