El director argentino Manuel Abramovich, quien fue reconocido en diversos festivales así como por la crítica especializada por su cortometraje La reina (2013), regresa con Soldado, su segundo largometraje, en cual indaga en la función social del ejército argentino en la actualidad.

El ejército argentino, institución de por sí controvertida, que tuvo sus épocas de gloria en la guerras por la independencia respecto de España y en la defensa de las fronteras, cuando apenas éramos un conjunto de provincias con incipiente aspiración a convertirse en una Nación, y que tuvo su época más nefasta durante el terrorismo de Estado en el última dictadura que culminó en el desastre de la Guerra de Malvinas, y que fue desmantelado durante la presidencia de Menen, luego del asesinato del conscripto Carrasco en 1994, aboliéndose el Servicio Militar obligatorio; hoy en día, sin guerras que enfrentar, ha quedado reducido a un puro teatro, a un mero decorado, a bandas de música militar que se presentan en exhibiciones. Esta es la premisa que maneja el director ya desde el prólogo, donde a partir del plano fijo general iremos viendo entrar  y salir desde fuera de cuadro a distintos grupos de soldados para realizar entrenamientos o ensayar pasos de desfile.

Soldado es un documental que hibrida con la ficción y toma como protagonista a Juan José González, un joven oriundo de una provincia del interior que se alista en el ejército -según refiere- por una necesidad laboral y por darle el gusto a su mamá. A Juan José lo iremos siguiendo durante sus exámenes médicos y entrevistas para ingresar al ejército, en las distintas clases teóricas, en el entrenamiento físico, en el aprendizaje de las distintas maneras de tener la cama según los distintos días de la semana, en la aceptación del cargo de tambor de guardia, y en sus prácticas con el tambor, así como en la visita que le haga a su madre cuando esté de franco.

La película se construye a partir de planos fijos y cerrados sobre el protagonista, mientras que deja al resto de quienes interactúan con él en un fuera de campo, recurso que ya había empleado en La reina. De esta manera, al reducir a los personajes a una voz que viene desde afuera ellos adquieren un mayor estatuto de mandatos jerárquicos e imperativos sociales y superyoicos que impactan sobre el cuerpo del sujeto sin poder sustraerse a ellos. Mientras tanto, la imagen (aunque él no diga nada) nos muestra su división subjetiva, marcándonos su incomodidad y malestar con ese estar allí y con el rol que le toca a asumir, en medio de esa monotonía de la ritualidad de un pasado de gloria que ya se ha esfumado, y que se acentúa luego de que le comuniquen la noticia del suicidio de un soldado voluntario como él.

Otro punto también interesante que aborda Abramovich es la supresión de la individualidad en pos de la uniformidad, que de por sí otorga el propio uniforme, pero que además es característica de una masa clásica como lo es el ejército donde -como ya lo enunció Freud en Psicología de las masas y análisis del yo (1921)-, cada individuo coloca en el lugar del Ideal del yo a un mismo objeto (el general), a consecuencia de lo cual se identifican entre ellos en tanto banda de hermanos. Esta disolución de las diferencias y la individualidad es la que explica que un soldado pueda realizar actos deplorables en la guerra, o que rozan el ridículo como en este caso -y que en otro contexto su conciencia moral objetaría-, pura sumisión a la voz de mando encarnada en la figura del líder de la masa.

Con escasos recursos técnicos, pero inteligentemente utilizados, y mediante el contraste de las imágenes por medio del montaje, Abramovich logra con Soldado una película interesante que invita a reflexionar sobre la estructura del ejército y su estatuto teatral, así como también en la cantidad de ocasiones que actuamos respondiendo a imperativos y presiones sociales, más que como efecto de la singularidad de un deseo decidido.

Soldado (Argentina, 2017). Guion y dirección: Manuel Abramovich. Fotografía: Manuel Abramovich. Edición: Anita Remón. Duración: 73 minutos.


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