Como sucede con las estrellas, que uno las sigue viendo incluso aún después de haberse extinguido, The New Mutants (Josh Boone, 2020) se presenta ante nuestros ojos desde el más allá a donde la franquicia de Fox se haya ido después de que Disney comprara el estudio. Como una película fantasma, atrapada en el limbo que ahora Disney brandea como Marvel Legacy, después de tres años de patear el estreno por diversos motivos, los X-Men tienen una coda fuera de tiempo, demasiado intrascendente y, sobre todo,desangelada.Aunque superior a los bodrios de X-Men: Apocalypse (Bryan Singer, 2016) y Dark Phoenix (Simon Kinberg, 2019), la película termina siendo más interesante por lo que la rodea, es decir que esmejor por su contexto que por su contenido.

La trama en sí es simple: un establecimiento tiene confinado a un grupo muy reducido de mutantes jóvenes, cuyos poderes son un riesgo para sí mismos y para otros. De hecho, todos han asesinado voluntaria o involuntariamente a familiares o allegados. Ellos creen que están siendo rehabilitados y testeados para ser futuros X-Men, pero a partir de la llegada de Dani (BluHunt) -la única cuyos poderes aún son desconocidos- la cosa empieza a complicarse. Todos tienen pesadillas extrañas y sus temores y culpas empiezan a manifestarse en la realidad. Finalmente, la Dra. Cecilia Reyes (Alice Braga) recibe órdenes de sus superiores de poner fin a la vida de Dani, ya que su poder es demasiado inestable, y ahí en cuando los chicos comprenden que la instalación es parte de un programa para volverlos asesinos y no superhéroes. La empresa detrás de esto es Essex Corp., vinculada al programa Weapon-X, ya ampliamente conocido en la franquicia mutante.

Si bien la historia toma principalmente elementos de lo que se conoce como “The Demon Bear Saga”, no logra equiparar el tono particularmente surrealista, expresivo y oscuro de esos números de “The New Mutants”, posiblemente los mejores, escritos por Chris Claremont y dibujados por – la verdadera estrella de todo esto – Bill Sienkiewicz. Boone decide superponer la conocida fábula de los dos lobos al oso de Claremont, en un intento de simplificar su origen, pero al mismo tiempo despojándolo de su originalidad. El efecto contrario sucede con el personaje más logrado de la película, Illyana Rasputin (Anya Taylor-Joy), cuyo origen implicaba dimensiones paralelas, magia, demonios, espadas y saltos temporales. En la película, encuentra un trasfondo de abuso -ya sugerido en los cómics- que presenta con mayor claridad al personaje. Es posible que el carisma arrasador de nuestra mitad-compatriota Taylor-Joy sea parte de este logro, pero aún así sus poderes se presentan algo arbitrarios y confusos en la adaptación. Con cierto esfuerzo uno puede suponer que son casi los mismos que los de Dani, pero con mayor control. El Limbo pasa a ser una creación propia de Illyana y ya no una dimensión paralela, donde puede teletransportarse e incluso darle vida al dragoncito Lockheed.  Sus abusadores, a quienes mató, reaparecen convertidos en figuras monstruosas, así como la novia que Roberto (Henry Saga) incineró mientras tenían relaciones. En el caso de Rahne (Maisie Williams), cuya habilidad de convertirse en lobo en medio de una comunidad hiper religiosa la llevó a matar al reverendo que la marcó como bruja al descubrir su “pecaminoso” poder, el muerto se manifiesta como culpa y miedo, pero también como autoridad indestructible, monstruosa, que viene a marcarla una vez más. Y claro, la manifestación del Oso de Dani, la más peligrosa de todos.

El asunto es que todos ellos –menos Dani, aparentemente incontrolable-tienen el potencial de ser asesinos sumisos, agentes de un sistema que busca explotar sus habilidades, convirtiendo su individualidad en un arma.Y es en este punto donde la película nuclea tanto su oportunidad más grande pero también su mayor desequilibrio. Porque los X-Men nacieron desde esa misma idea, como una metáfora de de la pubertad, del adolescente que no encuentra su lugar y se siente excluido, de la marginación como factor de unión. No será hasta 1990 que la metodología del Profesor X de entrenar jóvenes para ser paramilitares en función de su visión sería puesta en duda por el gran Barry Windsor-Smith en la miniserie Weapon-X. Allí no solo se cuenta cómo Wolverine fue sometido al tortuoso experimento que recubrió su esqueleto de adamantium, sino que varios elementos (el casco que remite a Cyclops, el líder calvo del experimento referido sólo como “Profesor”, por nombrar dos) terminan por sugerir que el fin no justifica los medios, que un sueño de paz puede convertir a las personas en armas. Esta idea se encuentra en el corazón de The New Mutants, haciendo también un paralelismo entre el Profesor y Essex (es decir, Mr. Sinister), un paralelismo interesante que ha surgido más de una vez en la historieta, pero que en la película no deja de operar de forma lavada, demasiado sutil, sin la potencia necesaria para un final de toda la serie. Pero claro, no es del todo una responsabilidad de la película en sí sino de sus circunstancias.

Irónicamente, sí hay una casualidad que recae sobre The New Mutants, dándole a la experiencia completa de la saga mutante en Fox una suerte de efecto cíclico inesperado.Esto se debe al parecido que comparte, en muchos aspectos, con la primera película mutante. Y no, no hablo de la primera X-Men (Bryan Singer, 2000), sino de una anterior, una que no vio nadie y que siquiera nació como película ni tampoco se estrenó en ningún cine. Hablo de Generation-X (Jack Sholder, 1996), piloto de televisión fallido (o, más bien, intento de serie de especiales de TV) que terminó por convertirse en un telefilm único de Fox, basado en la historieta homónima creada en 1994 por Scott Lobdell y Chris Bachalo. La premisa de ambas versiones era simple, una nueva generación de mutantes entrenaba y estudiaba para aprender a controlar sus poderes dentro del Instituto Xavier, con la posibilidad de-algún día y si así lo quisieran – convertirse en X-Men. Por supuesto, Generation-X era la versión noventera de los ochentosos New Mutants.

El telefilm Generation X, que preanuncia en cierta forma el estilo de la serie de Buffy, theVampire Slayer (JossWhedon, 1997), serie que los personajes de TheNew Mutants ven al menos en dos escenas de la película, presenta simultáneamente el punto de vista de una no-asiática Jubilee (HeatherMcComb) y de Skin (AgustinRodriguez), quienes llegan al Instituto Xavier tras ser perseguidos por la comunidad por ser mutantes. Al principio, los otros alumnos los rechazan, sobre todo la superpoderosa M (Amarilis) -que funciona de la misma forma que la Illyanade Taylor-Joy-ya que ninguno termina de llevarse bien entre sí, siendo apenas un puñado en una escuela enorme. Finalmente, una misión los va a llevar a un mundo onírico contra Max Headroom y, más allá de establecer los personajes, la historia no termina de cerrar más que para establecer un mundo que nunca va a terminar de desarrollarse, salvo por las películas que vendrán después. Exactamente la misma sensación que genera The New Mutantsluego de veintiséis años. Solo que fue este piloto/telefilm lo que le permitió a Fox descubrir que una versión cinematográfica de los X-Men podía funcionar. Y ahora se nos presenta, desde el olvido, una pequeña pero significativa subversión de ese telefilm.

También hay que mencionar, y esto es un asunto de realización, que The New Mutants nunca deja de sentirse como un piloto de serie.Igualmente, terror, drama adolescente y superhéroes siempre andan y, en este caso, la fusión- aunque no es del todo exitosa ni tan novedosa como puede sonar- tiene cierto encanto nostálgico. Y aunque los tres géneros estén lavadísimos y la película no busque más que funcionar como un guiño al pasado, sin escapar de las fórmulas y los arquetipos, es posible que vaya ganando un pequeño aprecio con el tiempo, algo de culto. Porque no deja de ser chiquita y querible, más si la ve un adolescente. Y sabiendo que no hay más mutantes de Fox (ni Fox) gana algo de gracia extra, como ver algo que ya no está, como una aparición melancólica, algo de fin de la infancia, una elegía mutante.

¿Quién sabe? A lo mejor Disney/Marvel los traigan nuevamente de ese limbo en el que se quedaron. En Ondemand les está yendo bárbaro, pese a las críticas negativas. Y no hay que olvidar que los mutantes, después de todo, siempre fueron marginados, odiados, segregados. La marginalidad siempre fue su fuerte, no su debilidad.

Calificación: 6/10

The New Mutants (Estados Unidos, 2020). Dirección: Josh Boone. Guion: Josh Boone, Knate Lee. Fotografía: Peter Deming. Montaje: Andrew Buckland, Matthew Rundell, Robb Sullivan. Elenco: Maise Williams, Anya Taylor-Joy, Charlei Heaton, alice Braga, Blu Hunt, Henry Zaga. Duración: 94 minutos.


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