“En un proyecto con escasos recursos humanos y económicos, muchas veces los actores y técnicos cumplen varias funciones: uno de los protagonistas, Diego Sampayo, hizo de director de actores y productor. Las limitaciones económicas se resuelven con mucho trabajo e ingenio”.

 Marcos Palmieri, director de Hotel Infierno.

Tras algo más de tres años de producción independiente y autogestiva, se estrenó en el circuito comercial la ópera prima de Marcos Palmieri, Hotel Infierno, después de casi un año de recorrida por festivales como el Buenos Aires Rojo Sangre, donde obtuvo el segundo lugar en el premio del público, el Mórbido Film Fest de México, y el Festival Internacional de Cine Fantástico de Torremolinos en España, en el que la protagonista María Alejandra Figueroa se llevó una mención a mejor actriz.

Como no podía ser de otra manera: en una noche de tormenta, una pareja llega casi por casualidad al hotel y allí es recibida por Remedios (Figueroa), la misteriosa y ultra religiosa dueña del lugar. Este es apenas el punto de partida, la excusa que dará paso a una historia sobre la que habrá de girar toda la película: la de los hijos de Remedios, una pareja de mellizos adolescentes que, a toda costa, quieren saber qué ha pasado con su padre. Planteado el dilema, aparecen algunos fantasmas, personajes como Gregorio (el jardinero), una pareja de huéspedes, el pasado, el sótano y las sesiones espiritistas, el “libro de mamá” -que además de ultra religiosa tiene su costado brujeril-, las sospechas y, finalmente, la verdad. El peso de la trama se apoya en el muy buen trabajo de Figueroa, aunque a veces las rigideces del guion le quitan fluidez a su perfomance.

Hotel Infierno es una película de interiores, y el edificio en el que transcurre se convierte en el otro gran protagonista. Filmada en lo que fuera la casa de fin de semana de Julio Argentino Roca en Burzaco (locación cedida por la Municipalidad de Almirante Brown que declaró al proyecto cinematográfico de Interés Provincial y Cultural por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires), esta casona de estilo inglés, con ventanas de coloridos vitreaux, grandes ambientes, pisos de mayólicas y sólidas escaleras de madera, logra construir el clima oscuro y opresivo, de misterioso peligro latente tan caro al género. De la misma manera funciona la banda de sonido, aunque en algunos pasajes el subrayado que produce no sea de lo más feliz; sin embargo, todo el resultado es un producto muy disfrutable que, sin dudas, dejará más que conformes a los cultores del terror, sobre todo a aquellos seguidores del terror clásico, aquel de factura artesanal, sin golpes de efectos especiales.

Lo que inicia como otra película de terror sobrenatural deviene, por suerte, en una historia de locura sangrienta hasta los límites más truculentos. Hay que destacar, y en mi caso agradecer, la decisión estilística de no caer en el gore -cosa que perfectamente podría haber pasado, hay muchísimos pasajes que lo permitirían- y dejar al espectador seguir en el devenir de las acciones, que se presentan con toda la crudeza de la locura y la decepción.

Hotel Infierno (Argentina, 2015), de Marcos Palmieri, c/María Alejandra Figueroa, Diego Sampayo, Melisa Fernández, Julio Luparello, Lucía Guzman, Martín Pereyra, Martín Benedettelli y Ximena Fassi, 85′.


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