WildCard.2015Jason goes to hell. “Morir no va a estar tan mal si por lo menos me ayuda a salir de Las Vegas”, filosofa Nick Wild cuando promedia su vía crucis por la meca mundial de la timba en Wild Card[1] (2014), y esa frase resume perfectamente la nueva película de Simon West (Lara Croft: Tomb Raider, Con Air, Los Indestructibles 2). Lejos de la acción sin respiro de muchas de sus películas y de las de Jason Statham, aquí West baja un cambio y tiene al calvo y fibroso inglés por tercera vez bajo sus órdenes en un anacrónico ejercicio noir -por favor no usemos esa calificación detestable de ‘neo noir’- más bien simpático, light y con bienvenidos guiños cómplices ya no al género en su apogeo (décadas del 40 y 50) sino más bien a sus rastros en los 70, donde podemos llegar, enfocando un poco, a la magnífica El jugador (The gambler, 1974, Karel Reisz). La clave: el regreso del veterano guionista/novelista William Goldman, un verdadero sobreviviente del Hollywood de esos años. Pero, amantes del noir, bajemos a tierra: hoy el cine es otro y además no está ahí James Caan sino Statham, monumento a las cualidades de la espinaca que prueba por una vez llegar a la mitad de una película sin tirar un mamporro. Y zafa con buen puntaje.

En el arranque lo encontramos a Wild en pleno ‘esplín’, hastiado de laburar de guardaespaldas de ricos jugadores empedernidos a lo que se suma su propia y apenas disimulada compulsión a la timba y el trago, de lo cual apenas se evade con fugaces visiones de un lugar paradisíaco deseado que insisten en asaltarlo cada vez que está por perder los estribos. Eso con lo que están hechos los sueños, diría Sam Spade según San Bogart. El sopapo que lo despierta de su letargo (el Vegas que vemos parece dormido, vacío, casi post nuclear) es el llamado de una vieja amiga que está decidida a vengarse – con el práctico método del ojo por ojo o, más bien, cojones por cojones- de una violenta agresión que le propinaron un mafioso y sus esbirros.  Como nada es gratis, la nobleza y el aguante a su amiga convertirán a Nick en objeto de la recíproca del malvado herido en su orgullo.

William_Goldman_and_James_Caan_1976Que se vengan de a uno. O de a todos. Lo que no tiene de original en su trama –la novela de Goldman es de los 80 y cuenta con una primera adaptación débil (Heat, 1986, con un Burt Reynolds ya en decadencia)- esta película lo compensa astutamente y no para los fans de Statham, que a esa altura roncan, sino -gracias a Dios- para el cine, manipulando ingredientes irresistibles aunque nada novedosos. Ahí es donde aparece el famoso latiguillo de “una película no puede ser del todo mala si…” tiene un soundtrack que incluya a Dean Martin y, claro, porque es Navidad; el inoxidable What’d I say de Ray Charles suena en plena epifanía timbera; hay una versión soul de White Christmas por The Drifters de fondo para una secuencia filmada en ralentí y primeros planos, como si fuera una de John Woo, donde Statham hace catarsis de su “Crank” interior, le salta la térmica y baja muñecos a lo loco. Y también si se da el lujo de tener por un lado buenos secundarios (notable el gag del comienzo de la película entre Statham y Max Casella, al igual que las secuencias que lo ponen en yunta con Michael Angarano en el rol de un joven y cándido jugador, dignas de una buddy movie) y por otro lado cameos deliciosos de Stanley Tucci, Hope Davis, Jason Alexander, Sofía Vergara y Anne Heche.

Pantalla chica. En otros tiempos Wild Card hubiera sido un golazo en la taquilla y en cambio hoy es carne de direct-to-dvd. No pretende -ni va a- quedar por mucho tiempo en la memoria de nadie, pero es un noble ejercicio casi artesanal, diríamos que a la antigua, para un director y un actor que habitualmente juegan en las ligas de los altos octanajes y presupuestos. Y si bien -como en otros tiempos Norris, Stallone, Van Damme y Schwarzenegger- Statham está filmando duro y parejo y encima en franquicias como chorizo (Crank, El transportador, las últimas Rápido y furioso y Los indestructibles, y viene la segunda parte de El mecánico), esta película -al menos para variar dentro de un cine industrial recostado en esquemas y nombres- lo muestra en un personaje algo más vulnerable y complejo, menos mechanic, aunque no llegue al zócalo de Ralph Meeker o -quien fuera alguna vez su continuador- Bruce Willis.

Wild Card (EE.UU., 2014), de Simon West, c/ Jason Statham, Michael Angarano, Milo Ventimiglia, Dominik García-Lorido, 92’.

[1] El título original engloba varios juegos de palabras asociando el apellido del protagonista (Nick Wild es un nombre bien noir, a no dudarlo), el juego de naipes, y el término wild card refiriendo tanto a «tipo que no califica pero igual lo invitan al juego» o «un factor imprevisto».


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