Toc_Toc-383044215-large Splat. Eli Roth saltó al reconocimiento mundial como director de la nueva ola de cine de horror con Cabin Fever y posteriormente con la saga Hostel (I y II), en todas suplantando la falta de originalidad con un tratamiento brutal y extremadamente gráfico de sus argumentos mínimos, lo cual tampoco implica que Roth descubrió el agujero del mate ni lo convierte en un maestro de tan bastardeado género. No obstante, la calificación de su obra como de culto y el padrinazgo de Quentin Tarantino (quien luego de darle un rol episódico en A prueba de muerte le otorgó un destacado papel como el fiel ladero del nazi hunter Aldo Raine en Bastardos sin gloria, donde también pudo descargar a gusto su sadismo) además de cierta crítica que interpretó el despliegue gore como comentario social -Romero levantaría una ceja por encima de sus enormes anteojos- hicieron lo suyo para que la filmografía de Roth fuera elevada a cánones tal vez excesivamente generosos.

Pololo. Aún con estos pergaminos y  el crédito abierto, por un tiempo sus películas se espaciaron brindando más lugar a su vena actoral y de productor hasta que en 2014 presenta la aquí inédita The Green Inferno, coproducción estadounidense con Chile. El pololeo con la hermosa actriz chilena Lorenza Izzo y su amistad con el joven cineasta local Nicolás López lo animaron a este cóctel filmado en la jungla peruana con referencias y homenajes explícitos a Holocausto Caníbal (1980, Ruggero Deodato), una de las películas favoritas del muy cinéfilo Roth. De complicado trámite para su estreno, este infierno fue seguido inmediatamente y con similar casting por otro embate cinéfilo de quien es reconocido, junto a Tarantino y el no menos célebre Robert Rodríguez, como los ya-no-tan-enfant terribles de la revalorización del cine clase B y sus siguientes letras del abecedario: la remake de un oscuro film llamado Death game (1977, Peter Traynor), que como todo lo filmado en el género “casas tomadas por degenerados” después de La última casa de la izquierda (Wes Craven, 1972) llegaba tarde, aunque la variante aquí era que se trataba de villanas.

Golpeá que te van a atender /La carne débil. Tal vez buscando esta vez más solidez a sus planes, al elenco y locación chilena (ambientada como un barrio de las colinas de Hollywood), Roth sumó el protagónico y producción de Keanu Reeves, que viene recorriendo un camino peligrosamente parecido al de Nicolas Cage, surfeando entre la estima y el repudio de crítica y público por su elección de papeles. Reeves es aquí Evan Webber, un arquitecto muy familiero que justo para el fin de semana del día del padre tiene que quedarse solo en casa a laburar y es interrumpido en plena tormenta nocturna por dos hermosas jóvenes quetrailer-for-keanu-reeves-terrible-psychological-thriller-knock-knock necesitan llamar por teléfono ya que camino a una fiesta se perdieron y sus celulares están empapados. Sí, el tip de zambullirlos en una taza de arroz aparece como alternativa así como el recurso de meter las pilchas de las jóvenes a secar y mientras tanto prestarles unas batas y hablar banalidades hasta que venga el taxi y las chicas recuperen los celu y el calor. Esto último es lo que primero recuperan cuando aparece un tercer recurso: el de las gatas y el ratón que pone al buenazo y fiel de Webber (no representará 50 pero Keanu está cada vez más cara de piedra) en un creciente aprieto entre las más de cuatro paredes de su casa que se van pareciendo a un laberinto que lleva del placer al dolor y algo más.

Casquivano Roth. Después de una primer media hora correcta aunque impersonal donde nos introduce en el mundo privado altamente tecnológico de Webber y flía, sorprende en el creador de Hostel la moralina desparramada en riel paralelo tanto al despliegue sado-erótico de cotillón como al castigo que sufre Evan por no darse cuenta de que cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía. Cada golpe de impacto -previsible y rutinario ya que el film lo necesita como sostén como las comedias aburridas que mendigan un gag– va sumando por si fuera necesario subrayado por las propias coprotagonistas y la aparición de fotos familiares por todas partes (ya sabemos que son felices pero ¿hace falta tanta gigantografía, querido?) la apelación al espectador sobre qué se merece el desgraciado de Reeves por una canita al aire, para colmo en formato de inesperado delivery. Salvo algún momento fugaz donde se remeda a El falso escultor (1959, Roger Corman), la marca Roth si es que la hubiera, desaparece por absoluto en esta pacata puesta al día de aquél film de Peter Traynor que, como el mencionado antecedente de Craven, no aleccionaba tanto ni tampoco redondeaba ciertas conclusiones a tono de comedia como se permite hacerlo Roth.

Knock Knock (EE.UU. / Chile, 2015), de Eli Roth c/ Keanu Reeves, Lorena Izzo, Ana de Armas. ’95.


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