a-royal-affair-poster06Un asunto real. La trama posee una narrativa sólida en torno a los entreveros que involucran al esquizofrénico rey Christian VII de Dinamarca, la subsumida reina Carolina Matilde y el Dr. Johann Friedrich Struensee, quien se convierte en mano derecha del indómito monarca, incluso al punto de reemplazarlo operativamente por un tiempo, y en el motor del conflicto de la película.

Esta historia, que además permite aventurarla como una posible vertiente de las políticas nórdicas actuales, es interesante y facilita la elaboración de los hilos de la tensión. Un médico alemán llega a la corte danesa para tratar al aquejado y caprichoso Christian y así apaciguar ciertas conductas que ponían en riesgo la administración del reino. Pero el ambicioso e intrépido doctor apostará a más: no conforme con mantener un tórrido romance con la reina que deriva en el nacimiento de una niña, comienza a manejar al rey como un títere para así materializar, en una febril carrera, un largo listado de medidas liberales que llegan a ser saludadas por el mismo Voltaire. Están todos los condimentos: hay una buena administración de los climas románticos, pasionales, de juerga, de tensión, de conspiración, de desesperanza y de congoja, bajo una paleta de mucho contraste de color, sustentado muchas veces en los cambios de estación.

Los actores tienen un muy buen desempeño aunque uno hubiera esperado un poco más de Mads Mikkelsen, quizás por compararlo con otros trabajos impecables que ha hecho. Y menciono a este hombre talentoso para ahondar un poco en el personaje y en su caracterización, en tanto hay ciertas similitudes que permiten vincularlo con el Dr. Lecter que encarna  en la imperdible serie Hannibal. Creo que el modo en que el psicólogo se mete en la tortuosa mente del investigador del FBI Will Graham (genialmente interpretado por Hugh Dancy) puede ser comprable con la manipulación que el Dr. Struensee ejerce sobre el rey Christian VII. Uno por la debilidad de su aquejada mente y el otro por el infantilismo e inseguridad personal, ambos son dirigidos en su accionar, tras bambalinas, por estos dos doctores, ambos encarnados por Mikkelsen. El psicólogo forense motivado por su connatural maldad, por su deseo de control y por el encubrimiento de su labor criminal que tantas satisfacciones gastronómicas le produce; el médico real espoleado por las ideas de la Ilustración, por el intento de desgranar la corte desde adentro y por mantener el secreto de su relación adúltera con la reina y su posterior paternidad. Ambos personajes son sutiles, respetados (al menos en un principio), finos, calmos, pero despiadados en su accionar y en una relación sadomasoquista con ambas víctimas. Ambos con un Mikkelsen como artífice.

Un asunto real (En kongelig affære, Dinamarca/Suecia/República Checa, 2012), de Nikolaj Arcel, c/Alicia Vikander Mads Mikkelsen, Mikkel Boe Følsgaard, 137′.

Michael_Kohlhaas_posterMichael Kohlhaas. Del siglo XVIII retrocedemos un par de siglos para encontrarnos con la historia de este comerciante de caballos y la ofensa que grabará una brutal herida en su orgullo. Canta, oh diosa, la cólera de Michael.

Y es así: esta es una película sobre la cólera, sobre la ira ciega que replicará en una venganza que asolará toda la región. Lo particular es que esta revancha, contrariamente a lo que nos tiene acostumbrados la gran pantalla, está envasada en un lento, silencioso y oscuro carrete de imágenes por las que vemos transcurrir el espíritu de este hombre ofendido por un barón a partir de un peaje injustamente cobrado, una garantía mancillada y una esposa asesinada. En ese periplo conformará un grupo de forajidos que, junto a él, decidirá impartir justicia por mano propia; una justicia que no acepta la donación ni el regalo por entender que siempre están motivados por el miedo y que, cual Robin Hood, castigará a los pudientes.

Tras llegar a mancomunar un ejército, la princesa le pide deponer las armas en pos de la amnistía de él y sus hombres así como la restitución de sus caballos en las condiciones originales. La princesa va a comunicárselo en persona en una curiosa escena en que lo encuentra bañándose en una tina. La escena, en la que ambos están en presencia de la hija de Kohlhaas y el séquito real, está teñida por un cierto erotismo velado que recuerda a Un asunto real. Sin embargo, sus hombres continúan saqueando granjas y la realeza considera que él ha violado la paz: le dan los caballos y la compensación económica pero es sentenciado a muerte. No obstante, insisto, pese a lo nutrido de la peripecia, es un completo bodrio.

Ambos personajes, el Dr. Struensee y Michael Kohlhaas viven el mismo proceso de ascenso repentino en la escala de poder, salvando sus distancias, y ambos caen abruptamente. Ambos tienen como corolario la decapitación; ambos por culpa de Mikkelsen.

Un detalle: La novela El Perfume de Patrick Süskind, una de las más geniales que he leído, no así su correlato fílmico que es más bien patético, abre sus puertas con un epígrafe de la novela Michael Kohlhaas de Heinrich von Kleist.

Michael Kohlhaas (Francia/Alemania, 2013), de Arnaud des Pallières, c/Mads Mikkelsen, Mélusine Mayance, Delphine Chuillot, David Kross, Bruno Ganz, 122′.


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