El Festival La Mujer y el Cine llegó a su edición número 38. Un número que impresiona si se lo piensa como lo que es: algo que surgió desde abajo, confiando en la gestión de un puñado de mujeres que pusieron en valor y en difusión, la obra de sus colegas. El casi centenar de películas entre cortos, largos y videominutos, proyectadas a lo largo de cinco días, da cuenta del crecimiento del festival, pero sobre todo del paso firme de las mujeres en la dirección de películas, concretando proyectos personales y concretando una voz que en estos eventos se convierte en colectiva. Lo que sigue son algunos apuntes e ideas surgidas de un puñado de las películas exhibidas en la sección Panorama Argentino, que pueden dar cuenta de lo que representa el festival y el cine hecho por mujeres especialmente en nuestro país.
1.Vlasta, el recuerdo no es eterno (Candela Vey/Tino Pereira, 2026)

A la par de la investigación que encararon para el libro “Por ser mujer-Biografía de Vlasta Lah”, Vey y Pereira iniciaron un documental para recuperar la figura de la primera mujer en dirigir una película sonora en la Argentina. Pero no se quedaron en ese dato central del que da cuenta la película Las furias (1960). Porque el olvido en el que cayó con el paso de los años es como una herida abierta en la historia del cine argentino y del lugar que ocuparon las mujeres en él. El documental recupera su historia y sus orígenes artísticos en la Italia de Mussolini –donde comenzó estudiando actuación y pasó luego a ocupar roles técnicos- y su partida a la Argentina junto con su esposo, Catrano Catrani, huyendo de la persecución del fascismo. Vey y Pereira responden a ese olvido con la voracidad propia de quien quiere conocerlo todo, desde el momento en que se abre la primera punta para recuperar esa historia, y ponerla a disposición del público. Con ayuda de familiares –entre otros, el hijo de la pareja- e investigadores –de Daniel López a Fernando Martín Peña y Paula Félix Didier-, el hallazgo de materiales sobre su vida va corporizándose hasta encontrar la “voz” de la protagonista encerrada en una valija llena de cartas que escribió a su hermana Neva que vivía en Trieste. Ese recorrido implica una narración que se duplica: es la historia de Vlasta, pero también es la historia de la concreción de un libro biográfico sobre esa mujer. Si el descubrimiento se vuelve notable a partir de la recuperación de las fotos de rodajes en las que se la ve en segundo plano, pero siempre cerca de los directores, el desafío que se plantea en el momento de la presentación del libro es lo que domina el último tercio del film. Porque hasta ese momento, las dos películas de Vlasta Lah –además de la mencionada, Las modelos (1962)- podían llegar a verse en las copias deterioradas de un canal de cable que las inunda de logos y sobreimpresiones innecesarias y molestas –por esa razón, en principio, se elige utilizar la banda sonora acompañada de fotos fijas de las películas. Entre la copia en 16mm que poseía Peña de la primera película y el hallazgo de las latas de la segunda película en la Cinemateca, la voz y la imagen que Vlasta lanzó al mundo puede ser recuperada en toda su magnitud. Pero es el documental de Vey y Pereira el que le da al personaje la relevancia necesaria no solo para recuperarla para la memoria artística, sino para comprender su lugar en el cine argentino.
2.Cuando dejamos de pedir permiso (Liliana María Sánchez, 2025)

La experiencia personal se transforma en voz colectiva. Un grupo de mujeres de diferentes edades son entrevistadas por la directora para dar cuenta de un trayecto que revela un estado. El trayecto es el que implica el crecimiento desde la infancia a la adultez; el estado es una sociedad marcada por el patriarcado como forma de dominio. Esas mujeres, de diferentes lugares y sitios de origen, convergen en el documental de Sánchez ofreciendo un panorama que no evita los roces y las posibles contradicciones. Porque allí lo que se da cuenta en los diferentes testimonios es la época que a cada una de ellas les tocó atravesar y la forma en que pudieron seguir adelante con sus vidas. Desde la configuración de los juegos de la niñez, lo que se advierte es el sesgo prohibitivo: esa determinación ajena a las necesidades y al gusto personal que lleva a establecer qué es lo que puede hacer una niña –y luego una joven, y luego una mujer- en una sociedad. Y no parece casual que el fútbol aparezca en algunos de los relatos como señal, en tanto territorio que durante décadas fue exclusivo patrimonio de los varones. La continuidad de esas prohibiciones se extiende en la adolescencia –con una fuerte presencia de la dominación masculina en cuanto a las primeras relaciones de pareja- y hasta en la entrada en el mundo adulto: lo que en principio se establece desde el cuerpo como territorio de dominio, se traslada a un relato en el que la dependencia económica se vuelve central. El mandato social aparece entonces en escena. La virginidad como valor, la presión social hacia el matrimonio y la heterosexualidad, el camino hacia la maternidad como forma de completarse como persona aparecen como pasos en los que se afirma la necesidad de restringir las libertades de las mujeres. Si el tramo final registra la violencia y el maltrato al que fueron sometidas algunas de ellas, lo compensa con la afirmación del rol que fueron conquistando –es muy gráfica la idea de “una libertad que tuve que arrebatar” que señala una de las entrevistadas- y la resistencia que se sostuvo desde las generaciones anteriores que fueron las que empezaron a decir “no”. Hay pocos momentos en los que el documental se sale del formato del montaje de las entrevistas realizadas. Uno de ellos, permite volver atrás en el tiempo a la conquista del derecho al voto en la Argentina. El otro, un hallazgo, es una canción de Gaby, Fofó y Miliki que resume, de manera terrible, la formulación de la sociedad patriarcal y la forma en que desde la niñez era inoculada.
3.Mailin (María Silvia Esteve, 2025)

Erase una vez una mujer que decide contar un cuento a su hija. La imagen responde a la iconografía de los cuentos infantiles: un bosque, una cama, una mujer que lee. Pero el cuento, prontamente revela la voz, es el de la historia de esa misma mujer. Y ya sabemos que cualquier cuento infantil puede encerrar miedos, terrores y horrores que hay que atravesar y a los que hay que sobrevivir. Esa narrativa se rompe cuando un mensaje telefónico de esa voz, al borde del llanto ahora, dice que está harta. Ese hartazgo -cuyas razones conoceremos cerca del final- es el de volver a contar su historia, esta vez en un documental. Y sin embargo, ahí está Mailin, encontrando en su hija Ona al destinatario natural de su relato. Y por extensión, en todas las mujeres jóvenes que pueden atravesar -en el presente o en el futuro- por lo mismo que pasó ella. Apoyada en la recuperación de un puñado de videos familiares -algunos de ellos, gastados por el uso y la necesidad de entender por qué había pasado lo que pasó-, en las entrevistas al núcleo cercano de Mailin -madre, hermana, amiga- y en los testimonios grabados durante el juicio, Esteve narra la historia de Mailin y de las consecuencias de los abusos que sufrió de parte de Carlos José, el cura de la Iglesia a la que concurría. Y sobre todo, pone en primer plano lo que implica advertir la situación de abuso en la infancia y las dificultades para ponerlo en palabras y finalmente denunciar y obtener justicia. Mailin, cuento infantil, deviene en su recorrido, cuento de terror, con lobos con piel de cordero, espacios tenebrosos y recuerdos que emergen más tarde como comprensión del horror. Aunque tal vez, como parece comprender en algún momento, no haya terror más tenebroso ni más lobos disfrazados de cordero que los que anidan en el interior del sistema de justicia.
4.Brucher, crónica botánica inaudita (Mariana Guzzante/Camila Menéndez, 2025)

Todo empieza con un misterio. Un asesinato cometido en el año 1991 en las afueras de un pequeño pueblo de la provincia de Mendoza (Ugarteche), nunca resuelto, y que alguien -un Alan al que nunca vemos- le encarga a una periodista argentina, volver a investigar. La imagen de lo que fue la casa del hombre muerto, abandonada y vandalizada hasta su casi destrucción, es la advertencia de que nada será fácil. Pero, ¿por qué volver sobre algo que ya casi nadie recuerda?. El hombre asesinado -hallado además con signos de haber sido torturado- era Heinz Brucher, un botánico alemán que había establecido en su casa en Ugarteche, el ámbito para estudiar las variedades de solanáceas –que incluye a las papas y a los tomates- que crecían de manera salvaje en América Latina. Lo que hasta ese momento puede pensarse como un extrañísimo objeto para un documental, se vuelve más interesante a medida que se pasa de los detalles de la vida de Brucher en esa zona de Mendoza a sus antecedentes. Entonces, el objeto explícito del documental en el comienzo -la posibilidad de averiguar los motivos de su asesinato- termina disolviéndose en una serie de hipótesis, que fluctúan entre lo posible y lo increíble. Y lo que queda es la trama en la que situar a Brucher y su acción como botánico. Porque no es solamente su filiación nazi a partir de pertenecer a las Juventudes, sino su forma de ascender hasta un rango importante en las fuerzas armadas alemanas y su posterior “desvío” para ser nombrado director de un Instituto Botánico que, como no podía ser de otra manera, tenía como “trabajadores” a mujeres que estaban recluídas en campos de concentración. El misterio de Brucher entonces no es solo el de los motivos que lo llevaron a la muerte a los 75 años, sino esos detalles que se van sumando en el relato, desde el momento de su llegada a la Argentina en 1948 y sobre todo, la presencia de un cargamento nunca declarado y que nadie sabe qué contenía. Hacía allí va el documental de Guzzante y Menéndez, a tratar de establecer a partir de los datos hallados del personaje, qué es lo que puede haber traído en ese cargamento. Sobre el final, se arriesga una hipótesis que algunos entrevistados parecen corroborar y que tiene como sostén el robo de un tesoro durante la invasión nazi a la Unión Soviética. Si la historia se vuelve apasionante no es solo por esos caminos que se logran desandar para reconstruirlos, sino por las implicancias de ese tesoro robado que se esfumó en algún lugar de este país con el tiempo. Y sobre todo, porque sabiendo que se mueve sobre territorios inestables, no intenta afirmar de manera contundente aquello que el tiempo ha impedido cualquier posibilidad de ser probado.
5.Te amo Antoño (Tamara Leschner, 2026)

Un día en la vida de Carla puede convertirse en circular, pasando del llanto inicial en el diálogo con ese Antoño del título al final en la soledad de su casa. Pero esa aparente invariabilidad que va de un extremo al otro, de una noche a la siguiente, es la excusa para un recorrido que se inicia en la visita de su amiga Laura y la propuesta de ir a pasar el día al borde del río en Vicente López. El recorrido que sigue la película en sus dos protagonistas elude la linealidad e inscribe su estrategia en las detenciones y desvíos que provocan los encuentros casuales o buscados -para resolver un problema puntual- a lo largo del recorrido. En ellos encuentra los elementos para desarrollar una comedia de baja intensidad -la relación con el cine de Matías Szulanski es tan clara como su aparición como uno de los personajes secundarios- que antes que apostar por lo que provoque la risa, convoca la incomodidad que plantea la desviación continua del objetivo planteado. Pero también, en la centralidad del personaje de Carla, explora las características que ya aquella primera escena parece estar delatando: el pasaje abrupto de la declaración de amor al odio señala la manera en que el personaje se moverá a lo largo del relato. Carla se transforma en un personaje que, en lugar de despojarse de sus cosas, irá perdiéndolas por el camino -como a su amado/odiado- por sus propias distracciones, se trate de una mochila, de la bicicleta de su hermano, del auto de su madre y hasta del perro que le dan para cuidar. Ese relato que sostiene la mirada del personaje en el centro, se revierte en el final en el momento en el que su amiga le reclama que no se interesa por lo que le pasa a los demás. Carla, en cierto sentido, como personaje, se va desvistiendo, a su pesar, a la vista del espectador hasta llegar a ese final en el que el significado del segundo llanto ya es otro, para el personaje y para quienes la observan. Que la escena final, por fin salga de ella, es la reivindicación de que hay otro mundo más allá del personaje.
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