Los Redonditos de Ricota se corrieron de la escena para convertirse en otro de los mitos profundos de la cultura argentina de este siglo. La herencia repartida –el Indio Solari se quedó con la lírica y la masividad; Skay con el pulso rockero y el sonido de la guitarra- llevó a que el mito persistiera desde las viejas canciones y desde el imaginario desarrollado con el tiempo.

Aquella pausa que terminó siendo definitiva para la banda, cambió la imagen, la identificación. La historia empezaría a ser narrada desde lo literario y desde algunos documentales. Y por supuesto, en los músicos sobrevivientes que volvieron sobre esa música, como se ve en las escenas de la Kermesse Ricotera. Pero quizás haya que pensar que la persistencia de la imagen relacionada con la banda se sostuvo a partir de otra persona. Rocambole, el artista detrás del diseño de las tapas, se mantuvo casi siempre en un segundo plano que solo parecía quebrarse ante cada nuevo lanzamiento. Pero con el tiempo, fue saliendo de esos límites para, a partir de ello, seguir construyendo y poniendo en la escena pública una obra personal.

Sin embargo, el pasado se empeña en volver. En el comienzo del documental, Rocambole narra lo que puede pensarse como un origen que se relaciona con la película misma. Unos golpes en la puerta de su casa durante un día lluvioso –una escena propia de un film noir o de misterio, si se la piensa- y unos amigos que le plantearon una oferta que no podría rechazar. Así, los originales de Ricardo Cohen que se habían acumulado desde los tiempos de Los Redonditos de Ricota, empezaron a ver la luz: un par de libros y una serie de muestras llevaron la imagen ricotera a otros espacios mientras restablecieron al artista en el lugar que había ocupado.

Y es que Rocambole termina siendo percibido como un Redondito más. No solo porque sus ilustraciones identifican a los discos de la banda, sino porque muchas de ellas los trascendieron. De alguna manera, se independizaron de su origen para representar otras ideas, en otros ámbitos. La imagen del esclavo del disco Oktubre, sobre la cual el documental vuelve en un par de ocasiones, ya no hace alusión solo a lo que lo originó, sino que multiplicó su significado por fuera del marco original –y quizás por eso Rocambole termina diciendo que le asusta esa reproducción que ha tenido esa imagen.

En esa pertenencia al universo de la banda es que el artista se pone en marcha, sale a esos caminos a los que hace referencia el título. La cámara registra las diferentes paradas en las que da charlas en las que la excusa es la presentación de los libros o la inauguración de una muestra. Esos lugares en los que recala no son los que podrían considerarse habituales, aunque definen el perfil de Rocambole. El Centro Cultural Patas Arriba, los estudios de Radio Universidad de La Plata y hasta una sala en la Bombonera de Boca Juniors –por otra parte, repleta de hinchas que comparten los colores de la camiseta del club con el imaginario ricotero- son los espacios en los que Rocambole se mueve intentando explicar su arte más allá de la experiencia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Entre esos lugares y los diálogos que entabla con Oscar Jalil, Rocambole recorre desde lo artístico los años de La Cofradía de la Flor Solar -¿cuánto vale esa caja que rescata y donde acumula dibujos, avisos y programas de esos años?- y por supuesto, los de Patricio Rey. En ambos, el documental hace hincapié en las formas de trabajo, en las fuentes de inspiración y hasta en las limitaciones –las tapas hechas a mano en las primeras épocas, el tamaño de las carátulas de los CD-, pero sobre todo estableciendo la idea de que siempre se trataba de una obra conceptual. Un concepto que excedía lo estrictamente musical, para unir lo poético y lo visual para construir un significado conjunto (“El mensaje quedaba inconcluso si faltaba algo”, dice en algún momento). Aunque por momentos el relato caiga en algunas reiteraciones, permite que el recorrido sinuoso que implican las presentaciones públicas den una idea de un artista, a partir de la manera en que va conformando su obra. Y también le devuelve un merecido espacio de reconocimiento: ese Rocambole que permaneció detrás de su obra durante mucho tiempo, ahora se coloca junto a ella, trasciende su lugar de artista para volverse, él también, una especie de rockstar, como los músicos a los que acompañó desde su lugar. Esas largas filas de personas que esperan para sacarse una foto con él o llevarse su firma en un libro, un disco o una remera, lo atestiguan.

Rocambole en el camino (Argentina, 2025). Dirección y guión: Marcia Paradiso y Matías González. Edición: Federico Di Brino. Duración: 90 minutos

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