
*En el comienzo, el tiempo transcurre lento, entre las tareas habituales y el silencio del bosque patagónico. Los guardaparques enrollan las mangueras, hablan entre ellos, determinan a quién le toca preparar el almuerzo. Un auto con turistas que preguntan dónde pueden bajar al río es la única alteración del paisaje. Ese tiempo maleable les permite salirse del espacio habitual, por ejemplo, para salir a remar en la canoa por el río. En ese lapso inicial de Brigadistas, todo es de un verde tan intenso que parece no haber otro color. El bosque, el río, la montaña aparecen como un espacio armónico en el que la presencia de esos hombres es simplemente preventiva.
*Un segundo paso en la reconstrucción del trabajo de los guardaparques aparece unos minutos más tarde, cuando el documental comienza a registrar la estructura en la que se mueven los personajes retratados. Desde el momento en que vemos a Mariana por primera vez, en su oficina de Junín de los Andes comunicándose por radio con los diferentes sectores para reportar la existencia de alguna novedad, lo que se observa es una red: un entramado que va ligando el trabajo en el campo, la unificación de los reportes y la planificación de las tareas. Allí, el color dominante pasa a ser el amarillo. El de los chalecos con la identificación de la estructura a la que pertenecen (Prevención del Fuego de la provincia de Neuquén) y hasta el de la avioneta con la que se movilizan. Como si el color estuviera señalando la posibilidad inminente de un riesgo. El trayecto de esas imágenes es el señalamiento de la necesidad de estar preparados: del control de lo que ocurre en el territorio de los parques, pero también en el minucioso ordenamiento de los instrumentos de trabajo en el cuartel de bomberos.
*En esos dos tramos, la preminencia es de la quietud. De una especie de espera en alerta para ponerse en movimiento. El trabajo preventivo como una rutina en la que hay que cumplir con las horas de trabajo, aunque con tiempos vacíos que se ocupan jugando a la playstation o compartiendo un asado. Allí el relato se permite algunas desviaciones, sacando a los personajes del ámbito laboral. Se los muestra en familia, en celebraciones de cumpleaños o en las rutinas compartidas con padres o hijos. El alerta y la salida de la camioneta y la autobomba en medio de la noche altera esa detención del tiempo y los pone en movimiento.
*El primer foco de incendio es como la chispa que se expande desde Neuquén hacia el sur. Los canales de televisión de Buenos Aires dan cuenta de ello con su habitual distanciamiento como fondo sonoro (informan un hecho, no siguen la noticia, se regodean con la posible destrucción). Los chalecos amarillos se multiplican. Se le suman los cascos. Las avionetas y drones sobrevuelan las zonas que se están incendiando. Se trazan mapas y límites provisorios. La cámara filma esa puesta en movimiento menos como un documental que con los encuadres y los ritmos de las películas de acción de la década del setenta (los helicópteros y la avioneta son esenciales en esa percepción). El tiempo ahora deviene otro: se convierte en un continuo, en la sucesión interminable de focos de incendio que hay que tratar de apagar y de hombres que se van sumando a la tarea. El color dominante vuelve a cambiar: el rojo intenso del fuego devorándolo todo en el día y en la noche se vuelve el centro cromático.
*Una de las mujeres que trabajan en Prevención del Fuego en Neuquén, viaja a Tierra del Fuego para coordinar las acciones frente a un incendio desatado en las cercanías de Tolhuin. Ese evento se narra en paralelo con los incendios más al norte para dar una dimensión de continuidad que se expande a lo espacial. El relato entonces, fluctúa entre uno y otro, sin poner énfasis en las diferencias. Lo que antes era un registro relacionado con el cine de acción, se vuelve ahora más cercano a una película de guerra: planificar el ataque contra ese enemigo que es el fuego, disponer los hombres necesarios para reconquistar ese territorio, recuperar las tierras amenazadas y las devastadas por el fuego. Si en una película tradicional de guerra, los soldados instalan ametralladoras y cargan fusiles, aquí lo que llevan a través del bosque son las mangueras, mientras cargan con palas y motosierras para despejar el camino, para derribar lo que fue consumido por el fuego. El color de la pantalla ahora es el gris: el del humo que se levanta por entre los árboles, el de las cenizas en el suelo, el de las cortezas alcanzadas por el fuego. La escena con la que cierra la película, remite al final de esa guerra: el retorno a un ámbito familiar, a un orden recuperado, a la casa que sobrevivió a la devastación, a los recuerdos de otras guerras contra el fuego en el pasado. Adentro, en la chimenea, está el otro fuego, las otras cenizas, las que no se llevan con ellas el territorio y la vida.
Brigadistas (Argentina, 2025). Guion y dirección: Andrés Cedrón. Duración: 78 minutos.
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