El domingo pasado se murió Pablo Ventura. Estaba leyendo una novela de Raymond Chandler mientras tomaba unos mates y de repente tuve la mala idea de mirar el teléfono. Un mensaje de Paula me avisaba de su muerte. Como me pasa siempre en estos casos, el estupor me dejo paralizado. Pablo no era amigo mío, si uno piensa que un amigo es alguien al que uno ve con regularidad y en momentos claves de la vida. Si bien Pablo no cumplía esos requisitos, difícil no sentirse amigo de alguien como él.

Llegue a escribir en Hacerse la Crítica porque estaba en un mailing de la revista El Amante. Era el año 2013. Mi vida era tan radicalmente otra que no había sido todavía padre. Un día me llego un mail de una tal Paula Vázquez Prieto, que estaba realizando cursos de cine policial francés. La tal Paula Vázquez me sonaba de algún lugar, porque yo leía desde hacía algunos años sus críticas en El Amante. Abrí el mail y vi el listado de películas que se iban a analizar en el curso y me anoté inmediatamente. Un lugar en donde iba a poder hablar de directores como José Giovanni y Jaques Deray sin ser considerado un freakie, me parecía suficiente incentivo. Hice ese curso y quedé fascinado. Paula tiene una sabiduría cinéfila fuera de lo normal y es de esas personas que comparte sus saberes y nunca se los atesora. No utiliza la diferencia para imponer poder sino para democratizar el acceso a la cultura.

Tentado, a los meses hice otro curso, en este caso de policial americano. En ese momento ya era padre y ya estaba harto de mi vida laboral. Hacía muchos años que leía critica de cine entre tantos otros géneros y fantaseaba con escribir alguna vez en algún medio. Un día, medio de caradura, le escribí a Paula diciéndole que tenía una nota sobre Rocky. Hacia unos meses que creo que ya existía Hacerse la Critica, que para mí era la continuación más virtuosa de lo que había sido El Amante. En ese momento HLC era dirigida por Paula junto a Marcos Vieytes y colaboraban muchísimos redactores. A diferencia de cualquier otra revista de cine que hubiera leído, el acercamiento de las notas se parecía más al ensayo libre que a la crónica cinematográfica propiamente dicha. Los textos eran largos y no hablaban solo de cine. En ese tiempo hermoso de lector descubrí a notables críticos como Nuria Silva, José Luis Visconti, Gabriel Orqueda – de quien tengo la dicha de considerarme su amigo- y Pablo Ventura entre otros. Cuando Paula, después de varios días, me aviso que mi nota se iba a publicar y que les había gustado, sentí que estaba jugando en la selección. A partir de ahí, me hice fan del medio más de lo que ya era como lector y comencé a leer casi todo lo que ahí se publicaba.

Inmediatamente me hice fanático de los textos de Pablo. Tenía una manera de acercarse a las películas desobedeciendo cualquier manual de corrección política, solo siguiendo su propio goce. No le importaba criticar cualquier cosa sin pensar en si eso que estaba criticando podía representar, para alguien, los diez mandamientos de la cinefilia bien pensante. Fanático de River como yo, en lo relativo al futbol era igual de cortante. Lo que decía, lo decía de tal manera que sus palabras no pasaban inadvertidas para nadie. Al año de publicar mi nota sobre Rocky, un mail de Paula me proponía ir a ver privadas a cambio de hacer reseñas criticas de las películas que viera. No tarde ni diez segundos en contestarle que sí. De eso hace ya 12 años, y desde ese día, cuando alguien me pregunta qué soy, contesto crítico de cine. Desde el momento que acepté ser parte de HLC sentí haber llegado a un lugar al que había anhelado estar durante muchos años. Compartir lo que uno ama con gente buena y generosa no es una experiencia frecuente.

Desde que empecé a escribir asiduamente para la revista mi relación con Pablo se hizo más cercana. Nos mandamos solicitud de amistad en Facebook y sin dudas ese fue, de todos los canales, el que más me permitió conocerlo. Las redes sociales son realmente una segunda vida y en todos estos años una de las mejores cosas que me pasaron en esa vida virtual, fue tenerlo a Pablo cerca mío de esa forma lejana y misteriosa que es la amistad. Leyéndolo en las redes descubrí algunos de sus trucos y terminé de quererlo así como era. Sus miradas indubitables sobre cine y futbol, en general, eran muy diferentes a las mías y eso me a veces me enbroncaba. Había algo de soberbia en esa mirada radical sobre lo que le gustaba, pero esa mirada innegociable demostraba su amor pasional por las cosas que quería. A veces me hinchaban las pelotas las maneras tan tajantes de referirse a artistas o deportistas que a mí me parecían valiosos. Recuerdo al azar discusiones por Whatsapp por Jim Jarmusch, Marcelo Bielsa y Rodrigo Fresán entre otros tipos que yo adoro y el detesta. Pero al toque que descubrí ese modo jactancioso de referirse a lo que le gusta y a lo que no le gusta, descubrí que su verdadera pasión no era el arte sino la vida. Lo que más me gustaba de la interacción de Pablo en las redes sociales era leer los textos que escribía sobre su padre, su hermana, su mujer Jimena y su hija Mechi. A veces me preguntaba, después de leer una de sus crónicas futboleras, por qué no escribía con más frecuencia, pero luego comprendí que la obra de arte que Pablo maceraba era su familia y que eso le bastaba para ser feliz. Cuando Pablo se refería a su mujer y a su hija, sus palabras iluminaban al lector y uno sentía el calorcito del amor a lo largo de todo el texto. Esa misma dulzura tenía cuando me mandaba un mensaje preguntando por mi familia. Esa misma dulzura y nostalgia con la que se refería a las pérdidas de su padre y hermana a los que mantenía vivos en sus textos, con la misma obstinación que tenía el personaje de Francos Truffaut para mantener vivo el recuerdo de su mujer amada.

Toda muerte de un ser querido es un golpe violento al alma. Los recuerdos se nos atragantan y quedan congelados para siempre en nuestra memoria y de esa forma los que no están más se quedan para siempre cerca nuestro. Con el transcurso de los días el dolor cederá su lugar a la felicidad de haberlo conocido y haber compartido la vida con él. Busquen sus textos en HlC en donde combina enciclopedismo y divertimento y van a ver qué experiencia hermosa es leer a Pablo, un amigo que siempre estará charlando con nosotros.

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