Por Luciano Alonso
Aquí pueden leer un texto de Martín Fernández Cruz sobre esta película.

El hombre de los puños de hierro tiene un argumento que gira siempre sobre un mismo eje: la venganza. No obstante, esta venganza no está concentrada en un único personaje, sino en varios y así es como el argumento se vuelve enrevesado y complejo y nos da la sensación de que podría haber sido interminable. Partiendo del rencor heredado y de las historias de venganza, traición y ambiciones y celos entre castas, se pueden realizar infinitas variaciones e historias. En este caso, se trata de varias historias de venganza que comparten todas un mismo escenario y momento histórico común.
Veamos: En la China del siglo XIX, Pueblo de la Selvaes un lugar despiadado, gobernado por varios clanes salvajes que están siempre en guerra. El protagonista y narrador de esta hisotira solo es un herrero. No quiere fabricar armas, pero cumple con estoicismo su trabajo, por amor hacia Lady Seda, trabajadora de la Flor Rosa, el más importante y lujoso de los burdeles. Juntos planean abandonar la ciudad, cuando tengan el dinero suficiente para ello, pero las cosas se complican.
León de Oro, del Clan de los Leones, es llamado al Palacio del Emperador. Le encomiendan la misión de proteger el oro que el Emperador enviará al norte, cuya ruta debe atravezar Pueblo de la Selva. Pero León de Oro muere a manos de León de Plata, uno de sus propios secuaces.

Zen-Yi, el hijo de León de Oro, sólo piensa en vengar la muerte de su padre. Mientras tanto, los nuevos líderes del Clan de los Leonestemen que el Clan de los Lobos les arrebaten el oro que planean apropiarse, así que deberán atacarlos antes. Las armas de un clan y otro son forjadas por el mismo herrero, que no toma partido por nadie y se dedica a cumplir con su trabajo. 
Un día aparece un forastero. Se trata de Jack Knife. En realidad es un emisario del Emperador, aunque aún no lo sepamos. En el pueblo, también arriba Cuerpo de Lata, un mercenario a sueldo, contratado por León de Platapara matar a Zen-Yi. Cuando Cuerpo de Lata y Zen-Yi finalmente se enfrentan, Cuerpo de Lata no consigue matar a Zen-Yi, pero le da una buena paliza. No obstante, Zen-Yi consigue sobrevivir, gracias a la intervención del herrero, quien lo ayuda a esconderse y le da cobijo hasta que se reponga. Según explica él mismo, se siente culpable por haber forjado las armas que mataron al padre de Zen-Yi.
Mientras tanto, el oro arriba a Pueblo de la Selva, custodiado por los implacables guerreros Géminis. No obstante, los Géminis son derrotados por el Clan de los Leones quienes finalmente se quedan con el cargamento de oro. Al investigar la escena en la que se libró la batalla, Jack Knifedescubre que las armas que dieron muerte a los Géminis fueron fabricadas por el herrero.
Los líderes del Clan de los Leones sospechan que el herrero esté ayudando a Zen-Yi y lo torturan para obtener información, arrancándole los brazos. Jack Knife, que estaba siguiendo la pista del herrero, llega justo a tiempo para salvarlo de una muerte segura. Jack Knife y el herrero se hacen amigos. El herrero, entonces, le revela su pasado como esclavo y su azarosa formación espiritual como monje, donde aprendió a realizar hazañas sobrehumanas tras controlar el chi. (Esto es, en la tradición china, un principio activo que forma parte de todo ser vivo y que podría traducirse como «flujo vital de energía»). Gracias a esta formación espiritual es como el herrero consigue manipular los brazos de hierro que ahora reemplazan a sus verdaderos brazos.
León de Plata planea ocultar el oro en el burdel. Sin embargo, las chicas son menos inocentes de lo que parecen. En realidad, planean quedarse con el botín, tras aniquilarlos. Zen-Yi, del todo recuperado, se une a Jack Knifey al herrero y, juntos, toman por asalto al Clan de los Leones en el burdel, donde cada uno podrá concretar su propia venganza.
Y así es como más o menos termina la historia y también termina esta película. Sin que haya  moralejas, ni final feliz. Eso sí, nos queda la sensación de que acabamos de ver una película extrañísima. Ya no por el argumento, que podría ser el de cualquier otra película de Kung-Fu, sino por la puesta en escena y las decisiones estéticas de los realizadores.


Visualmente, la película alterna escenas sobrecargadas de la belleza prehistórica de la antigua china, con imágenes obviamente artificiales, realizadas con sofisticada tecnología digital. Pero lo que más llama la atención es la utilización de la música de Hip Hop que, desde luego, está connotando algo. Más aún, cuando nos enteramos que la película ha sido dirigida por el músico y productor RZA, líder del grupo de rap Wu-Tang Clan. ¿Es que existe un paralelismo entre las consabidas batallas entre raperos y la de los clanes de la antigua china?
Por lo demás, aunque podamos ponernos solemnes a la hora de pensar en la actualidad de las historias de venganza entre castas, me parece que toda la película está realizada con un gran sentido del humor y un evidente gusto por el sinsentido y el ridículo. Acaso su mejor acierto. Aquí ya no importa si la película es realista o convincente. Ni siquiera importa respetar las convenciones de un género dado. De lo que se trata es de apropiarse de diversos géneros, para crear algo singular. Y lo que resulta todavía mejor es que detrás de esta didáctica de la mixtura no hay un homenaje al posmodernismo radical, sino una intención lúdica, una mera predilección por el juego y el gusto y homenaje por lo bizarro.
Podemos compartir la afición de RZA y los suyos por las películas chinas de sopapos, el Kung-Fu, el hip-hop, la mística de los videojuegos, el resplandor real y simbólico del oro y las chicas lindas que además son ninjas, pero también podemos no compartirlo en absoluto. No obstante, se nota que los realizadores están cumpliendo el único imperativo de su propio deseo y gusto y algo de esa satisfacción se trasluce en la pantalla.
Es cosa sabida que existe cierta amistad entre RZA y Quentin Tarantino quien -incluso- llega a presentar la película. Su influencia es notable y aunque por momentos la película llega a confundirse con una obra suya, la verdad es que al final echamos de menos su toque mágico.
El hombre de los puños de hierro (EUA / Hong Kong, 2012), de RZA, c/ RZA, Russell Crowe, Cung Le, Lucy Liu, Andrew Ng, Zhu Zhu, 96’.

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