
La cuestión es cómo se resuelve un enigma.
Para Felipe Pigna, Manuel Ugarte es eso, un enigma que la historia argentina del siglo veinte parece empecinada en no nombrar. Algo que se hace eco en su bisnieto, que lo “descubrió” como personaje político al encontrar el libro que escribió Norberto Galasso sobre su vida.
Se investiga entonces. Se vuelve a remontar la historia hasta los orígenes del personaje para luego avanzar en su tiempo histórico y sus acciones. Ugarte vuelve, entonces. Aparece multiplicado desde la perspectiva que Pigna elige para narrarlo.
Es el que nació en el seno de una familia relacionada con la elite porteña.
El que viaja a París a fines del siglo diecinueve para relacionarse con la bohemia de ese tiempo.
El que encuentra en la escritura una forma de asumir un compromiso intelectual, mamado de Emile Zola, a partir de su intervención en el caso Dreyfus (hasta puede pensarse en que sus textos se volverán variantes, adaptaciones del “J’accuse” del francés).
El afiliado al Partido Socialista.
El influenciado por Jean Jaures.
El que recorre América denunciando a los monopolios estadounidenses.
El que vuelve a la Argentina, recibido en silencio y luego echado del partido.
El que parte a un exilio que durará dieciséis años en Francia.
El que vuelve a la Argentina con el advenimiento de Juan Domingo Perón (“Ahora sabemos qué somos y hacia dónde vamos, ahora tenemos nacionalidad”, dirá en ese momento).
El que fue embajador en México, Cuba y Nicaragua.
La pregunta pasa a ser si eso resuelve el enigma.
Si se es estrictamente justo, solo parcialmente. La línea narrativa histórica en un documental permite revelar el proceso evolutivo de una situación o un personaje, pero es limitativa si no se supera la barrera que implica la enumeración de acontecimientos. Un personaje histórico no se comprende por una sucesión de acciones, sino que se debe organizar una mirada externa que permita entenderlas en un tiempo y espacio determinados.
Por esa razón, Ugarte, en el documental de Pigna y Molnar no está en esa sucesión de hechos en los que se insiste como planteo biográfico, sino en los pliegues que aparecen entre ellos. No es su conversión en escritor, sino la forma en que sus escritos trabajan sobre el conflicto que implica la pretensión de dominio territorial de los Estados Unidos sobre el resto de América (la lectura que hace sobre la famosa frase de la doctrina Monroe, “América para los americanos” es una síntesis posible de ese modelo). No es su afiliación al socialismo argentino, sino las brechas que encuentra para establecer una oposición al discurso oficializado (en especial respecto del colonialismo que Europa se negaba a poner en discusión). Y tampoco es su decisión de girar por América, sino la forma en que de una manera más o menos disimulada, los Estados Unidos se dedicaron a perseguirlo y obstruir cualquiera de sus intervenciones, convirtiéndolo en un enemigo central para sus planes.
El Ugarte que reconstruye el documental –recurriendo a fotografías y animaciones que recuerdan el estilo de Caras y Caretas, la revista que dirige Pigna- parece apoyarse más en esa intención biográfica, pero es cuando se despega de ella que se sobrepone al efecto de la enumeración llana. Y es lo que no puede resolver del enigma Ugarte lo que potencia esa posición. Es esa incógnita que lo convierte, casi de la nada, en un modelo, en una especie de héroe del latinoamericanismo del siglo veinte, de la unidad continental que termina convocando multitudes impensadas en México o Guatemala para escucharlo. El que desgrana su influencia en pensadores continentales que a la larga obtuvieron mayores reconocimientos, como Mariátegui.
Pero no deja de ser curioso que los momentos de mayor intensidad provengan de la recuperación y la puesta en escena de la palabra. Y que dentro de ello, incluso, que el segmento más destacado termine siendo el que relata su relación platónica con la poeta uruguaya Delmira Agustini. Tal vez porque allí se aparta de lo político para encarnar en la figura del hombre. Tal vez porque la voz del relato pasa a un segundo plano y se sostiene en el cruce de las cartas enviadas por ambos y que encuentran en las voces de Leonardo Sbaraglia y Natalia Oreiro, más que una recuperación del romanticismo, una dimensión dramática anclada en lo personal antes que en lo público y de la que el resto del documental no logra convocar.
Manuel Ugarte, el destino de un continente (Argentina, 2023). Dirección: Federico Molnar, Martín Pigna. Guion: Felipe Pigna, Federico Molnar, Martín Pigna, Jorge Falcone. Duración: 78 minutos.
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