
1.Se parte de una pregunta, que una voz en off se formula: “¿Y si un día esta ciudad es arrasada?”. La ciudad es Buenos Aires y la cámara la muestra ingresando por el Río de la Plata al Riachuelo, como si se tratara de uno de esos potenciales invasores del futuro –o de los conquistadores españoles del pasado- mientras las preguntas y el relato continúan. Mientras el arco temporal se traza entre aquella primera fundación de la ciudad en 1536 y la potencial invasión que arrasaría con la cultura. De aquella primera ciudad fundada por Pedro de Mendoza, no quedó ningún rastro: se la abandonó y se quemó todo. De esta ciudad que lleva más de cuatro siglos en pie, queda la incógnita de lo que sobreviviría si alguien decidiera dejarla atrás.
2.No se piensa en quién sería ese otro invasor. Se pregunta qué dejaría en pie, qué vaciaría de contenido. Se trata entonces de pensar en el espacio público como constructor de una imagen de una ciudad, un pueblo, una cultura. Y de manera inversa, la forma en que el emplazamiento de los monumentos cristaliza esa imagen de manera oficial. “Pensá en esto”, dice la voz, que significa la palabra en alemán para monumento. Fijar una imagen para pensar en su significado. Para no olvidar.
3.Se hace la pregunta que siempre se omite. Quién construye esos monumentos. Quién los manda a construir. En ese pasado simbolizado en el descubrimiento de lo filmado durante la construcción del monumento a Cristóbal Colón –que quedó resguardada en el vientre del monumento y que solo vio la luz con su traslado- está la confluencia de las posibilidades. Era el Estado, o en su defecto, gente con dinero. En 1920, la gente con dinero era quien ocupaba el Estado desde el gobierno. Los intereses y visiones de éstos se articulaban con los de aquellos. La visión del Estado sobre la Historia era la de esa aristocracia vanidosa que se empeñaba en autocelebrarse desde las alturas a las que otros no llegarían –no deberían llegar- jamás.
4.Los monumentos reproducen la simbología legada por esa clase dominante del pasado. Cristóbal Colón en los jardines anexos a la Casa Rosada, “como si fuera un héroe nacional”. Julio Argentino Roca, a pocos metros (“¿Cómo nadie derribó todavía a Roca?”, se pregunta). Pero sobre todo, el foco está puesto en la presentación que se hace de la mujer y de la clase trabajadora. Las primeras, generalmente desnudas total o parcialmente, están puestas para representar conceptos abstractos. Los segundos, como parte del pueblo, aparecen representados en el momento del sacrificio. Por esa razón, el Canto al Trabajo que diseñó y colocó el primer peronismo en la terraza del Ministerio de Obras Públicas es una fisura en esa concepción: pone a los trabajadores en las mismas alturas que la aristocracia. Señala su triunfo. Como lo era el proyecto del Monumento al Descamisado –enclavado en medio de la Recoleta y Barrio Parque-, desmesurado pero significativo del nuevo lugar alcanzado por las clases trabajadoras. La Revolución Libertadora restauró el desequilibrio: promovió la humillación, haciendo que los mismos que colocaron aquellas figuras sean quienes las retiren y pretendió eliminarlos de la memoria arrojándolos al fondo del Río de la Plata. Un procedimiento que antecedió en apenas dos décadas a los Vuelos de la Muerte en los que los militares se deshacían de seres humanos.
5.Sin embargo, la memoria. Siempre hay alguien que recuerda, siempre hay alguien que resiste. Así se recupera una parte de las esculturas del fondo del río, así los trabajadores se reservan el poder de decidir cuándo iluminar a Eva Perón en el Ministerio de Acción Social. Recordar sirve.
6.Los monumentos parecen piezas quietas. Parecen no decir nada. En el movimiento, postula Recordá esto, algo se activa. Dos desplazamientos: el de Colón a un sitio marginal en la Costanera; y el de Juana Azurduy hacia el centro Cultural Néstor Kirchner, sustentan la idea de la fascinación del movimiento de algo que va a quedar quieto por siglos. “Es como si al trasladarse, la estatua volviera a hablar”, dice la voz. No habla, pero dice. El movimiento lo pone en primer plano, reabre la curiosidad, la pregunta por su significado, por el lugar que ocupa, por el sentido que se le pretendió asignar.
7.La quietud también. Porque el otro tipo de desplazamiento que se registra es el de los monumentos que se retiran para ser restaurados. No porque interese registrar el espacio vacío que dejan circunstancialmente, sino porque ese movimiento habla del descuido y de la necesidad de una reparación, de una puesta en valor que pide la imagen para que su efecto se renueve, para que no se pierda en la fragmentación o la ausencia de color. “Son personas que vuelven de la muerte” se dice en algún momento. Dialogan con ese presente en el que la mirada vuelve a posarse sobre ellos. Dicen siempre algo que los excede, a ellos y a su tiempo, como esos monumentos descabezados, rescatados de las aguas del río que es vertedero de la historia y que desde los jardines de una quinta en San Vicente, son testimonio de la barbarie violenta de los forjadores de la Nación.
8.Recordá esto es más que un documental, un ensayo. Y como tal, sostiene una mirada sobre el objeto de su estudio. El título se postula como llamado a una continuidad relacionada con la memoria y que se despega de la fascinación del monumento. Importa auscultar, en todo caso, eso dispuesto a quedar quieto en un lugar. Una definición del monumento asoma en el tramo final: “un pedazo de pasado incrustado en el presente”. Algo que invita a recordar pero también a señalizar, a construir una noción de Estado y de Nación desde lo simbólico. La idea de que un monumento es a la vez una operación de ingeniería y de política es precisa, pero sobre todo, necesaria. Organiza un espacio común, naturaliza los símbolos, escribe en los lugares públicos la historia política como si estuviera desplazada de la ideología, de la clase dominante. El llamamiento que hace el título es a recordar justamente eso.
Recordá esto (Argentina/Alemania, 2024). Guion y dirección: Matías Capelli. Fotografía: Juan Renau. Edición: Pablo Mazzolo. Duración: 65 minutos.
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