La reciente edición de La mirada cinéfila por parte de Taipei Libros, adquiere un valor doble. En primer lugar, porque recupera un libro hoy prácticamente inhallable, y que fuera editado en el marco del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en el año 2013 -de hecho, su autora señala el papel que jugó José Martinez Suárez para llegar a esa edición original. En segundo lugar, porque es un eslabón más en la recuperación que la editorial viene haciendo de la crítica de cine argentina y que ya suma volúmenes dedicados a los escritos de Abel Posadas, José Miccio y Emilio Bernini.

Y es que el trabajo de Daniela Kozak se focaliza en lo que fue la revista de cine argentino que marcó un hito: Tiempo de Cine, surgida a partir del Cine Club Núcleo y de la necesidad de acompañar la emergencia de un Nuevo Cine que asomaba en la década del 60. La revista, que es una de las más longevas de la historia de las publicaciones sobre crítica de cine en la Argentina, había quedado durante largo tiempo confinada al recuerdo de los memoriosos. El rescate de los números editados por parte del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA) y el trabajo de análisis que emprendió Kozak permitieron volver a poner en valor la contribución que hizo la revista y recuperar su lugar en la historia de la crítica de cine, como así también rastrear la influencia que desplegó en sus sucesoras -en especial en el boom de las revistas de cine producido a partir de la década del 90.

El trabajo de Kozak se centra en la identificación de una serie de líneas editoriales que la revista mantuvo a lo largo de su existencia. Pero así como se constituye en un período en el que la palabra se situaba en un contexto político de disputa en el campo de las publicaciones -los años de Tiempo de Cine coincide con una década en la que aparecieron otras revistas clásicas como Panorama y Primera Plana-, Kozak reconstruye la herencia crítica que desemboca en la publicación. Más que en la historia de las revistas de cine centradas en la difusión y consolidación de un star system, encuentra en las formulaciones de Romero Brest desde la crítica de arte o en lo que había comenzado a esbozarse en las páginas del diario La Nación -con las firmas de Ernesto Schoó y Tomás Eloy Martinez-, un antecedente que permite comprender la ruptura que implicó Tiempo de Cine.

Kozak identifica en la editorial del primer número -que en esta reedición se reproduce en su totalidad en el anexo- una toma de posición contundente que guiará el recorrido de la publicación. El diagnóstico que ensaya sobre el cine argentino de ese momento es el punto de partida para la focalización que la revista hará sobre ese universo, como un intento de intervención cultural (algo que posteriormente El Amante conquistará como herencia a fines de la década del 90, con el surgimiento de otro “Nuevo Cine”). Kozak detecta en esas páginas la idea de la necesidad de una nueva crítica que acompañe el surgimiento de un nuevo cine, como el que parecía encarnar en la que fue llamada “La Generación del 60”.

En ese sentido, el libro ilumina sobre cuestiones estructurales y sobre líneas de trabajo de la revista, señalando a partir de ellos, la renovación que supuso para la práctica. Una serie de elementos emergen como constitutivos de su marca: la utilización sistemática de la editorial para expresar la postura colectiva en materia cinematográfica; la tendencia a la escritura como parte de una búsqueda por llevar la crítica a la forma del ensayo cultural; la importancia que asumía la crítica de cine, especialmente en los estrenos nacionales; la cobertura de festivales de cine y las entrevistas a actores y directores; todos, elementos que construyen un perfil que rompe con las tendencias que seguían las revistas de cine hasta ese momento en nuestro país. Pero también, y como consecuencia de ello, se advierte la reflexión y el cuestionamiento hacia la crítica dominante hasta ese momento, con el fin de valorar al cine como un arte autónomo y a la crítica como reflexión intelectual.

De esa manera, Kozak no solo define los contornos de la revista, sino los elementos que la distinguen. Es allí donde la recuperación del concepto de autenticidad que se sostenía desde sus páginas, alcanza una centralidad porque de esa manera le permitía definir por contraste, al cine de su época con el anterior y sus propias características como publicación en relación con otras que la precedieron. De esa forma, el libro consigue determinar la influencia que ejerció en su momento, como instancia de consagración y de validación, tanto como de lo que ejerció sobre publicaciones posteriores.

La reedición del libro de Kozak tiene unas pocas variantes y reescrituras respecto del original. La diferencia fundamental la establece la decisión de incorporar un profuso anexo en el que se compilan una buena cantidad de textos publicados en diferentes números de la revista. La elección no es ociosa, sino que permite establecer una línea de diálogo con el análisis de Kozak y que estaba ausente en la edición original. Más allá de ese agregado, la posibilidad de poner en circulación nuevamente una investigación analítica sobre una de las revistas más influyentes en el campo cinematográfico argentino, se vuelve un rescate absolutamente necesario.

La mirada cinéfila. Daniela Kozak. Taipei Libros. Buenos Aires, 2026.

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