Por Santiago Martínez Cartier


La nueva película de Paul Feig, director de la exitosa Damas en guerra, es una bomba, explosiva e incontrolable. The Heat funciona como un refrito moderno de Starsky & Hutch, exponiendo la evolución de la comedia en el proceso, ya que, por suerte, mucho cambió desde aquellos queridos años ’70. Ahora, más que nunca, el registro cómico aceptado por el mainstream es amplio, permeable y mutante, retroalimentándose con el correr de las películas. Paul Feig lo sabe muy bien y aprovecha esta libertad que hace unos años no existía para seguir llevando las cosas al extremo.


Además del policial televisivo y las buddy movies, la película presenta un balance constante entre dos grandes influencias contemporáneas. Por un lado, la ya célebre nueva comedia americana, tradición en la que destacan los últimos trabajos del director Todd Phillips, con la saga The Hangover a la cabeza. La herencia de la obra de Judd Apatow y compañía aparece en los diálogos, tanto en el contenido como en la importancia que logran dentro de la estructura: diálogos que se caracterizan por una inteligencia burda, y que explotan al máximo las infinitas formas lingüísticas que existen para decir groserías de manera sofisticada y original. Diálogos que Groucho Marx hubiera escrito, sin ruborizarse, después de ver las temporadas completas de South ParkPor otro lado, aparece el humor físico extremo, como clara influencia de Phillips. Este nuevo tipo de slapstick, que por momentos roza el gore, no funciona por extrañamiento y distancia con el espectador, como en el grueso de la comedia. El verosímil de la violencia es realista, la muerte es una posibilidad palpable, y todo está filmado con una increíble crudeza documental, aunque con una pizca absurda en los recursos narrativos y en algunas líneas de diálogo, que le permiten lograr que la muerte de un personaje resulte un gag efectivo.

The Heat, (cuyo título en español, Chicas armadas y peligrosas, justamente atenta contra el sexismo que la película pretende combatir o anular como posibilidad), se encarga de deconstruir todo arquetipo sexista o racial, no por omisión de las diferencias, sino señalándolas y mostrándolas en todas sus variedades. Son capaces de burlarse de un albino, porque tiene cara de villano cuando en realidad es policía, se parodia al jefe de policía latino y a los estereotipos de familias irlandesas de Boston, y el personaje de Melissa McCarthy tiene mucho más levante que el de Sandra Bullock, y no le encajan de pareja a un gordito simpático como en toda otra comedia.

Las mujeres de esta película pueden tener una noche de juerga extrema y no ser juzgadas al respecto, lo que resulta refrescante, y sigue sorprendiendo que lo resulte a esta altura del siglo XXI. Pero bueno, Paul Feig hace películas normales para gente normal. Pero, en algún punto, a ser normal se le empezó a de decir ser progre, y una película que no atenta contra las libertades individuales (éticas y morales) resalta por su extrañeza dentro del montón. Lejos estamos de la era en que reinaba el Código Hays, y sin embargo esa moral cristiana y conservadora sigue rigiendo el sistema de representación más popular de nuestros tiempos.


Por suerte, la nueva comedia americana llegó para quedarse, y comenzó a infiltrarse en el mainstream a tal punto que Sandra Bullock puede protagonizar uno  de sus últimos exponentes, y con grandes resultados. La comedia vive, sigue mutando, y para bien.


Chicas armadas y peligrosas (The Heat, EE.UU, 2013) de Paul Feig, con Melissa McCarthy, Sandra Bullock, Marlon Wayanas, Spoken Reasons, Demián Bichir, Michael McDonald, 117’.


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