La pregunta que inicia todo proceso de cambio puede ser esta: ¿por dónde empezar?. O quizás: ¿cómo empezar? El tango, hasta la década del 80 era una escena congelada en el tiempo. Era la supervivencia de los referentes de la era de oro (Pugliese, Salgán, Goyeneche, Rivero). Era regurgitar los tangos que venían de décadas atrás a partir de camadas de cantantes que no podían salirse de los viejos esquemas y de la imitación de modelos instalados. Era la imagen que transmitían “Grandes Valores del Tango” o “La Botica del Angel” como vidrieras televisivas que replicaban más o menos lo que podía pasar en El Viejo Almacén o en Caño 14. Estaba Piazzolla, por cierto, pero en Europa y rechazado por la escena local que señalaba que lo suyo no era tango. La cuestión era cómo desmontar esa escena tradicional y conservadora.

Lo que convencionalmente se llama Tango Nuevo, surge a partir de los 90 a partir de la comprensión de que ese canon tanguero estaba datado y que no hablaba de esa sociedad, sino de una que ya no existía. Se cuece una conjunción en esos años en el paisaje de la posdictadura: la necesidad de decir otras cosas y la emergencia de las minorías y disidencias sexuales en su lucha por conquistar los derechos que se les negaban. El documental de Valerie Loewensberg recoge ese punto de inflexión para desarrollar la forma en que mujeres y miembros de los colectivos LGTBIQ+, casi como una guerrilla urbana, fueron infiltrándose en el territorio machista, patriarcal del tango para quebrar esa hegemonía y comenzar a disputar la batalla por el discurso.

Los orígenes son variados. Lxs entrevistadxs en el documental son cantoras, compositoras, instrumentistas, escritoras, bailarinxs. Provienen de las provincias, de familias con varias generaciones de artistas o se formaron mirando la tele para aprender a bailar. Heterogeneidad casi extrema y experiencias disímiles que confluyen en una escena que pasa de la tradición de La Ideal a la generación de espacios nuevos (Tango Queer, La Marshall). Por dónde empezar, entonces. El camino es zigzaguear, escapar del clasicismo de lo establecido, arriesgar una búsqueda en otras direcciones. De allí al cuestionamiento de la imagen de la mujer en el tango, hay un paso. Disitango lo ejemplifica con el tango “Amablemente”, de un cinismo y una violencia tan brutal que hoy sería inconcebible sin el rechazo generalizado (de hecho el grupo 34 Puñaladas, bautizado por la línea final de ese tango, en un momento decidió el cambio de ese nombre por las implicancias que tenía). Es Cintia Trigo quien señala que los pasos fueron la búsqueda de las construcciones femeninas en el tango tradicional (la historia que cuenta sobre “Se dice de mí” es particularmente llamativa) y que la carencia llevó a la necesidad de escribir nuevos textos desde otra perspectiva.

El documental se plantea como un relato de los pasos en una batalla conde cada avance revelaba la aparición de nuevos obstáculos. Salir de la narratividad que las ponía en valor solo en comparación con lo que hacían los hombres o que implicaba la existencia de roles estancos, que les valía el prejuicio –como expone de manera notable la voz en off en el fragmento de la obra Vinculadas- o el rechazo –considerarlas como la muerte del tango- o renegar del baile y considerarlo como expresión corporal. Su aporte se vuelve aún más trascendental cuando focaliza en dos cuestiones. La primera, reconocer la existencia de una serie de códigos arcaicos que persistían como imposición y que en esos tiempos solo tenían sentido si se los pensaba como parte de un juego de códigos compartidos. El cabeceo, la tanda de cuatro tangos, el vestido elegante, los zapatos con tacos implicaban un encorsetamiento específico para la mujer, a la que no le estaba permitido negarse a ellos (de allí que alguna voz lo considera el ícono del heteropatriarcado). El segundo, la posibilidad de cambiar de rol, de asumir el lugar de guía asignado siempre al hombre y que aparece determinado en las figuras desde las anatomías del hombre y de la mujer.

Guiar, cambiar de rol no es solo una postura ante el baile, ante la posibilidad de “estar componiendo” como señala Mariana Docampo. Cuando Suyai Serpa utiliza la palabra “empoderamiento” para definir ese cambio de roles, está remarcando el gesto político, como una definición para cambiar los valores de una sociedad a partir de una práctica artística. El afuera y el adentro de las milongas se contagian para constituirse como motor de ese cambio político. Ese que comprende los cambios dinámicos de una sociedad para avanzar hacia nuevos derechos. Disitango es la puesta en pantalla de la emergencia y el desarrollo de un discurso contrahegemónico. Un punto más en la disputa por el sentido de lo que significa, en primer lugar el tango y por extensión, la vida en toda la sociedad.

Disitango, un abrazo feminista (Argentina, 2025). Guion y dirección: Valérie Loewensberg. Fotografía: Delfina Zamora Roude, Danilo Andrés Hernández Zenteno. Edición: Laura Bua. Duración: 82 minutos

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