¿Porque una película es una gran película? ¿Qué transforma a una película ordinaria en una película distinta?

La suma de las virtudes técnicas jamás podrían transformar a una película ordinaria en una extraordinaria. Ni los travellings, ni el manejo virtuoso de la cámara podrían hacer de una película que no vale la pena una inolvidable.

La nueva película del mexicano Alfonso Cuarón entre muchas polémicas lleva consigo la más interesante de todas: si es o no una gran película. Para quien escribe estas líneas, Roma se inscribe en cierta tradición de películas políticas en las que la política se observa en la cotidianeidad de sus protagonistas, estableciendo vínculos con obras maestras como Alemania año cero de Roberto Rossellini o Ladrones de bicicletas de Vittorio de Sica.

Filmada con notable maestría por un director ecléctico (hizo su versión de J. K. Rowling con Harry Potter y el prisionero de Azkaban, la oscura Niños del hombre, y la mexicana Y tu mamá también que es la mejor junto a Roma), Roma es un viaje al México de la década del 70 en el que la película narra con profundidad visual cuestiones trascendentes (género, clases sociales) siempre desde el punto de vista de Cleo. Cleo es una de las dos empleadas domésticas de una familia de clase media alta compuesta por una pareja en estado de descomposición con cuatro hijos (tres chicos y una niña), que la propia Cleo se encarga de educar amorosamente casi a la par de la madre. La decisión de centrar el relato en la perspectiva de la empleada doméstica (que es otra de las marcas políticas del film) permite que la película no sea leída como una historia de conciliación de clases, ya que es desde los ojos de la joven y su tragedia individual que podemos rastrear la tragedia colectiva de un país y, porque no, de todo un continente como es el americano a lo largo del siglo XX.

Tanto Cleo como su patrona son abandonadas por los hombres con los que se rodean (sean de la clase social que sean, su ser genérico los iguala y define). La existencia de ambas está definida por el desamparo, lo que a su vez las erige en criaturas heridas por hombres cobardes y abandónicos. La mirada de Cuarón ofrece cierta distancia respecto a esas dos criaturas masculinas sin dios y en ese gesto permite a su vez problematizar toda una época desnaturalizando las relaciones y las tensiones de género que sostienen a la sociedad mexicana desde hace ya medio siglo.

Podríamos pensar entonces que la opresión que sufre la protagonista es múltiple. En relación al género, los padecimientos de Cleo son similares a los que sufre la madre de los cuatro chicos que cuida y cría, pero los padecimientos de esta en tanto empleada doméstica no son solo los que dicta la opresión de género. Cleo también sufre los padecimientos de la “raza” y de la clase social. A pesar de que Roma (así se llama el barrio de clase acomodada en donde viven los protagonistas del film) es una película chiquita (y allí se encuentra parte de su grandeza), la conflictividad social se cuela en el relato desde el fuera de campo y lo impregna de una dimensión política fundamental que permite pensar ese contexto político, social y cultural determinado. Estos fuera de campo irrumpen violentamente cuando la cámara decide observar el comportamiento de los hombres que aparecen afirmando su cobardía, y lo hace también cuando el entorno social se hace presente de modo bestial, dotando de tensión y de conflictividad social a una narración que sin esas sacudidas se podría quedar condenada a trasmitir una mirada deshistorizada de la época.

Filmada en un rotundo y bellísimo blanco y negro, y con una imaginación visual que se utiliza en función del relato y nunca se confunde con virtuosismo estetizante, Roma es una película sobre el amor y el dolor, y en ella sus personajes se redimen desde la entrega hacia el otro. Fue el propio Cuarón quien tomó el timón del relato desde la parte técnica, encargándose de la cámara, la luz y la edición dela película. Cada plano secuencia permite penetrar de modo hipnótico llevando al espectador a sumergirse en las peripecias de Cleo, a la que la interpretación de la debutante Yalitza Aparicio (que no es una actriz profesional) le otorga un riguroso realismo. El rostro de Cleo remite directamente al interior profundo de México y la cámara recorre ese devenir cotidiano reafirmando las distancias irremediables de clase. En este sentido, es representativa la primera escena de la película que registra casi en tiempo real el agua corriendo en una baldosa poniendo en evidencia la repetitiva tarea que realiza Cleo como forma de reproducción y afirmación de su misma posición de clase.

En Roma hay varias escenas de antología que se constituyen en los clímax del film. El intento de compra de una cuna por parte de Cleo y la abuela de los niños mientras el ejército mexicano reprime una manifestación juvenil remite al contexto social del México de inicios de la década del 70 y permite mostrarnos ese universo de sentido y de carencias que atraviesan a las clases populares mexicanas en ese preciso momento histórico. A su vez,todas esas tragedias individuales y sociales son las que encarnan la subjetividad toda de Cleo. A este respecto es interesante observar que Cuarón trata los conflictos de clase o de género sin caer en el efectismo de un denuncismo berreta, sino que problematiza conflictos inherentes a la constitución de las clases sociales o transversales a las mismas (como si la opresión de género pareciera ser lo único que por momentos logra unir a estas mujeres que encarnan rotundas diferencias de clase).

También hay excesos e imperfecciones y, en ese sentido, la escena del parto podríamos pensar que está atravesada por un sadismo inútil que solo sirve para remarcar una marca sacrificial que en el espectador no produce más que perturbación gratuita. Ese momento pareciera caer en la tentación de otro mexicano célebre como es Alejandro González Iñárritu. En tanto la escena final en la playa, en la que Cleo sin saber nadarse sumerge en las aguas para salvar a dos de los niños de la familia -y que para muchos críticos pareciera remitir a cierto idea de conciliación de clases-, a ojos de quien escribe estas líneas implica un encuentro de transitoria y conmovedora belleza  digna del cine de próceres como Ozu o Favio. Esta última escena demuestra que Roma es una película trascendente en la historia del cine latinoamericano en lo que va del siglo XXI, más allá de sus modos de circulación (la película fue estrenada primero en Netflix) o por la proeza técnica de su realizador.Es en definitiva el amor que Cuaróntiene por sus personajes (sean de la clase social que sean) lo que hace de Roma una gran película.

Acá puede leerse otra crítica de la misma película.

Roma (México/Estados Unidos, 2018). Guion y dirección: Alfonso Cuarón. Fotografía: Alfonso Cuarón, Galo Olivares. Edición: Alfonso Cuarón Adam Gough. Elenco: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Nancy García, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta. Duración: 135 Minutos


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