poster-cycleSupongamos que, subidos al tren de la experimentación más caprichosa, tratáramos de sintetizar algunos aspectos de la obra de 2001, Una odisea del Espacio (Kubrick), La zona (Tarkovski), Tron (Lisberger), y a eso le añadiéramos, sin que se me ocurra exactamente cómo, un poco de Daft Punk, pero los Daft Punk tienen que estar. A todo eso, le terminamos de dar forma con tecnología 3D. Bueno, el resultado sería algo así como esta película. Se trata, desde luego, de una película-experimento.

El argumento es breve y, a decir verdad, carece de sentido. Básicamente, la historia que intenta relatar es la del astronauta Jack, a quien vemos despertarse en una terraza, perder comunicación con su base, restablecer comunicación con su base, avanzar y retroceder en su objetivo, en estado de plena desorientación. La base está en la luna y el objetivo de la misión va cambiando sobre la marcha. En cualquier caso, es importante. Del resultado de la misión depende la vida de los astronautas y, quién sabe, del mundo. Todo indica que hay una niebla que está destrozándolo todo y la única manera de detener la niebla es encontrar una fisura en la máquina, una fuga. Para encontrar la fuga, debe encontrar la habitación esférica, aunque quizás no.

Hay otro personaje, un joven con máscara que por momentos parece el alter ego de Jack. El enmascarado a veces le da pistas para que Jack pueda seguir avanzando. El enmascarado parece tomarse todo a broma y parece querer ayudar a Jack, aunque sus objetivos sólo coinciden parcialmente. El enmascarado aparece y desaparece aleatoriamente. Sus intenciones son siempre ambiguas, aunque no parece alguien hostil.

Luego, hay incluso otro personaje, con voz grave y profunda, como de ultratumba, que sí luce hostil. Acaso es el villano, aunque él mismo asegura que quiere acabar con la pesadilla en la que los acontecimientos se suceden. En algun momento, ambos conversan: El de la voz de ultratumba asegura haber estado antes en el lugar de Jack y asegura tener un plan para terminar con la pesadilla. No es convincente.

Sobrevuela el mito de una supuesta caverna en donde es posible encontrar el punto de fuga, aunque quizás la solución no es más que un reinicio. Acaso el ciclo se repita una y otra vez, quizás no hay manera de vulnerar el sistema. Pero… ¿es que acaso hay un sistema?

353521713_1280¿Dónde se supone exactamente que transcurre la historia? ¿Dónde se supone que están los personajes? ¿Dónde habitan? ¿Están dentro de un videojuego? ¿Son personajes de un videojuego que adquieren conciencia de serlo e intentan burlar su propia dimensión de existencia? ¿O es ese, precisamente, el objetivo del videojuego: adquirir conciencia de que se trata de un videojuego para superar el obstáculo y ganar? ¿Qué obstáculo? ¿Ganar qué? ¿Y si todo transcurre, efectivamente, en la vida real? ¿Qué tal si lo que vemos en la pantalla es efectivamente el ensayo de una realidad posible y no meramente una realidad creada de manera virtual, sólo para pasar el rato? ¿Qué tal si no hay distinción entre lo real y virtual? ¿Y qué pasaría si alguien toca un botón incorrecto y se desajusta todo el entramado de la apariencia y esencia del mundo perceptible?

El ciclo infinito plantea una odisea visual e intelectual multidimensional y hermosa. Se trata, desde luego, de una propuesta insólita. La maquinaria y la industria del cine apuntan a otra cosa, totalmente diferente. El interés del público masivo también. Pero cada tanto ocurren mutaciones como ésta película que -en el mejor de los casos- devienen en una alteración genética que vuelve más resistente a la especie. Necesitamos más películas que -buenas o malas- se animen a hacernos pensar y percibir el mundo desde otros abordajes posibles.

Es necesario ver esta película en 3D para ayudar a afianzar esa sensación de espectacularidad y desorientación. Lo que vemos en la pantalla es visualmente atractivo, pero podría no serlo. La cuestión pasa por otro lado. Si sólo se tratara de ver imágenes increíbles, tendríamos una suerte de Gravedad (parte dos). O una nueva secuela de Tron (la venganza). Pero allí donde las mencionadas se asientan sobre narraciones pretéritas y modos de contar y percibir el mundo tan antiguas como el mundo, El ciclo infinito propone otra cosa. Su propuesta es extraña y es incómoda. Se trata, a fin de cuentas, de una película bastante aburrida, densa, desgastante. Y, sin embargo, necesaria. Su objetivo no es entretener, ni deslumbrarnos con imágenes tridimensionales. Su objetivo es misterioso y críptico. Inexplicable, inentendible, fantástico. Y por momentos, por qué no, El ciclo infinito resulta una película divertida, sólo como pueden ser divertidas las escenas surrealistas que también nos llenan de pavor.En suma, se trata de una experiencia cinematográfica extrema, un viaje lisérgico y espacial, futurista y retro, que probablemente pocos disfruten, pero que contiene el potencial de modificar tu enfoque sobre el universo perceptible.

El ciclo infinito (Cycle, Hungría, 2012), de Zoltán Sóstai, 78’.


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