el-dia-fuera-del-tiempo-c_5996_poster2Hay películas a las que no les sacaron los andamios. Muchas veces se las llama “fallidas”, ese género transversal inventado por los críticos. A El día fuera del tiempo le falta ablande, roce, salir del guión y hacerse parte del mundo de los vivos. Los actores parecen incómodos en algunas líneas de diálogo demasiado largas, más propias del papel que de la conversación. Los personajes y situaciones se dejan ver como mecanismos de guión que no logran transformarse en parte de un universo.

Hay ideas atractivas que hubieran podido funcionar si ese universo hubiera crecido más saludable: una historia policial, un whodunit en una biblioteca de un colegio de curas franciscanos con hábito medieval incluido; elementos que amagan con lo fantástico como esa nena que parece dibujar el futuro y que en un par de apariciones recuerda a las terroríficas niñas japonesas; el contexto de la sanción de la Ley de Obediencia Debida, que termina metiéndose en la historia.

Posiblemente haga falta una producción mayor, con más tiempo y espacio, para contar todo esto sin que crujan tanto los engranajes. No hay fluir fisiológico, sino un mecanismo ruidoso a punto de romperse. Hay un momento en donde esto queda muy en evidencia. El detective está en el patio del colegio y aparece un personaje que no tendrá ninguna injerencia en la historia. Un tipo que le reprocha todo lo que tuvo que pagarle a su exmujer por culpa de las fotos que revelaban una infidelidad. Recordemos que es el 87, además de la Ley de Obediencia Debida acaba de aprobarse el divorcio. En esa escena aparece el esfuerzo por no dejar nada afuera, aunque la estructura ya no lo soporte.

Pero las piezas no estaban tan mal elegidas. El detective Morgan (Gonzalo Urtizberea) invoca con su borrachera incipiente momentos de comedia que no concreta. Lo mismo podría decirse de Alberto (Diego Benedetto), el “tonto” que trabaja en el colegio desde siempre, con su absurdo corte de pelo.

EL DIA fuera del tiempo 2No está mal tampoco ese juego de pequeños mensajes ocultos que deja la película, invitando al espectador a hacer también de detective. La asesinada recuerda su pasión por la ley en su propio nombre, Norma; la alusión a los últimos Papas en el recorrido profesional de uno de los curas del colegio, de la orden Benedectina a la Franciscana.

Los directores argentinos independientes siguen probando con los géneros clásicos, posiblemente construyendo otro nuevo cine argentino. Quizás uno menos intimista, menos europeo, más masivo y popular, con la capacidad de generar sus propios tópicos y códigos donde maduren los representantes que lo inscriban en la historia del cine.

El día fuera del tiempo (Argentina, 2013), de Cristina Fasulino, c/ Gonzalo Urtizberea, María Marull, Paula Marull, Mario Vedoya, 88′.


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