La 3º edición del Festival de cine 4+1 ya está en marcha. Esta vez las películas se proyectan en la Sala Lugones del Teatro San Martín. La inauguración fue el miércoles con una copia impecable en 35mm de Buenos días, tristeza, de Otto Preminger, que puede verse como una película autónoma tanto como un preludio a Sin aliento, también protagonizada por Jean Seberg, y al cine en colores de Godard. La villa de verano de El desprecio como marco mitológico a los encuentros y desencuentros de personajes ricos, diletantes, atractivos y ociosos tiene un claro antecedente en la que aquí comparten David Niven y Deborah Kerr, entre otros. La incestuosa relación que conduce a la tragedia a estos semidioses modernos es tan ubicua y en cierta medida extemporánea, que hasta se refleja cuarenta años después en Martín (Hache), de Adolfo Aristarian, tanto más sólida cuánto más tiempo pasa.

No le favoreció a esta edición del Mapfre 4+1 la superposición de fechas con el festival de Mar del Plata, pero sucede que afortunadamente cada vez son más los eventos cinematográficos y no hay calendario que alcance para todos. En estos días, sin ir más lejos, también se está desarrollando la 2º edición del festival de cine árabe Latinarab, y próximamente comenzará la 2º edición del BACI, festival de cine regional italiano. Volviendo al 4+1, cuyo nombre se debe a que son cinco las ciudades en que se desarrolla simultáneamente con una de ellas como cabecera, su programación reúne una decena de películas de autor que han recorrido competencias internacionales, muchas de ellas dirigidas por algunos de los más importantes cineastas en actividad. Este año, la edición está dedicada a Werner Herzog, de quien ya se proyectó Into the Abyss y el domingo podrán verse The Wild Blue Yonder y Nosferatu, clausurando el festival. Antes de que eso ocurra, hoy podrá verse La Folie Almayer, de Chantal Ackerman, y The Ballad of Genesis and Lady Jaye, de Marie Losier. 

Mañana sábado irán, entre otras, la penúltima película de Johnnie To y la última de Abel Ferrara. Life Without Principle no es lo que estamos acostumbrados a ver del mago hongkonés, porque aquí cambia todos sus trucos dinámicos de cámara por un cúmulo de líneas narrativas que exigen del espectador una atención casi tan exhaustiva como la que se precisa para seguir la última de Cronenberg. La actual crisis capitalista es seguida por To haciendo eje en un trío de personajes que se ven afectados por la caída de la bolsa. Otra crisis es la de 4:44 Last Day on Earth, de Ferrara, y lo que se acaba en ella no es un sistema sino el planeta. Una pareja espera el fin del mundo en un loft neoyorquino sabiendo la hora precisa en la que sucederá y desesperándose sin sentido épico alguno. Willem Dafoe ya no es siquiera el Cristo demasiado humano de Scorsese y no hay cosmogonía que de sentido a este apocalipsis. 


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