El estreno de El vengador tóxico fue una gran sorpresa que le inyecto nuevos aires a un género que pareciera estar preguntándose acerca de cómo y con quien seguir en pie.

A comienzos del siglo XXI el cine de superhéroes vivió un momento luminoso. Luego de lo que represento el cimbronazo material y simbólico de la caída de las Torres Gemelas, el sueño americano se había transformado de la noche a la mañana en una amarga pesadilla. En esos años de trauma en el cine aparecía la trilogía arácnida de San Raimi – Spider-man (2002), Spider-man 2 (2004), Spider-man 3 (2007)- y El Increíble Hulk (Hulk, 2003) transformado en melodrama de la mano de Ang Lee. Luego fue el turno de la trilogía de Batman –Batman begins (2005), The dark knight (2008), The dark knight rises (2012)- de Cristopher Nolan y más cerca del final de la primera década del siglo XXI la franquicia Marvel construyo un sólido universo ficcional que llego a su fin con Avengers Endgame (Anthony Russo y Joe Russo, 2019).

Esa época dorada ya termino y en lo que va de esta década el cine superheroico entro en franco declive. La industria se encuentra en estado de recomposición a la búsqueda de héroes y actores carismáticos que logren devolverle al género el esplendor pasado. En este contexto el estreno de El vengador tóxico fue una gran sorpresa que le inyecto nuevos aires a un género que pareciera estar preguntándose acerca de cómo y con quien seguir en pie. Remake de una saga icónica del cine clase B que se transformó en un fenómeno de época, El vengador tóxico cuenta la historia de un operario de limpieza que sufre un accidente con residuos tóxicos que le cambiara la vida para siempre. El vengador tóxico tiene algunas similitudes con El increíble Hulk ya que en este como en aquel, la idea de monstruosidad es lo que vertebra la historia de ambos personajes. Esa monstruosidad a su vez expone no solo la condición de criatura deforme del héroe sino que también sirve para mostrar la monstruosidad del sistema. A diferencia del doctor Bunner que se transforma en Hulk debido a una serie de experimentos científicos que el mismo llevaba a cabo, El vengador toxico también sufre un accidente que lo llevara a mutar en una horrible criatura. Winston es interpretado por Peter Dinklage de modo notable, dándole al personaje una dosis de tristeza y furia de la que el cine superheroico contemporáneo debería tomar nota. Winston se encuentra, al momento de su transformación, atravesando una enfermedad terminal, pero ese padecimiento no es el único que lleva consigo. Todavía sufre el trauma de la muerte de su mujer y debe criar a un hijastro díscolo que acarrea sus propios problemas. El director Macon Blair utiliza esta progresión narrativa para narrar un mundo en donde la matriz pareciera ser el mal en estado puro. El inocente Winston al enterarse de la enfermedad que padece, decide ir a pedirle ayuda al dueño de la empresa en la que trabaja que no es otro que Kevin Bacon. La respuesta a su demanda es el maltrato y la burla que en un sentido pueden interpretarse como una escenificación de la lucha de clases en el siglo XXI. Blair no le teme al posicionamiento político y esa pareciera ser una lección a seguir para la industria cinematográfica. Tan importante como la escena en la que Winston es humillado por su jefe es la escena en la que este intenta, en vano, comunicarse con su prepaga para solicitar atención. La respuesta de la operadora telefónica es que su plan médico no le cubre un tratamiento acorde a su estado de salud. A partir de ese momento comprendemos que El vengador toxico se encuentra solo ante el mundo. El film de Blair por un lado se reconoce en esa idea de la monstruosidad propia del linaje superheroico y por otro lado pareciera dialogar con sagas como los X-men y El escuadrón suicida que también de modo virtuoso problematizan desde una mirada política la vida en el capitalismo y el padecimiento que sufren los sujetos que se salen de las normas preestablecidas por el sistema

La principal virtud de El vengador toxico es que es profunda en el contenido y ágil en la forma. Cruza de película de aventuras con comedia se suceden secuencias absurdas filmadas y actuadas con gracia junto a escenas conmovedoras siempre sostenidas en la gran actuación de Dinklage. El cine de superhéroes contemporáneo nació al calor de la caída de las Torres Gemelas. Un cuarto de siglo después, los tiempos autoritarios y postpandemicos en los que vivimos son los que narraron películas icónicas de la pre pandemia como Parasite (Bong Joon Ho, 2019) y el Joker (Todd Philips, 2019).

Blair capta la angustia de ese escenario apocalíptico donde el mal pareciera haberse apropiado de todo. Gracias a Dios todavía hay héroes pequeños o grandes como Winston que le hacen frente a lo que pareciera un destino irreversible. Salir del cine con esperanzas en esta época aciaga ya es un triunfo en sí mismo.

El vengador tóxico. (The toxic avenger), Estados unidos, 2025. Dirección. Macon Blair. Guion. Macon Blair. Fotografía. Dana González. Música. Matt Lamkin. Edición. Brett Bachman, James Thomas. Elenco. Peter Dinklage, Kevin Bacon, Elijah Wood, Jacob Tremblay, Taylour Paige, Luisa Guerreiro, David Yow, Julia Davis. Duración. 102 minutos.

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