Si eres capaz de hablar sin parar,

al final te saldrá algo gracioso, brillante e inteligente.

Groucho Marx.

Los Bestie Boys y Spike Jonze ponen en pantalla Beastie Boys Story, una película que funciona a varios niveles, con resultados bastantes desparejos. Relato de ascenso, caída, anécdotas suculentas, alejamientos, reuniones, revelaciones y mucha experimentación musical.

Jonze no es el tipo de realizador que me interese al momento de repasar su obra. El ladrón de orquídeas, en su momento, me pareció divertida, sentía que buscaba y encontraba ese tono abstracto que en ¿Quieres ser John Malkovich? resultaba pretencioso y fallido, pese a haberse convertido en una especie de boom de cinéfilos y allegados. Her tenía una carga estética algo impostada. Y después están los videoclips que, al repasarlos, descubro varios de mis preferidos, pero nunca me parecieron comparables con un largo o con un disco.

Las ideas y la madurez de poder reconocer sus limitaciones, inclusive en sus comienzos, les alcanzaron a Michael Diamond, Adam Horovitz y Adam Yautch para convertirse en los Bestie Boys y en 1986, de la mano de su primer disco con un sonido novedoso y un sentido del humor inédito en la historia del rock, se convirtieron en una de las bandas más escuchadas del planeta de la mano de «Fight For Your Right (To Party)» y «No Sleep Till Brooklyn». La mezcla  entre rap y el rock los convirtió en una banda única, los distinguía porque en esos años el rap no era material popular fuera de los EEUU. Contaron con la ayuda de MTV y con la producción del inefable Rick Rubin, una especie de cuarto miembro en esos inicios, y acaso el último productor importante de la historia del rock, con una lista de discos extraordinarios. Se merece un documental que espero con ganas.

La película es, en primer lugar, un homenaje a Adam Yauch, alias MCA, fallecido en el 2012, hecho que marca el final de la banda. También es el recuerdo de una banda de hardcore de Nueva York que trepó a la cima de los rankings mundiales sin saber muy bien lo que estaba haciendo, pero con muchas de ganas de concebir, de construir música. En definitiva, un viaje musical, emocional y valioso de treinta y cinco años

Con una serie de tres presentaciones en un teatro de Brooklyn tanto Ad-Rock (Horovitz) como Mike D (Diamond) relatan el camino de la banda desde los inicios, narración que entrega algunos momentos deliciosos porque altera el punto de vista autobiográfico convencional para que podamos asistir a algunos intersticios de su obra, su recorrido y algunos personajes no tan conocidos. por los menos para el gran público. La puesta tipo stand up a varias cámaras, sin incluir entrevistas (punto a favor), con planos al público riendo, excitado y mirando conmovido, resulta un tanto haragana para lo que el trío de Brooklyn se merece. Ya desde los inicio sabemos que la representación es muy básica, claramente ayudada por las proyecciones de fondo y la música a volumen de concierto, que ofrecen un poco de adrenalina a la ceremonia, y a la película.

Después de su debut discográfico con Licenseto III, un suceso enorme e inesperado, llegaron la quiebra económica, un disco fallido comercialmente, un especie de impasse largo, y luego la vuelta, con más ideas, para demandar el lugar en la historia del rock que supieron conseguir. Si hay algo que caracterizó a la banda desde sus inicios es el humor, la idea de reírse de sí mismos y no tomarse muy en serio, algo que ellos reconocen y se ocupan de afirmar: cómo se basaron en la publicidad de una heladería para componer, o la singular influencia de The Clash; así de abundante es el mundo de B.B. Siempre estuvieron mucho más cerca de Spinal Tap que de cualquier otra banda de rock, lo que siempre los llevó a otro nivel. De hecho la altura de autoconciencia también le hace muy bien a proyectos de alguna manera experimentales y, sobre todo, osados.

Beastie Boys Story se detiene bastante en el germen hardcore de la banda y en ese primer long play, en cómo los envió directamente a la cima del mundo del rock, en esos videoclips totalmente novedosos para la época y en la mixtura entre el incipiente rap, el rock e inclusive el heavy metal. En sus inicios sobre loops de vinilos de Led Zepellin y Sly & the Family Stone. O en la charla con Bob Dylan, cuando idearon un festival a favor del tabaco. Y en cómo su primer hit mundial era en contra de las fraternidades universitarias y se terminaron convirtiendo en una de ellas. Ahí está el germen de la comedia, la falta de miedo al ridículo, a lo risible. La adoración festiva y sin temor al entretenimiento, a un tono ligero y elemental. Cimentada en el libro Bestie Boys Book del 2018, la película de Jonze, en realidad, contienen una visión periférica de ellos mismos que, con perspectiva y tiempo, es un grandísimo paso de comedia, porque no se ruborizan en reconocer como están constituidos de aciertos y estupideces, la combustión que los moviliza.

Beastie Boys fue siempre una banda con ideas realmente originales y fue desplegando a lo largo de sus discos un notable perfeccionamiento, un juicio asombroso de su potencial que definió un carácter propio. Ese carácter se materializó como marca registrada en Comunication III (1994), su segundo n° 1 en las listas, una década después de su debut, el disco definitivo que combina sus facultades conocidas y varias delicadezas funk, con inserts del punk/hardcore de sus inicios y una factura instrumental densa, pensada y pulida. Sure Shot se reveló como uno de los comienzos de disco más reconocibles de la historia del rock, un riff con flauta traversa (en una década plagada de guitarras) que se pega a un contrabajo y a mucho grano/fritura mono -todo bien analógico-, donde se chocan con las proporciones definitivas de sus virtudes, con un sonido que nos deja un fresco de mediados de los noventas y un recorrido variopinto sobre Nueva York y sus resonancias. Varios extractos de zapadas de un minuto y pico más el hit aplanadora: Sabotage, riff de bajo fuzziado que encuentra su estrado en la historia del rock con Root Down y funciona como una síntesis perfecta de su condición musical y lucidez resplandeciente. También destaca Sabrosa, un track instrumental con gusto a setentas, con contrabajo, whawha y órgano Hamonnd, con percusión de espíritu algo latino y muchos acordes disminuidos en un neblinoso collage de rap y jazz. Casi sin silencios entre las canciones y sonidos disonantes, Comunication III era una novedad vanguardista en el 94, veinte tracks que te cachetean inclusive 26 años después.

Spike Jonze, colaborador de la banda en varios pasajes de su trayectoria (inclusive en aquel famoso y popular videoclip Sabotage, que tiene un momento muy divertido dentro de la película), es un realizador con no muchas ideas y algunos falsos hits, incluso bastante accidentados. Beastie Boys Story, si bien por momentos se torna muy elemental, consigue profundizar en los cambios que sufrieron los integrantes de la banda y la forma de su música, desde Nueva York a su etapa en Los Angeles, siempre en primera persona, con humor y autocrítica y líneas muy emotivas que logran recorrer y hasta descifrar, desde el presente, los méritos de su persistente reinvención por más de treinta años.

Disfrutable por el propio peso de su obra y un recorrido viboreante por la historia de su rock, Bestie Boys Story se propone como un recorrido de la historia de los tres de Brooklyn, ya veteranos leyendo desde un telepronter o llorando de forma extraña la partida de su compañero. Una intriga: ¿Por qué en la película se visten como CEOS progres de un grupo empresario?

Beastie Boys Story (Estados Unidos, 2020). Dirección: Spike Jonze. Guion: Adam Horovitz, Mike D., Spike Jonze. Fotografía: Autumn Durald. Montaje: Jeff Buchanan, Zoe Schack. Duración: 119 minutos. Disponible en Apple TV+.

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