mortdecai_poster-5Atención: Se revelan detalles importantes del argumento.

En la década del setenta el escritor Kyril Bonfiglioli publicó la trilogía de «Mortdecai», seguidilla de relatos que tienen a Charlie Mortdecai como protagonista. Charlie es un excéntrico antihéroe vendedor de arte, un timador envuelto en un clima de disparos y huidas junto a su fiel ayudante Jock Strapp, una suerte de criado rudo. Hasta hace un tiempo los libros de Bonfiglioli valían entre veinte y cincuenta pesos en librerías de saldos, son ediciones usadas de la vieja y preciada colección El séptimo circulo, que cuenta con sólo dos títulos: No me apuntes con eso y Detrás, con un revolver.

Un día Eric Aronson descubrió esta trilogía, compró la novela Don’t Point That Thing to Me, no en Av. Corrientes sino en algún lugar de Londres, la historia lo entusiasmó y le mandó a Johnny Deep el guión que había escrito para una posible película. A Depp, que también había leído el libro, le gustó la idea de interpretar a Charlie y le pegó un tubazo a David Koepp (guionista de Jurassic Park, Misión Imposible, Spiderman, etc.) y le propuso dirigirla. Completaron el elenco con Gwyneth Paltrow (Johanna, esposa de Charlie), Ewan McGregor (el Inspector Martland) y Paul Bettany (Jock Strapp), entre otras figuras. Charlie es un elegante dandy en decadencia, asustado por su situación financiera, que bordea la quiebra, y viaja por varios países en busca de una pintura que fue robada y en su reverso lleva el código de una cuenta bancaria en Suiza llena de oro nazi.

Mortdecai, el artista del engaño parece haber sido filmada para establecer en el imaginario del espectador un antihéroe al que todos esperan ver en varias oportunidades. Con tanto despliegue, tanta acción y rapidez, tantos actores conocidos, tantos colores casi llegando a la saturación, nadie puede distraerse, esperando que alguno de los personajes engañe al otro y, obviamente, sacando sus propias hipótesis durante el transcurso de la historia acerca de un posible desenlace inesperado y revelador. Sin embargo, la trama es bastante pobre para los 100 minutos de duración. Los viajes por Europa y Estados Unidos que emprenden los protagonistas hacen que el argumento se disipe y pierda su poco sentido, así como cada nuevo y efímero personaje decora aún más la falta de creatividad de Aronson (después de la primera mitad aparece Jeff Goldblum para darnos esperanza, pero lo matan a los cinco minutos).

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La caracterización de Johnny Deep, un magnifico bigote aristócrata, dientes separados, tonada inglesa y un deleite por las bebidas espirituosas, se hace demasiado notoria y evoca un poco el recuerdo de sus muchos trabajos con Tim Burton (y hasta el breve pero no menos significativo papel en la reciente Tusk de Kevin Smith). Salvo éste y Jock (aunque en menor medida), los demás personajes y sus historias (Johanna y el inspector Martland, némesis de Charlie) no terminan de desarrollarse a pesar de que prometen ser interesantes.

Por otro lado, cuando se repite tanto un chiste, pierde toda gracia. En este caso, algunos gags y la recurrencia de las “arcadas solidarias” (así las llaman) de Charlie Mortdecai cuando ve a otra persona que está a punto de vomitar y funciona como un reflejo especular del malestar estomacal del otro, carecen de gracia y el personaje, que al principio podría haber sido un Jack Sparrow buena onda por su despiadada forrés, termina siendo alguien poco simpático y, por momentos, hasta estúpido.

Mortdecai, el artista del engaño (EUA, 2015), de David Koepp, c/Johnny Depp, Gwyneth Paltrow, Ewan McGregor, Paul Bettany, 106′.


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