Por Luciano Alonso

Hay un concepto utilizado en sistemas, relacionado con estructuras de datos, que se conoce como First in, first out, cuyas siglas –ya traducido el término al español- son  PEPS: Primero en entrar, primero en salir. La idea es simple, aunque su definición y desarrollo sería embrollado de explicar. Básicamente, esta estructura permite ordenar los datos y ejecutar ciertos programas de manera ordenada y sistemática. Para decirlo en pocas palabras, es la lógica que subyace a la idea de que el primero que llega a una cola, por ejemplo, es el primero en ser atendido. Las aplicaciones de este concepto son múltiples, aunque no lo parezca. Por ejemplo, en un tobogán en el que solo cabe una persona, el primero que se tira será el primero en salir por el otro lado. Aunque existe todo un mito sobre la posibilidad de que esto no suceda de esa manera previsible. Digamos que alguien se tira por el tobogán y el primero en salir no es la persona que se acaba de tirar, sino el que vino después. ¿Es esto posible? ¿Pueden las leyes de la física darnos una explicación plausible para este fenómeno?

A Owen (Sam Rockwell), el empleado del parque de diversiones Wizz Water, le gusta jugar al Pac-Man, pero no quiere saber nada respecto a la estructura y los patrones del movimiento de los personajes en el juego. Si se esforzara por descubrir esos patrones, podría pasar del primer nivel, pero siente que el juego perdería el encanto de lo espontáneo, perdería la gracia. Prefiere perder y sorprenderse cada vez, que ganar y aburrirse. Entonces, ¿es posible desafiar las leyes de la física?; más importante aún: ¿realmente descubrir ciertos patrones de movimiento, ciertas leyes físicas que determinan el comportamiento de un fenómeno dado… arruinan el encanto de ese mismo fenómeno?

Sin proponérselo de manera especial y directa, Un camino hacia mí responde estas preguntas. Y, si me apuran, diré que la respuesta a estos interrogantes tiene un correlato de insinuaciones ideológicas de grandes proporciones. Me refiero a entender la sociedad como un parque de diversiones. Me refiero a la sociedad del espectáculo y a la obediencia a la autoridad como algo natural. Lo que quiero decir es que el tema de fondo está relacionado con la autoridad y con el funcionamiento de un sistema en relación a la aplicación y uso de las leyes. ¿El ser humano es naturalmente bueno o es obligado a comportarse de determinada manera en función de lo que es mejor para la mayoría? Todas estas cosas están presentes en la película, de manera persistente, aunque disimulada.


Duncan (Liam James) tiene 14 años y sus padres se han separado. Su madre, Pam (Toni Collette), sale con Trent (Steve Carell), que a su vez tiene una hija que tiene más o menos la edad de Duncan. Sin embargo, ella, Steph (Zoe Levin), no parece tener tantos problemas para integrarse como Duncan, cuya timidez dificulta su vida tanto social como familiar. Las cosas serían más fáciles si Trent fuera menos severo, pero –en cambio- no parece dispuesto a ceder. Y sus tentativas por convertirse en el nuevo padre de Duncan operan en sentido inverso a los intereses del adolescente.
Trent tiene una, así llamada, casa de verano. Este peculiar grupo intentará pasar allí unas vacaciones familiares donde, al principio, todo marcha más o menos bien, pese a todo. Sin embargo, las cosas no son fáciles para Duncan. No consigue entenderse con Trent. Y quizás no es el único. No obstante, un poco por azar, Duncan se hace amigo de Owen, un hombre todavía joven, pero que en realidad podría ser su padre. Owen le ofrece un trabajo al chico y las cosas ya no marchan tan mal a partir de entonces. Tener un trabajo hace que su manera de relacionarse con las demás personas vaya cambiando progresivamente, de una manera con la que se siente a gusto.


Debemos entender a Wizz Water como el reflejo de una sociedad funcional, la concreción de una utopía. Y pensar qué nos dice su funcionamiento sobre las sociedades actuales y el orden que las precede. Aunque los empleados del parque de diversiones esperaban un futuro mejor y sienten que están estancados en su trabajo, la verdad es que no la pasan nada mal. Se divierten con cosas intrascendentes y bastante tontas, pero se divierten al fin. La vida en Wizz Water es inofensiva; todos los problemas se solucionan de manera pacífica y eso es hermoso. Owen tiene autoridad y la ejerce, pero lo hace a pesar suyo, casi de manera indolente, buscando ser amable. A su vez, se comporta como un chico: es rebelde y no le gustan las leyes, y opera como una suerte de policía bueno. Por cierto, su superior es una mujer que tolera tanta “flexibilidad” acaso porque se siente atraída por él.
Las cosas en la familia de Duncan no salen tan bien, pero él tiene su nuevo trabajo, y el dolor y los conflictos lucen diluidos. Sin embargo, las vacaciones se terminan. Y es fundamental que, antes de que terminen, Duncan justifique lo injustificable. Es necesario que construya un nuevo mito. ¿Por qué? Porque la magia es posible. Y si la magia es posible, la magia sucede.

Un camino hacia mí (The Way Way Back, EUA, 2013), de Jim Rash y Nat Faxon, c/Steve Carrell, Toni Collette, Sam Rockwell, Maya Rudolph, Allison Janney, 103’.