El casero (Lucchesi, 2024) es una película engañosa. Parece una comedia con la tonalidad propia del cine independiente rioplatense -lo que en sí a esta altura no es un adjetivo positivo ni negativo-, pero a medida que la trama se desarrolla encontramos algunas cuestiones interesantes que exceden ese naturalismo indiferente que muchas veces juegan al fleje entre la ironía y la indolencia en la producción nacional de los últimos años.

Dos hermanos vuelven a la vieja casona familiar ubicada en Villa Carlos Paz después de dos décadas para poner en venta la misma. Marcela, interpretada por Paola Barrientos, esta recién separada y quiere hacer de esa casona un petit hotel, pero para eso tiene que vender el inmueble. El problema es que allí vive el casero, Ramón, un bonachón que pareciera haber quedado olvidado dentro del inmueble como si fuera parte del mobiliario del mismo. El otro hermano es Claudio, interpretado por Alfonso Tort, un director teatral que está intentando llevar adelante un proyecto independiente y que en su juventud hizo una publicidad por la que es reconocido por los integrantes del pueblo muy a su pesar. La película de Matías Lucchesi maneja un humor irónico y por momentos cínico que logra el objetivo de incomodar al espectador. Ambos hermanos entablan un vínculo con Ramón con el solo objetivo de poder expulsarlo de su propiedad. A medida que la historia avanza, descubrimos que Claudio nunca le dio el dinero que Marcela le enviaba para pagarle al casero por su trabajo. Mientras Lucchesi va abriendo la historia develando los secretos familiares, los espectadores comenzamos a comprender algunas de las motivaciones de los personajes. A medida que la trama inevitable avanza, y que los sucesos se desencadenan a ese tono primigenio tono Low- Fi se le van agregando ingredientes. El primero y más interesante tiene que ver con el conflicto de clases, que al comienzo parece reducirse a cierta distancia irónica y que luego se va enturbiando gracias a un humor negro considerable que al relato le sienta muy bien. Por momentos, Lucchesi pareciera estar dialogando expresamente con Los dueños (2013), esa película extraordinaria de Agustín Toscano y Ezequiel Radusky en la que también el conflicto principal tiene que ver con las tensiones de clases entre una burguesía que pareciera estar desconectada de la realidad en la que vive y las clases trabajadoras que le prestan servicio. En ambas películas ser propietario significa apropiarse del sentido de la vida del otro. De alguna manera podríamos pensar que en ambas películas la idea de servidumbre pareciera predominar por sobre la idea de trabajo asalariado lo que inquietantemente pareciera ser un reflejo de los retrocesos sociales que estamos viviendo en los últimos años en nuestro país. En El casero la solución macabra que los hermanos imaginan para solucionar el conflicto hace desaparecer el inicial aire de comedia. Un abogado mercenario interpretado por Luis Rubio y un sádico matón interpretado por Yayo Guridi le agregan una cuota notable de pesimismo y amargura a la película de Lucchesi. El final desolador en el que los hermanos quieren reparar el daño producido pareciera evocar la culpa burguesa que tan bien le sienta a nuestras clases medias. Ese final teñido de cierto existencialismo costumbrista es un verdadero logro en una película amarga que navega a medio camino entre la comedia y el policial y que se sostiene por el trabajo de actores formados en la comedia que sostienen con su presencia una historia que muestra una vez más la imposibilidad de construir un sentido común entre las diferentes clases sociales que habitan nuestro territorio. Así nos va.

El casero (Argentina, 2024). Guion y dirección: Matías Lucchesi. Fotografía: Gustavo Biazzi. Edición: Elaine Katz, Andrés Tambornino. Elenco: Alfonso Tort, Paola Barrientos, Alvin Astorga, Natalia Dalena, Luis Rubio. Duración: 82 minutos.

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