1.El título llama a equívoco. Su lectura induce a la idea de estar en presencia de un documental que alude a una situación terminal. Hay que convenir que los primeros minutos abonan esa idea: las imágenes de catástrofes ambientales y otros desquicios provocados por la mano del hombre se suceden creando un panorama ominoso, remarcado por las preguntas que se formula la voz en off (“¿Cómo fue que llegamos hasta acá?” “¿Cómo salimos de esto?”). Pero ante ese panorama desolador, cuya formulación más clara podría ser la del reemplazo de la idea de progreso por la de colapso, decide oponerse la posibilidad de explorar otros caminos para disputar ante lo que parece irremediable.

2.Concepción del Uruguay, Puerto Piray, Chilecito, Mendoza. Cuatro lugares, de cuatro provincias en las que la disputa se plantea entre los intereses y dominios del capitalismo y los modos de resistencia que encuentran las comunidades para hacer valer sus derechos. No parece casual que, en cada uno de ellos, el centro esté ocupado por alguna mujer. Como si se asumiera que todas estas luchas están asociadas con la emergencia disruptiva de las formas reivindicatorias de los derechos de las mujeres, las luchas sociales que involucran cuestiones ligadas con formas colectivas, solo pueden encauzarse por esa fuerza vital que proviene de una lucha más abarcadora. Y no es que no haya hombres involucrados, pero resulta llamativo que ocupen espacios subsidiarios: pueden ser choferes, recolectores de frutas, fuerza de trabajo, pero no de liderazgo. Hay que notar que es justamente la voz de un hombre la única que se alza para calificar a la marcha por la defensa del agua en Mendoza como “una payasada”.

3.Entonces, la Tierra no explota. Es explotada, que no es lo mismo. Y la lucha se plantea de manera desigual entre empresas cuyos nombres -Seargen, Mekorot, Arauco, YPF- ocultan composiciones societarias, orígenes, intereses económicos y escenarios de rapiña globalizada; y colectivos que se organizan a partir de siglas desconocidas, que remiten siempre a elementos que aluden a uniones, acuerdos, acciones cooperativas. O lo que es lo mismo, la batalla es entre los beneficios particulares y los de las comunidades.

4.Tierra, aire, agua. Los tres elementos que se establecen como eje de la disputa. Tres elementos que muestran el incremento de los niveles de contaminación. El fuego, cuarto elemento, aparece en todo caso en la quema de los gases derivados del petróleo y que terminarán por contaminar el aire. Las historias que elige Lépore involucran las acciones de empresas que se sostienen en el extractivismo y que para expandir su producción recurren a elementos contaminantes, o que directamente se apropian de recursos naturales de manera excesiva (las hectáreas sembradas de pinos en Misiones; el agua para la explotación de las empresas mineras en el noroeste). Agrotóxicos, uranio, especies exóticas, fracking; y detrás de ellos, empresas dedicadas a proyectos de megaminería, a la explotación de la madera, a la extracción de gas y petróleo no convencional. Ante ello, lo que se levanta son un puñado de personas que insisten en concientizar, en llamar a la población a defender(se) para vivir mejor.

5.La solución es, siempre, colectiva. Al menos la lucha solo puede ser planteada en esos términos. Se empieza por alguien que toma conciencia del problema, lo denuncia, consigue el apoyo de una comunidad y a veces hasta logra que la justicia logre torcer un poco la voracidad sin límites de los empresarios. Una docente entrerriana que denuncia fumigaciones sobre la escuela rural en la que trabaja, estando presentes los niños. Una mujer que en Chilecito concientiza sobre los proyectos que intentan usufructuar el Cerro Famatina y organiza a una comunidad que evita que cinco empresas se instalen en el lugar. Una trabajadora de la tierra en Misiones que emprende la organización de una cooperativa que permita recuperar tierras para cultivar y que fueron apropiadas por una empresa maderera. Otra que asume la lucha por el agua en Mendoza, en épocas de profundas sequías. En todos los casos, son las acciones colectivas las que demuestran la posibilidad de poner un freno, de generar un cambio en la percepción de las comunidades. Son ellas las que ponen límites a ese tremendismo catastrófico del título, pero sobre todo las que establecen que siempre hay otros caminos y que solo se los puede alcanzar mediante la lucha colectiva.

La tierra explota, el tiempo se acaba (Argentina, 2025). Dirección: Juan Pablo Lépore. Guión y edición: Juan Pablo Lépore y Bernardo Blanco. Fotografía: Danilo Galgagno. Duración: 84 minutos.

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