Escribí esta nota cuando el estreno de Star 80. Puedo discutir conmigo -hoy- con un par de aseveraciones en el texto. No las de fondo respecto de la película. He elegido dejarla así, como está, perteneciente a su época.

Roberto Pagés.

En la línea de su mejor cine –Lenny (1974)- Bob Fosse despliega una vez más una historia de show-business y muerte, una pulpa de tragedia y soledad que no logra disimular el oropel brillante de las mujeres desnudas, el papel de seda, las luces de mil colores, los autos lujosos y las mansiones deslumbrantes.

El mundo del espectáculo norteamericano no tiene parangón en el mundo. La fama- a veces, la gloria- la espectacularidad y la envidia que provoca en mentes tan calenturientas como poco prevenidas, se dan cita en incontables oportunidades. A la vez, el mundo oscuro y frustrante de los que no llegan, no tiene historia en ese mismo espectáculo.

Fosse, con su Star 80, corrige el rumbo y su film, con una sutileza extrema que sorprende y apabulla, tiende al espectador desprevenido una de las trampas más ocultas de los últimos tiempos. Al tomar como base la vida de Dorothy Stratten- modelo de Playboy asesinada por su marido poco después de que ella filmara con Peter Bogdanovich Nuestros amores tramposos (1981)- Fosse describe el obvio mundo rutilante de los contratos millonarios, de la fama que llega a todos los rincones, pero -sabiamente- centra su acción en Paul Snider, el marido mediocre que pretende la notoriedad sin arañarla siquiera.

¿Que diferencia a Paul Snider de Hugh Heffner? Sencillo: uno llegó y el otro no. Y si Snider es un violento y casi psicótico personaje, que acumula sobre sí eternas y repetidas frustraciones, Heffner cumple el sueño norteamericano y liberal del éxito, y su frialdad, impiedad, desprecio, no molestan, no agreden a las conciencias necesitadas de pulcritud.

¿Y Dorothy Stratten, aparente mosca muerta de la historia? Acá, Fosse alcanza picos altos de sensibilidad artística y mientras la banda sonora recoge palabras inocentes («Playboy» quiere muchachas como las de «al lado»: bellas, sanas, ingenuas»), la imagen muestra cada vez más escenas y planos provocativos que poco tienen que ver con la máscara inicial de muchacha camarera, tímida y de su casa.

En realidad, la visión de Fosse apunta a describir un maldito malentendido. Snider, vulgar, trepador y hasta cafishio ocasional, alimenta para con la bella Dorothy una idea de casamiento y felicidad compartida. Su regalo es un vestido blanco que le tapa el cuello y la banda sonora canta «no cambies, nunca lo hagas, así siempre te querré». Más tarde, el afiche que prepara con la figura de ella, la muestra vestida cuando la fama de Dorothy ha llegado a través del desnudo y en su última desesperación recurre a las viejas fotos de familia.

En tanto, Dorothy repite las muletillas de los hombres que la rodean, encargados de hacerla subir en el escalafón del éxito. Cuando casi maquinalmente cita a su amante (en la realidad, el director Peter Bogdanovich): «Ya no sos la chica de Vancouver que Paul conoció. Has crecido, has madurado y él se quedó atrás», se puede sospechar que la muchachita de Vancouver nunca existió. A favor de su frialdad emocional y sexual («me gustan las cosas románticas, flores, una llamada, sexo no. No es romántico»), Dorothy alcanza la fama, el dinero, la excitación, el éxtasis.

Magistralmente, Fosse cierra su film con la imagen de ella hablando sobre la excitación que le provoca la gente que le pide autógrafos. Tanta como a Heffner le provocan sus negocios, su revista, su «mundo dentro del mundo», como el dice. Y pocas veces el cine último ha marcado con tanta fiereza esta disociación entre las emociones y los sentimientos tumultuosos, contra la mira puesta en la notoriedad y el éxito.

«En dieciocho meses acumulé cinco años de experiencia, he madurado», dice Dorothy y Fosse-lúcido, desesperado casi- pone sus diecinueve años en pantalla, ofreciendo un seno, las piernas abiertas, la cola hacia la cámara en brillante papel ilustración, para un mundo que se quedó sin sexo cuando eligió el sexismo, ese onanismo visual repetido, vacío, sin sustancia. 

El texto fue publicado originalmente en Tiempo Argentino en julio de 1984.

Star 80 (EUA, 1983), de Bob Fosse, c/Mariel Hemingway, Eric Roberts, Cliff Robertson, Carroll Baker. Duración: 103 minutos.


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