
Una película de terror en donde un asesino serial enmascarado se va encargando de aniquilar uno por uno a una serie de personas en un lugar cerrado (en este caso todo sucede en un salón de juegos donde se celebra un cumpleaños). Es una película que en los últimos años ya hemos visto muchísimas veces. Desde la saga de Scream (Wes Craven, 1996), o la injustamente olvidada Se lo que hicieron el verano pasado (Gillespie, 1997), hasta la más reciente saga de Terrifier (Leone, 2018), esta clase de películas con asesino serial desencajado ya son un género en sí mismo. ¿Cuál sería entonces la necesidad de una película como La trampa del ratón (Bailey, 2024)? La película de Jamie Bailey demuestra que ninguna. Con el paso a dominio público de la figura de Mickey existe la posibilidad de que el amable ratón de Disney pueda explorar otros géneros y públicos, pero la película desaprovecha la posibilidad de jugar con la imagen pop que la historia del ratón lleva a cuestas. Los dos principales problemas del film de Bailey son que, por un lado, pareciera respetar demasiado a la figura de Mickey y, por el otro, que este tarda mucho en aparecer en escena. Además, cuando el ratón finalmente aparece pareciera no estar a la altura de lo que un villano debería hacer en este tipo de películas. Es realmente poca la sangre que circula, sobre todo si pensamos en productos recientes del género como la sangrienta Terrifier. A pesar de la tibieza que el director muestra en relación a la aparición de Mickey, algo misterioso ocurre a medida que la película se acerca a su final. Todos sabemos que lo que estamos viendo es absolutamente inverosímil, pero eso no impide que la figura mítica de Mickey nos genere el deseo de verlo en escena. Mickey como Donald, Superman o Batman, son personajes fundamentales y fundacionales de la cultura popular del siglo XX y perduran hasta la actualidad. Verlos a estos personajes por fuera del paraguas protector de su sello editorial es una moneda al aire que como mínimo generan la posibilidad y fantasía de pensarlos como sujetos autónomos a sus universos ficcionales de pertenencia. Es así que a medida que los asesinatos en ese espacio cerrado se suceden, la tensión aumenta tan solo al imaginar la posibilidad de encontrarnos otra vez con nuestro ratón animado preferido.
Cerca del final, la película mejora en tanto producto de cine clase B. La evidente posibilidad de una secuela en donde comprendamos cabalmente las características del personaje y las motivaciones por las que éste hace las cosas que hace también estimulan la fantasía de una segunda parte. Bailey no se interesa por explicarnos por qué Mickey lleva adelante su festín diabólico, pero tampoco vamos a responsabilizar a la trampa del ratón de un problema que tienen las mayorías de las películas del Slasher contemporáneo. La posibilidad de virar al terreno del fantástico que cerca del final la película propone también podría ser una opción a futuro para darle al personaje una identidad que hasta este momento se encuentra en periodo de construcción. A pesar de esto algunos momentos de tensión lograda y el encanto que el personaje genera habilitan a pensar en un futuro más luminoso para una primera película fallida, pero que no obstante se encuentra habitada por la magia que Mickey posee. Ese magnetismo es lo que habilita a tener esperanzas en el futuro de un villano tenebroso que reescriba una nueva página de uno de los personajes de animación más importantes del siglo XX.
Para próximas incursiones cinematográficas también es importante que mejoren las actuaciones del film de Bailey, ya que ningún personaje icónico por sí mismo puede sostener una tensión dramática si el resto del elenco no logra estar a la altura del relato cinematográfico sea cual sea el género del que se trate. Las películas no funcionan solo con el magnetismo de un personaje carismático. Las ficciones al igual que la realidad necesitan de una construcción colectiva que sostengan la estructura con las que estas se construyen. Ya sabemos hace tiempo que las soluciones fáciles duran poco y en general se las lleva el viento.
The Mouse Trap (Canadá, 2024). Dirección: Jamie Bailey. Guion: Simon Phillips. Fotografía: Jamie Bailey. Edición: Jamie Bailey. Elenco: Sophie McIntosh, Madeline Kelman, Ben Harris, Callum Sywyk, Mireille Gagné, James Laurin, Simon Phillips. Duración 80 minutos.
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