
El comienzo nos presenta, a través del montaje en paralelo, los festejos de fin de año de cara al nuevo milenio, fastuoso para Giacomo (Diego Abatantuono), un magnate inmobiliario milanés y en cambio, nutrido de la simpleza y de la belleza de las pequeñas cosas para Efisio Mulas (Giuseppe Ignazio Loi), un pastor de un pequeño pueblo sardo a la vera del mar.
La compañía inmobiliaria se propone construir en los terrenos de Efisio y alrededores un hotel de lujo eco-sustentable en esas paradisíacas playas, bajo el precepto de que el proyecto traerá bonanza económica a ese pueblo jaqueado por la escasez laboral y las constantes migraciones. Efisio es el único que se niega a vender, mantiene estoica su negativa a pesar de las reiteradas y cuantiosas propuestas económicas que le realiza la empresa, a lo largo de 10 años, a pesar de estar cada vez más acorralado por el avance de la construcción.
El anciano pastor se constituye así en el inesperado enemigo de la corporación económica y de la propia comunidad de Bellesamanna, que económicamente deprimida, ve en el nuevo emprendimiento inmobiliario una posible solución a sus problemas. El caso termina resolviéndose en tribunales a favor de Efisio, pero no se sabe por cuanto tiempo, ya que la hija del empresario está dispuesta a continuar la pelea.
El director italiano Riccardo Milani, inspirado en la historia real del pastor sardo Ovidio Marras, aborda en La vida es así (La vita va cosí, 2025) un tema de actualidad como es el problema de la gentrificación en pos de los negocios inmobiliarios, que produce desplazamientos y desarraigo.
Se plasma así la grieta entre aquellas subjetividades que están marcadas por un principio ético que orienta sus vidas, como es el caso de Efisio, de su hija Francesca (Virginia Raffaele) y de la jueza (Geppi Cucciari) que defienden el valor de la tierra, del arraigo en la tradición; en contraposición de aquellas que en aras del progreso económico, como los habitantes del pueblo e incluso de la voracidad económica como el propio magnate inmobiliario, no se sostienen en ningún principio ético que opere como freno a la expansión excesiva, que destruye el ecosistema y los bienes públicos. El conflicto es entonces entre la permanencia de la tierra como hogar al cual volver y como anclaje en las raíces tradicionales, versus la liquidez y la volatilidad del avance del capital que destruye la singularidad pintoresca de un pueblo y de un ecosistema, en pos de imponer un modo uniforme de vivir y de gozar al que muy pocos pueden acceder. La posición firme y valiente de Efisio muestra que el valor de la tierra, por toda la historia generacional que porta, es incalculable y que no todo se puede comprar.

La película parte de premisas de contenido interesantes, ya que incluso queda planteado que se hace muy difícil resistir en solitario, algo que es propio de las políticas neoliberales que arrasan con la organización colectiva; pero el problema de La vida es así es que su director construye la película como una comedia dramática costumbrista con visos de fábula social didáctica, lo que anula el potencial de realizar una crítica socio-política más profunda y punzante. Su aspecto más interesante es la fotografía y el retrato en clave realista del costumbrismo pintoresco de la región, muy bien encarnado por Giuseppe Ignazio Loi. En este sentido, es una pena que el material no se haya ejecutado de manera más alusiva y menos reiterativa y edulcorada, y por ende, más eficaz; al servicio de lograr un retrato más agudo del conflicto y de la miserabilidad al interior mismo de la propia comunidad local.
La vida es así (La vita va così, Italia, 2025). Dirección: Riccardo Milani. Guion: Michele Astori y Riccardo Milani. Fotografía: Simone D’Onofrio y Saverio Guarna. Edición: Francesco Renda, Patrizia Ceresani. Elenco: Diego Abatantuono, Giuseppe Ignazio Loi, Virginia Raffaele, Aldo Baglio, Geppi Cucciari. Duración: 118 minutos.
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