12304205_793922004087229_5274375536611517681_oUn gusano llamado Néstor, dotado con un olor extremadamente afrodisíaco que transforma en zombies a las mujeres que se frotan con él, escapa de la fábrica de hamburguesas “Mac King” y cae en manos de los protagonistas: Nene (Pablo Milman) y Gordo (El Chicho) dos amigos drogadictos, menemistas, consumidores de prostitución, machistas y misóginos descerebrados. La ausencia de Néstor amenaza el emporio comercial de Alberto Lachota (el sensacional Ramón Caribe) y su fábrica de hamburguesas, como también los intereses de sus secuaces del sindicato (encarnados en el mítico Vic Cicuta, Paul Divano y Julieta Grimaldo) y de sus socios judiocapitalistas, que utilizan la esencia de Néstor para condimentar los mac combos y asegurar así su fortuna.

La palabra “grasa” en Argentina puede ser definida como una ostentación mediocre, adquirida sin recursos intelectuales, una mímesis de la imbecilidad del grueso de la población mas inculta y manejable que absorbe las grandes vertientes de consumo sin cuestionarse nada. En este sentido Grasa tiene absolutamente todo lo que pueda ser considerado grasa: cumbia de matiné, pizza y chandón, vestuarios noventosos, falopa, criminales de todo tipo, armas de todos los calibres, disparos, explosiones, humo, sexo, una abrumadora cantidad de penes, pechos, culos, basura, mierda, sangre, la voz de Marcelo Tinelli, un muñeco del ninja Cato, agentes de M.E.R.C.A, la gloriosa aparición de Jean Claude Van Damme y muchas puteadas delineadas con un hilarante doblaje que resignifica la comedia vista desde la postproducción.

Es imposible ver esta película sin preguntarse hasta donde puede llegar una historia que comienza estableciendo todos los elementos del cine de terror norteamericano y a partir de allí explora todos los quiebres de género para potencialmente convertirse en cualquier cosa. Porque Grasa es justamente una película que se caga en todo, se caga en las feministas, en la política partidaria, en los niños, se caga en la educación, en la democracia y en la ausencia de ella, en el cine pretencioso y, sobre todas las cosas, se caga profundamente en sí misma. Esto es lo que la hace tan valiosa, Grasa es el molesto recuerdo de un pasado auge ficticio, es actualidad pura, una crítica al neoliberalismo que 11096478_703411196471644_2558669355169163127_oimpera en estos días, una hora y media de puro posmodernismo, cargada con un nivel de denuncia que la hace explotar de contenido. Una mezcla entre los gusanos de Cronenberg, las mujeres fetiche de Russ Meyer, las peleas con jump cuts del antiguo Bollywood, los giros dramáticos de Stuart Gordon, la violencia de Lucio Fulci, el cine Z de los 80, el cine para adolescentes de los 90 y el manejo del abuso y el absurdo de Troma, pasando por una combinación de género con antigénero llena de flatulencias, desgracias espectaculares, mucho alcohol y masivas cantidades de drogas. Tiene todo lo que a uno no le enseñan ni en la universidad ni en las salas de cine, pero que está ahí, sentado junto a uno en forma de anillos brillantes, extensiones capilares, celulares con marcha, comentarios innecesarios o predilecciones por cines matacerebros, todo eso que está afuera en la calle junto a los que estacionan donde les pinta, los que respetan el cordón amarillo y las viejas conchetas que se quejan de todo menos de lo importante,

Esta película codirigida por Pablo Parés y Pablo Marini no le conviene a nadie. Ni a los padres de los espectadores, ni a sus hijos, ni al Estado, ni a ningún tipo de fundación o empresa con o sin fines de lucro. Sólo sirve para quienes sepan ver en ella la poesía original que compone por sí misma corporizándose con todo eso que nos rodea y que se define, en una palabra, como grasa, una percepción del mundo que gratifica al mismo tiempo que horroriza, escandaliza, produce carcajadas demenciales, llanto y pesadillas mojadas.

Grasa circula por el under y se hacen proyecciones en diferentes teatros en estos momentos. Es muy efectiva para resacosos, pasados de rosca, gedientos e intelectos críticos con el pecho frío.

Grasa (Argentina, 2015), de Pablo Pares y Pablo Marini, c/Pablo Milma, Ramón Caribe, Vic Cicuta, Paul Divano y Julieta Grimaldo


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