Si la pregunta es cómo se construye un mito popular, la respuesta solo puede encontrarse yendo al lugar donde ese mito se ha forjado. Deborah Narváez se embarca en un viaje que la lleva hacia Pehuajó, para descifrar el posible misterio de los motivos por los cuales la tortuga Manuelita, en la canción, vivía en esa ciudad de la provincia de Buenos Aires. Ya se sabe, esa canción infantil, tal vez la más famosa de la Argentina, escrita por María Elena Walsh, relata la historia de una tortuga que se marcha de Pehuajó para irse a París. Pero el viaje en sí mismo es lo de menos –que en todo caso sean los franceses, si les interesa, los que se encarguen de dilucidarlo. Lo que importa es por qué Pehuajó.

Hipótesis varias. La de la rima es la más verosímil que se explora, porque da lugar a la posibilidad de que hubiera sido otra (como Cutral-Có, por ejemplo). Deja abierta la duda, en todo caso, de por qué se eligió un nombre que rimara y no otro. La de la tortuga traída por un comerciante del lugar es la más consistente con la construcción de una mitología. Imaginen un pueblo de provincia a mediados del siglo pasado. En la plaza central de ese pueblo, una tortuga gigante atada a uno de los árboles termina por ser una imagen tan potente como para perdurar por décadas en el imaginario del pueblo y en la transmisión oral de esa historia. La de la elección por familiaridad es la que menos apela al mito, la que se asienta más en elementos de lo real: que María Herminia Avellaneda, amiga de Walsh, tenía parientes allí parece ser lo único que se puede comprobar con certeza. Sin embargo, el documental no cierra sobre ninguna de las opciones. Las comprende como partes del mito del pueblo, esas historias que corren para ver cuál de ellas se impone, si en algún momento eso termina por resultar posible.

Habrá que entender pues, que Manuelita, dónde estás trabaja sobre la oralidad como fuente de conocimiento y difusión. Se reconstruye en imágenes animadas la historia de la tortuga atada tal como se la cuenta, pero en el resto de los casos se vale del relato de los habitantes de Pehuajó que, con diferentes variantes, trazan un mapa de las posibilidades. Lo que encuentra la directora es que esos relatos revelan una pasión despegada de las formas del fanatismo purista, que trabajan sobre la reivindicación de los elementos de la identidad que lo diferencia de otros espacios. Es allí donde el mito se termina de forjar, en la conjunción de esos relatos y de un imaginario social que se pone en la escena cotidiana del pueblo. De allí deriva un estatus heroico de un personaje ficticio: al situar de manera universal a Pehuajó, Manuelita deviene heroína que reemplaza a los héroes del panteón de la patria. Es Manuelita quien domina la construcción de la imagen del pueblo desde su representación a partir de la monumentalidad.

La pregunta del título, que retoma una línea del estribillo de la canción, no tiene una respuesta única posible. La autora, ya fallecida, nunca se explayó sobre el motivo de la elección, por lo que solamente queda especular. A sabiendas de que no hay definición posible al enigma, la especulación se traza de manera lúdica, un juego que abandona cualquier atisbo de competencia. A la vez, permite alumbrar una zona en la que diferentes relatos conviven en la narrativa de un espacio común. Versiones, en fin, como las que representan los diferentes monumentos dedicados al personaje, hasta ese nuevo cuya instalación la cámara registra. Ellos son, en su medida, versiones de una misma historia. Lo que el documental capta finalmente y celebra, es que, como los relatos orales, esos monumentos son apropiados por locales y extraños, de acuerdo a las necesidades de cada uno de ellos para construir su propia historia del personaje y de la canción.

Manuelita, dónde estás (Argentina, 2025). Dirección y guión: Deborah Narváez. Fotografía: Leonardo Florentino. Edición: Deborah Narváez. Duración: 64 minutos.

Si te gustó esta nota podés invitarnos un cafecito por acá: