58_18_002326«Nada me parece más misterioso que el amor»

Eduardo Rojas: ¿Cómo surgió la idea de El cerrajero?

Natalia Smirnoff: En una época yo vivía en un PH bastante viejo, las cerraduras se rompían muy seguido y siempre de noche o en fines de semana, nunca en momentos en que uno pudiera llamar fácilmente al cerrajero. Un domingo a la mañana se rompió la de mi departamento, mi mamá estaba viniendo con mi hijo que se había quedado a dormir en su casa, llamé a una vecina para que me ayudara, vinieron otros vecinos, pronto había una multitud en la puerta y ninguno pudo abrir la puerta. Tuve que llamar a un cerrajero de urgencias, que lo resolvió. Me quedé pensando: -¡Qué loco! Alguien que viene de afuera y tiene acceso a toda tu vida, sabe de pronto millones de cosas que tienen que ver con vos. Algo de ese misterio me quedó rondando. A eso se sumó aquel episodio del humo que invadió a toda Buenos Aires durante varios días. En ese momento hacía ocho meses de eso que me había llamado mucho la atención, un suceso de afuera que nos produce una especie de encierro colectivo, nos impide hacer muchas cosas cotidianas, traba todo, nos molesta físicamente; algo parecido a lo que sucedió con la gripe aviar o con las cenizas volcánicas.

ER: Otra llave.

NS: Sí, todos sucesos que tienen algo de misterio, de sorprendente como la cerrajería. Nosotros teníamos una casa en Uruguay, durante treinta años no tuvimos problema alguno, jamás entraron ladrones, pusieron una reja y al poco tiempo robaron rompiéndola con un pedazo de tronco de árbol, de manera muy burda. Todas las fantasías de seguridad y de aislamiento, que en la realidad significan una verdadera cárcel para nosotros, de un momento para otro estamos encerrados, necesitando del auxilio de otro que viene a rescatarte.

ER: En la película vinculás los dos hechos, ese público del humo con el otro, si se quiere privado, que tiene que ver con ese aspecto de la personalidad que se revela en ese momento; la llave parece un vínculo entre uno y otro.

NS: Yo diría que a veces hay períodos misteriosos y entonces todo vale, momentos en que parece que uno entre en otras esferas.

ER: ¿Podríamos decir, como hipótesis, que lo que dispara el atributo misterioso de Sebastián tiene que ver con la aparición del humo?

NS: Podría ser pero yo creo que está más relacionado con el embarazo de Mónica, el cambio producido por la posible paternidad; aunque él la hubiera rechazado, la posibilidad de la paternidad ya está presente.

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ER: Veo una conexión entre tus dos películas, desde los ambientes en donde viven los personajes, cargados de detalles casi barrocos, de pequeñas cosas desparramadas por toda la casa, hay una mirada puesta sobre esos detalles; a partir de ellos María del Carmen en Rompecabezas parece encontrar otra dirección para su vida, permanece en el mismo lugar físico pero termina en otro lugar espiritual. Me parece que a Sebastián le pasa lo mismo; María del Carmen dedicándose a las piezas del rompecabezas y Sebastián a los pedacitos de metal con que arma la caja de música, parecen depositar allí afectos que -sobre todo en el caso de Sebastián- no pueden  encauzar en otros lados.

NS: Ambos tienen en común ese tipo de actitudes; en el caso de María del Carmen los rompecabezas son una forma de ordenar el mundo, de darle un nuevo orden, con una mayor libertad interior como parte de lo que a su vida le faltaba. En El cerrajero en esa búsqueda del tono para la música de la caja, en la persecución de una música, hay una búsqueda del sonido perfecto, de la perfección en todo. Para María del Carmen armar rompecabezas es más liberador, para Sebastián armar cajas lo lleva a encerrarse un poco más, esa búsqueda del tono perfecto es su trampa.

ER: Sin embargo también hay un cambio en Sebastián, de alguna forma habilitado por los sucesos de la película, porque él termina llamando otra vez a Mónica, tal vez para reanudar la relación de otra forma.

NS: Para mí el cambio viene con esta facultad que desarrolla y que no quiere, más con la paternidad que desarrolla con Daisy, preocupándose por ella. Él parece estar trabado y esas visiones que recibe lo obligan a salir de sí mismo, le posibilitan romper el encierro, lo obligan a salir de ese encierro.

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ER: ¿Cómo fue la recepción a El cerrajero en los festivales?

NS: Depende del país. En Colombia, por ejemplo, la historia era aceptada con naturalidad, no había nadie al que le causara extrañeza, parecía parte de lo cotidiano. En Francia, en cambio, las preguntas y pedidos de explicación eran constantes. Además había insistencia en encuadrarla dentro del realismo mágico, parecía una necesidad para ellos.

ER: Y vos no estabas de acuerdo.

NS: Para nada, yo no tengo nada que ver con el realismo mágico. Por otra parte creo que el cine no tiene una correspondencia con el realismo mágico. Para mí El cerrajero está más cerca de lo fantástico. A mí me interesaba acercar lo fantástico a lo cotidiano y naturalizar lo fantástico, considerando “fantástico” a lo que se aparta apenas un poco de lo normal.

ER: Asocio la reacción del público en Colombia con el rol de Daisy en la película, un personaje muy rico que parece el único en condiciones de entender estas facultades que le sobrevienen a Sebastián; ella viene de otro lugar geográfico –el mundo andino- pero también de otro lugar espiritual que le permite convivir naturalmente con eso que nosotros llamaríamos paranormal.

NS: Todo ese aspecto mágico. De hecho la cura del huevo es algo que se practica en toda América, desde Perú hasta México; todo el mundo quema palo santo o enciende velas como una cosa absolutamente normal, porque la cultura indígena lo acepta sin prejuicios. La experiencia indígena del diálogo con los ancestros, con otro mundo, es constante y obviamente distinta a la nuestra que no puede aceptar eso con normalidad.

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ER: ¿Vos creés que ese acercamiento de Sebastián a ese mundo negado indica una apertura de tu cine en una dirección divergente de la cultura en que hemos sido educados? Yo pensaba, aún cuando haya muchas otras diferencias, en un proceso parecido al que hace Peter Weir en sus películas australianas, en particular en La última ola y Picnic en las rocas colgantes. O, si querés buscar un referente nuestro, Favio, que habla desde esa cultura negada.

NS: A mí me interesan más los estados intermedios, más cercanos. Hace unos días en San Pablo estuve en una exposición maya, me interesó su concepción del tiempo como una espiral en donde todo coexiste, no una linealidad como la nuestra. De ahí fui directamente a La Paz con la película y encontré la misma cosmovisión. Si hablamos de todo un continente unido por una misma cosmovisión aun cuando no hubiera vías de comunicación interna entre sus distintas civilizaciones, estamos accediendo a un mundo muy atrayente, con una posibilidad de integrarse a una cantidad de cosas que nuestro tiempo lineal deja afuera. Por otra parte el proceso de asimilación de las distintas naciones que conviven en Bolivia, la plurinacionalidad que están viviendo y asumen con mucha seriedad, les permite una mayor conciencia de sí mismo y de esos fenómenos. No pasa lo mismo en Perú, al menos en Lima en donde también estuve con la película, allí fenómeno no parece estar tan presente.

ER: Lo de Lima parece responder a una decisión política de invisibilización de todos esos factores culturales y de la gente que mejor los encarna.

NS: En La Paz es hermoso lo que está pasando. Es la primera vez que veo una aceptación, una revalorización de esos fenómenos; entonces se siente mucho una identidad que yo no vi en otro lado. Acá en cambio se niega toda esa cuestión, somos una mezcla muy extraña y si no aceptamos esa parte de nuestra personalidad colectiva nos vamos a seguir equivocando; nos perdemos una cultura riquísima.

Rompecabezas 2ER: Me interesa de tus películas ese planteo de problemas domésticos que se conecta desde lo microscópico con un mundo que cambia. Por ejemplo, en Rompecabezas podría verse una reivindicación feminista, pero no sé si es lo que te interesa específicamente.

NS: Yo no soy feminista, o lo soy un poco; creo que hay una desvalorización de la mujer que es negativa, un maltrato que es negativo tanto para ella como para sus hijos como para cualquiera. Estoy en contra de eso. Pero no soy una militante feminista. Hay determinadas formas de igualdad que son imposibles, creo que cada uno debe enriquecerse desde sus diferencias. Hay cosas físicas que no puedo hacer como un hombre, y eso no es lo que me importa. Creo en cambio que el modelo machista es una caja-trampa para el que está metido en ella. Sin embargo no soy una militante feminista y no creo en los géneros, en el género “mujer” por ejemplo.

ER: Justamente, primero hiciste una película, podría decirse, femenina, como Rompecabezas, y ahora hacés otra en donde el protagonismo masculino es casi absoluto, que además tiene una visión especial sobre la amistad masculina.

NS: Precisamente porque la gracia es lograr entender al otro. Si uno lograra ponerse en el lugar del otro todo el mundo sería mejor. Mi búsqueda se orienta por ahí, sin juzgar. Cuando hablo de María del Carmen en Rompecabezas lo hago desde mi propio lugar; yo, mujer, que trabajo desde siempre y me mantengo a mí misma desde siempre, tengo algún prejuicio contra una mujer que es mantenida y que no gana su dinero, parto de mi propio prejuicio para hacer ese personaje. A partir de ahí llego a una esencia femenina, pero no solo femenina, también del hombre, que es el amor a otro por encima del propio, el poder entregarse a otro por encima de sí. Lo hago desde una visión muy femenina que es especial a partir de la maternidad. A mí me pasa eso.

ER: Tengo la impresión de que tus películas parten desde un lugar que podría llamarse “costumbrista” -y en muchos ámbitos del arte si hablás de costumbrismo la gente sale corriendo para no quedar pegada-. Sin embargo creo que vos trascendés ese costumbrismo para llegar a otro lado.

NS: El problema con esos términos es que se usan de una manera muy extraña, y por eso producen rechazos. En una época se decía que Polka era costumbrista, y con ese tipo de costumbrismo  yo no tengo nada que ver; pero ahora que te digo esto pienso que yo siempre escribo a partir de cosas que me suceden, entonces es probable que haya en mi trabajo mucho de lo cotidiano. Yo no leo diarios, no escucho noticias, sin embargo a partir de mi entorno, de mi esencia es que puedo pretender el encuentro con el germen de lo cotidiano y busco algo así como el todo por la parte, aquello de “pinta tu aldea…”; un misterio pequeño al que trato de acceder. Soy una fanática perdida de Cassavetes.

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Una mujer bajo influencia (John Cassavetes)

ER: Era inevitable que te preguntara por los gustos e influencias, iba  a llegar a eso.

NS: Claro, las primeras veces que vi Cassavetes pensé “es por acá”. Hay algo que me maravilla de sus películas que no me pasa con otros, más allá de todos los cineastas que me gustan; yo no soy tanto de lo formal sino de lo emocional y del misterio, lo que siempre me produce ver una película como las de Cassavetes. Hay un documental sobre él en donde dice: “Yo hablo siempre del amor”, a mí me tomó tiempo entender eso en sus películas, y también me llevó tiempo entender que Rompecabezas era sobre el amor.

ER: Yo también creo que es una película sobre el amor. Vos hacés películas de amor.

NS: Si, (risas) son películas de amor, porque en realidad después de hacerlas me doy cuenta que nada me parece más misterioso que el amor, nada es más potente que el amor. Con lo complejo que es animarse a amar, con lo complejo que es mantener el amor. Lo que pasa es que muchas veces se lo relaciona con cosas muy banales y no siempre tiene buena prensa, pero un vínculo de amor es muy profundo y complejo, porque uno ama y no ama a la vez y todo el tiempo. Permanecer en el amor es muy difícil porque es más fácil destruir que construir, y la construcción y el amor para mí están totalmente ligados. El amor requiere una trascendencia, una transformación, y son justamente los períodos de crisis los que me parecen un vehículo al amor. En las crisis uno puede destruirse o sostenerse en el tiempo. Por eso tanto Rompecabezas como El cerrajero, como la que ahora estoy escribiendo ahora son momentos de una crisis, de una transformación. Me gusta que eso pase, que los personajes se enfrenten a esos cambios.

ER: Aparte de Cassavettes ¿Quiénes más te gustan o te influyen?

NS: Me gusta Woody Allen aunque no tiene buena prensa, me gustan las cosas que plantea. Me gusta Tim Burton,  o me gustaba. Me gustó mucho y me formó Claude Sautet. Me gusta Naomi Kawase. Vi un ciclo de Michael Haneke que me deshizo en partes, en este momento Haneke me cuesta bastante. Enfrentarse a él es un trabajo arduo, pero es un autor importantísimo.

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Max y los chatarreros (Claude Sautet)

ER: ¿Encontrás vínculos entre tu cine y el de Kawase?

NS: Puede ser, pero la vi tarde. Después de Rompecabezas.

ER: ¿Shara?

No la vi. Pero me parece que filma de una manera y entiende la naturaleza de una forma gloriosa. Para Rompecabezas había visto una de Rebecca Miller que se llama Personal Velocity, tres cortos con historias de mujeres. Pero si tuviera que señalar un antes y un después, Cassavettes y Sautet fueron los decisivos. Para Rompecabezas sin embargo tuve que volver a Tim Burton; el siempre tiene un personaje naturalista entre el resto que está exacerbado, y maneja eso de una manera increíble, trasladarlo al cotidiano me parece muy rico. En Rompecabezas hay muchos personajes cotidianos como la suegra, el marido, pero todo el resto también está un poco exacerbado o irónico. Burton en Charlie y la fábrica de chocolate lo hace muy bien; Charlie está totalmente natural, pero los abuelos o Willy Wonka están muy pasados.

ER: En Rompecabezas María Onetto está muy misteriosa.

NS: Ella es misteriosa (risas), hay personas que tienen esa cualidad de crear algo distinto a su alrededor.

ER: A la inversa Esteban Lamothe pareciera no tener eso, pero sin embargo tiene una serie de recursos con los que siempre muestra que algo está pasando dentro de él.

NS: Esteban logra con pequeños recursos sumados transmitir eso, un mundo interior, su misterio, parece emplear pocas cosas pero va logrando transmitir todo lo que se propone.

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ER: ¿Qué estás escribiendo ahora?  (Hay una interrupción, el celular de Natalia empieza a sonar con mensajes de felicitación. El cerrajero acaba de ganar un premio en el Festival de Tandil).

NS: Un guión que se llamaría La desconocid”. Yo siempre encuentro que cuando estoy por empezar a filmar algo se me empieza a generar, aparece un eco de algo vital, así en El cerrajero fue esa experiencia de encierro que te conté, que ocurrió poco antes de empezar con Rompecabezas. Previo a El cerrajero empecé a escribir con Erica Ricas una historia de una ilustradora y autora de textos infantiles que recibe un premio muy importante y gracias al cambio de status que le genera, se muda con su familia a Maschwitz. Recibe el encargo de un nuevo texto, tiene grandes dificultades para arrancar y en el medio de todo se encuentra con su ex novio carnicero, ella se ha transformado en vegetariana, él tiene un hermano cura, son parte de un entorno familiar fuerte. Ella se empieza a cuestionar su lugar, afronta su crisis creativa sin poder cumplir con su encargo; comienza a visitar al cura, que tiene un comedor infantil y a partir de allí ella comienza una transformación que le posibilita escribir una nueva historia, distinta a lo que le habían encargado. Allí estamos, estoy en el medio del proceso, pero la idea sería: qué pasa cuando uno ha alcanzado  todo aquello que se imaginaba como lo máximo, todas las fantasías que había soñado.

Aquí puede leerse la crítica de Nuria Silva sobre El cerrajero y la de Eduardo Rojas sobre la misma película.


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