Thor: Ragnarok representa un paso adelante (o dos) en el mainstream de hoy gobernado, por los menos desde hace una década, por los superhéroes. Si existe un personaje pomposo y serio (acartonado también vale) dentro del extraordinario universo de las historietas del sello Marvel es sin duda el viejo y querido dios del trueno: Thor. Las dos primeras partes de la saga cinematográfica no hicieron otra cosa que potenciar ese costado solemne que acecha al personaje. Tanto en Thor de Kenneth Branagh (2011) como en la muy buena, e injustamente olvidada, Thor: Un mundo oscuro (2013) de Alan Taylor, el trato que se le dio al personaje fue el de un respeto en exceso ceremonioso que en esta tercera entrega finalmente se relaja.

Proveniente del planeta Asgard y viajero de dos mundos, el Thor de Taika Waititi pareciera soltarse el pelo (aunque al final se lo cortan) y disponerse a juguetear con los mitos del imperio Marvel divirtiéndose y divirtiéndonos (a nosotros, espectadores crédulos de la mitología más maravillosa que dio el arte cómic del siglo XX). En los primeros minutos, cuando al ritmo de Inmigrant Song de Zeppelin, Thor agita su martillo enfrentando a los malos de turno, ya nos damos cuenta que la épica particular del film de Waititi no va a estar en contra del disfrute cuasi infantil que busca el lector de historietas. Thor abandona su solemnidad shakesperiana para pasar a tener un registro autoconsciente, lejos del tono canchero que podemos observar en la trilogía de Iron man y en las dos entregas de The Avengers.

El registro humorístico del film de Waititi está más conectado con las dos entregas de Guardianes de la galaxia, en las que el humor es parte esencial del relato. Acá también el sentido del humor se sale del gag de guion para expandirse a la narración toda. Thor: Ragnarok maneja un tono de comedia que le permite nutrir de aire a un relato épico que en ningún momento se hace pesado o solemne. Después de casi dos décadas de los atentados ocurridos en las Torres Gemelas pareciera que por fin los superhéroes se pueden tomar más a la ligera esto de luchar por la preservación del mundo. Esta es la primer lección que parece enseñarnos la película y, al mismo tiempo, pareciera inaugurar una nueva era en este universo en expansión permanente que es Marvel (y en esa expansión constante de personajes interesantes surgidos de la historieta pareciera superar y por goleada al universo más cerrado de DC, centrado en las figuras mitológicas de Batman y Superman). Por otro lado, esta apertura hacia el registro autoconsciente sin acercarse al gesto canchero e irónico que se observa en otros productos de la franquicia pareciera vincular a esta tercera entrega de Thor con Doctor Strange (notable cameo y participación estelar del personaje interpretado por Benedict Cumberbatch).

Aquí acompañado por el Hulk interpretado por Mark Ruffalo (el mejor Hulk después de Bill Bixby) y la hermosa y carismática Valkiria, interpretada por la sensual Tessa Thompson (que también pareciera pedir pista para alguna aventura en solitario). Thor debe impedir la destrucción de Asgard a manos de la hermosa y también magnética Hela, interpretada con su glamour y sensualidad inoxidable por Cate Blanchett). De esta manera, nuestro héroe debe entablar una tregua con su despiadado hermano Loki (Tom Hiddleston) para poder salvar a su pueblo de la destrucción definitiva. La película funciona porque la desmesura de pretender narrar la salvación de un planeta es contada en clave de comedia lunática y porque, a su vez, todos los personajes parecieran comprender el juego de abordar algo épico desde el absurdo. Chris Hemsworth (cada vez más suelto, contemplando los diversos registros que necesita un personaje complejo como Thor) tiene el gran mérito de ponerse al hombro el peso del relato y de pasar de la zona de la comedia absurda a la acción, siempre con pulso desbocado. Thor: Ragnarok respira cómic y libertad, sin por eso caer en la autoparodia o en la mirada cínica sobre sus personajes (cosa que sí sucede, aunque narrado también con espíritu juguetón, en la mas posmoderna Guardianes de la galaxia)

Otro factor que potencia el relato es el notable rol que ejecuta el gigante Jeff Goldblum, dándole vida a un villano dueño de un mundo que pareciera regirse de un modo muy similar al mundo en el que vivimos, en el que tener y ser son prácticamente la misma cosa. Thor y Hulk, encerrados en ese planeta inhumano (¿inhumano?) y condenados a ser luchadores en un circo romano, son una metáfora muy interesante de la extracción de plusvalía que la industria le saca a estas criaturas en la actualidad. La decisión de Thor de huir de ese lugar junto a Hulk y Valkiria, y de liberar a su pueblo oprimido formando un equipo de superhéroes (nos podríamos llamar los revengadores, dice Thor casi como un chiste autoconciente muy poderoso y efectivo) podría también pensarse como guiño critico a esa maquinaria de la cual la propia película es parte.

Ese costado reflexivo es lo que hace que la película sea entretenida y no superflua. La gracia con la que es narrada la salvación de Asgard (o algo parecido) es muy propia de la estética del cómic y ese registro del arte originario es lo que permite que Thor: Ragnarok sea un objeto liviano y no uno lleno de implicancias políticamente conservadoras (cosa que lamentablemente sí sucede en las dos entregas de The Avengers). El éxodo del pueblo de Asgard para que pueda sobrevivir de la destrucción del planeta me hizo pensar en el conflicto de medio oriente y en una utópica solución que lejos esta de la colonización de este último por occidente (el siempre nominado a ganar el nobel de literatura Philip Roth plantea una tesis similar a esta en su obra maestra Operación Shylock).

La importancia política de Thor: Ragnarok es, en definitiva, la de iniciar un camino para esta industria (la del cine de superhéroes) en franca expansión que se encuentre lejos de la solemnidad de sus antecesoras, lo cual permita un disfrute no culposo de un arte como el de la historieta que hace años cumplió la mayoría de edad. A la vez, abre la posibilidad de pensar a estos personajes complejos como algo más que los meros garantes de un orden instituido o como guardianes ideológicos de un orden conservador.

Thor: Ragnarok (EUA, 2017), de Taika Waititi, c/ Chris Hemsworth, Mark Ruffalo,Tom Hiddleston, Tessa Thompson, Cate Blanchett, Antony Hopkins, Idris Elba, 130′.


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